Héctor Carrizo
Héctor Carrizo

Héctor Carrizo

Por Héctor Carrizo
Decíamos que las palabras revelan  y relevan el sentido del pensamiento y las emociones. Ponen de manifiesto la visión que las personas tienen de las cosas, de las otras personas y de sí mismas.

Por Héctor Carrizo
Cuando a diario se convive codo a codo con una persona, nadie dudaría en desear que tal persona, pese a cualquier diferencia, contribuya al menos en crear un ambiente de tranquilidad y equilibrio en la mutua relación.

Por Héctor Carrizo
Decíamos que la “scholé” griega, de donde provendría, al menos en su raíz idiomática, la palabra “escuela” en español, era el ámbito instituido por los antiguos en donde los “ciudadanos” encontraban el lugar apropiado para ejercer su libertad de expresión,  con todas las garantías para exponer ideas, preocupaciones, noticias, aspiraciones y también críticas al régimen gobernante y a las autoridades, sin que por ello estuvieran sometidos a castigos, enconos, agresiones, aislamientos o exclusiones.

Por Héctor Carrizo
Convocarse. Unas de las pasiones humanas es reunirse. Compartir, transferir, poner en común, hacerse presente. Casi es una exigencia que brota de lo más profundo de uno mismo: “que me tomen en cuenta”.

Por Héctor Carrizo
Los libros viven, nunca mueren. Frente a la congoja por la desaparición de un autor, su latido es captado intacto en cada página de sus libros. Los libros son eternos.

Por Héctor Carrizo
Conocer la verdad. Quienes estudian o dicen conocer los sentimientos profundos del ser humano, aseguran que existe un deseo intenso, un impulso irrefrenable, una “pasión incontenible”, si se quiere: saber la verdad.

Por Héctor Carrizo
Decadencia educativa? La educación argentina hecha añicos. Caída a pico, irrefrenable. Y de esto, hace varios decenios.

Por Héctor Carrizo*
Casi con infalibilidad dogmática, los argentinos  padecen cada año la acerba pugna entre los vitalicios conductores gremiales y las transitorias autoridades educativas.