08 Abril 2016

Futuro cierto

Por Carlos Almeida
Aunque me cueste, al menos en el caso que nos ocupa, voy a tratar de ser ecuánime. Aclaro esto, ya que nunca creí en la objetividad, uno siempre se expresa desde algún lado. Escribe, habla, expone parado o aquí o allá. La objetividad es algo reservado a algunos informes policiales que dan cuenta de accidentes, crímenes y demás.

Ni siquiera el informe de un perito de una compañía de seguros -por ejemplo en el caso de un siniestro automovilístico- es neutral. Sin embargo, si se puede tratar de ser ecuánime, de plantear la cosa con un cierto sentido de justicia.

Dicho esto, vamos a lo que quiero decir, escribir, exponer.

Mauricio Macri ya sabe que no le va a ir bien durante lo que dure su gobierno. Lo sabe él y sus funcionarios, así como algunos gobernadores/as que lo apoyaron al inicio de su gestión. Digo inicio, porque su final puede estar más cerca de lo que parece.

Varias hechos en los últimos días muestran a las claras que MM y su gobierno son incapaces de guiar este barco y llevarlo a buen puerto.

Ni el capitán, ni los oficiales ni la tripulación están a la altura de las circunstancias. Creyeron que podían guiar un carguerito por las aguas mansas de un lago y resulta que se dieron cuenta que se subieron a un portacontenedores de 100.000 toneladas cargado hasta más no poder y que  navega en los 50 rugientes*, con viento de frente y olas de 15 metros.

Como si eso fuera poco, se está quedando sin timón, tiene poco combustible y las provisiones se agotan antes de lo previsto, Complicado el panorama para el Capitán MM y su gente.

Lo grave del caso, es que el timonel (MM) es porfiado como gallo comiendo tripa y en vez de capear el temporal, pone el barco de cola al viento, lo cual puede provocar una vuelta de campana, arrastrando al fondo a todo el mundo.

Además de no tener pericia para navegar en aguas bravas, es suicida. Su piloto ecuatoriano le dijo que evitara algunas maniobras riesgosas, y no le hizo caso. Se están viendo las consecuencias.

Como si eso fuera poco, mucha de la gente que decía que quería que "le vaya bien, porque así le va a ir bien a la Argentina", están empezando a revisar su posición.

Gente que lo ha votado, que sinceramente creyó que era necesario un cambio. No hablo de los otros, de quienes lo eligieron por revanchismo o por frustraciones varias, proyectando situaciones personales y encarnando su odio hacia una persona o hacia una serie de medidas que hicieron que mucha gente recuperara su dignidad.

Eso es otra cuestión, que seguramente trataremos otro día. Volvamos a los votantes que pedían un cambio... pero no este cambio.

Estos se dieron cuenta en poco tiempo que el cambio que quiere implementar Macri, genera más desigualdad, exclusión e injusticias. Que favorece a una pequeña porción de la sociedad, que en realidad siempre quiso permanecer al margen de ella.

Algo así como: "Aquí estamos nosotros, con nuestras prerrogativas, privilegios y derechos divinos y allá están los demás, la plebe, con sus obligaciones... y ni se les ocurra querer subir un peldaño más de lo permitido porque los sacamos a sablazos”. Macri encarna eso, esa pequeña parte de la población que no forma, ni se siente, parte del pueblo argentino. Que ni siquiera tiene la honestidad de decirlo.

Mienten. Te prometen pobreza cero, generando decenas de miles de despidos, escalada de precios, subas de tarifas en los servicios públicos, recortes en el PAMI y otras lindezas por el estilo. ¿Cómo quieren llegar a ese objetivo haciendo eso? Pavada de contradicción.

Por otra parte, además de prometer para adentro cosas que no puede cumplir, se compromete para afuera - con los buitres por ejemplo - sabiendo que tampoco va a poder hacerlo.

Esto lo confesó Alfonso (a) el Pizzero Prat-Gay hace unos días, reconociendo que no llegaba al 14 de abril para pagar lo convenido. ¿Y por qué el ex-golden boy de la JP Morgan no llega? Por que los bancos prestamistas (HSBC, JP Morgan, Citibank, Deutsche Bank, UBS y otros buenos muchachos) le pusieron condiciones más que leoninas para prestarle plata.... condiciones que modificaron DESPUÉS del compromiso con Griesa. Alfonso está en el horno y con él todo el andamiaje creado para sostener un plan de gobierno que apenas asumió comenzó a resquebrajarse, cuando los agroexportadores decidieron que no iban a liquidar las cosechas, manteniendo la sequía de dólares. El "craquelé" continuó profundizándose.

En el frente sindical también se les va poniendo espeso el guiso, al punto de volverse indigesto. Los cambios en el impuestos a las ganancias no fueron los esperados y la presión de las bases frente a los despidos y al bajo rendimiento de sus dirigentes en las negociaciones paritarias pone nerviosos a los trabajadores que ven como van perdiendo poder adquisitivo ante la suba de tarifas, la escalada de precios y la falta de respuesta contundente que deberían dar las cúpulas.

Es muy posible que en las próximas semanas, las bases superen a las cabezas. Una muestra de eso es la vuelta de la carpa blanca docente.

Las maniobras distractivas, ya no surten el mismo efecto, sobre todo cuando algunos alfiles clarinistas, jugando el doble juego de Magnetto, lo tienen en un tira y afloje perverso.

Nelson Castro y Jorge Lanata se hacen cargo de la embestida, mientras que los demás, tratan de tapar el sol con la mano. En el Congreso, el ridículo tiene nombre: El bloque Justicialista, encabezado por Diego Bossio, salió a sostener con sus votos que no se le pidieran explicaciones sobre sus participación en sociedades off-shore, opacando así, su rol.

En claro, el panorama no es para nada alentador y se avecinan tiempos aún más difíciles. La situación no es la misma de 2001, sonde los argentinos ya veníamos golpeados por diez años de menemato y dos años del gobierno errático de la Alianza.

En estos últimos años, muchos naturalizaron el hecho que su esfuerzo valía la pena… y se lo atribuyeron solo al esfuerzo propio, sin tener en cuenta que había que agregar una serie de políticas de Estado que acompañaban –cuando no impulsaban– ese esfuerzo.

Cambiemos vino justamente a cambiar eso. Como bien lo dijo María Eugenia Vidal la noche de la elección, en un lapsus, que no fue tanto, ya que encerraba una verdad.

“Vinimos a cambiar pasado por futuro”. Y el retroceso es cruel.

 

* Vientos huracanados en el Atlántico Sur, a la altura del paralelo 50 Sur.