15 Noviembre 2016

Inflación y políticas públicas

Por Carlos Almeida
La inflación no es una regla matemática, ni una receta de cocina. Es mentira, por ejemplo, que la emisión por si sola aumenta la inflación.

Los EEUU triplicaron su emisión desde 2008 hasta 2010 y eso no generó ni aumento de precios desmedidos y mucho menos inflación. El Reino Unido, quintuplicó la masa monetaria en pocos años y eso no tuvo un efecto regresivo sobre su economía.

Los ejemplos abundan, sobre todo en el mal llamado “Primer Mundo”. Uno de los principales aspectos de la generación de la inflación es la expectativa. Criterio subjetivo si los hay.

Es la expectativa, el “por las dudas”, lo que hace que los precios suban. Es importante distinguir índice de precios e inflación.

Son dos cosas totalmente diferentes que habitualmente se confunden. La consecuencia más visible de la inflación es la disminución del poder adquisitivo de la moneda.

Así por ejemplo, cuando los aumentos de precios en un año alcanzan un 30%, pero los incrementos salariales por paritarias son del 32%, en realidad lo que ha sucedido es que el poder de compra creció en un 2%.

Por el contrario, cuando ese aumento de precios es de un 40%, pero el promedio de los incrementos salariales es del 30%, se pierden 10 puntos porcentuales de poder adquisitivo.

Cualquier semejanza con la realidad que hemos vivido y la que vivimos, no es casualidad. Los errores cometidos por el actual gobierno, que ponen nerviosos hasta a los más conspicuos defensores del neoliberalismo, llevan a la Argentina a una crisis aún más profunda que la de diciembre de 2001.

Y no es haciendo una huerta donde estuvo el helipuerto de la Casa Rosada que se alejan los fantasmas.

 

La incapacidad de comprender los mecanismos del Estado, queriendo aplicar recetas empresariales para dirigirlo, mostraron sus límites en poco tiempo.

 

Así todo, Mauricio Macri y su gabinete, formado esencialmente por personas extraídas del mundo empresarial (presidentes de empresas, gerentes, cuadros jerárquicos) no llegan a dilucidar qué es lo que tienen que hacer, son inhábiles para aplicar políticas porque ignoran lo que significa ese término.

Como para ellos la política es una mala palabra, pretenden aplicar fórmulas matemáticas, supuestamente perfectas, plasmadas en planillas de cálculo en la cuales el resultado siempre es el ideal.

Olvidan que el factor humano no tiene casillero en las planillas y que cada decisión que toman afecta la vida de millones de personas, en todos los sentidos, no solamente en el aspecto económico.

El nivel y el ritmo del endeudamiento afectan actualmente al consumo y al empleo. Por otra parte compromete seriamente el futuro del país, generando tensiones que ensombrecen los futuros. El próximo y el mediato.

A esto se agrega la destrucción del sector productivo, especialmente en el segmento de las pequeñas y medianas empresas, que representan una gran parte de los empleos que se han ido perdiendo en los últimos meses.

Un sector particularmente afectado es el turismo, que ha visto decrecer de manera dramática sus ingresos, fundamentalmente el turismo interno. Se han perdido miles de puestos de trabajo en este sector que contribuye con casi un 8% al PBI, sin contar las actividades y empleos indirectos, que han hecho resurgir a cientos de pueblos y ciudades del país. Es solo un ejemplo.

Amplios sectores productivos están siendo devastados. Es ilusorio creer  que a pesar de las señales negativas, que se suceden a diario, el gobierno de Cambiemos modifique su política económica.

Uno de los aspectos nodales de la política de Cambiemos es la necesidad de contar con una cantidad de desocupados que les permita tener una reserva de mano de obra barata que haga “competitiva”  a la economía.

En ningún lugar y en ningún momento de la historia este esquema tuvo éxito. Planchar el consumo ha sido tal vez uno de los más grades desaciertos del  macrismo.

Gracias a la promoción del consumo se habían creado en nuestro país cientos de miles de puestos de trabajo genuinos. La producción en general aumentó considerablemente, generando así una cadena virtuosa que permitió a esas personas acceder a bienes y servicios que en un pasado les estuvieron vedados.

El formidable impulso dado a la Educación Pública posibilitó que millones de jóvenes pudiesen terminar sus estudios secundarios y llegar a la universidad. Con la inauguración de universidades nacionales en todo el territorio se facilitó el acceso a personas que hasta no hace muchos años debían efectuar largos trayectos para poder estudiar.

El tratamiento dado a la mal llamada clase pasiva –que encontró una vitalidad maravillosa en estos últimos años, después de décadas de postergación- fue el más importante desde la generalización de las jubilaciones en la década del 40.

El reconocimiento de una vida de trabajo a quienes fueron robados durante años y a quienes ofrendaron su esfuerzo para mantener un hogar (la conocida popularmente como la “jubilación de amas de casa”) permitió llegar a cubrir previsionalmente a un 97% de los habitantes de la Argentina en edad de jubilarse.

La Asignación Universal por Hijo, denostada más por reacción y por desconocimiento que por otra cosa, permitió establecer un mapa del estado de salud y del nivel de instrucción que no existía antes, permitiendo así diseñar y aplicar políticas públicas específicas y orientadas.

Ese es el aspecto importante de la AUH, no el dinero distribuido, que dicho sea de paso es mucho menos que en otros lugares del mundo.

Quedan seguramente muchas cosas en el tintero: Los nuevos DNI y pasaportes, que terminaron con el calvario que significaba tramitarlos, los transportes, las obras de infraestructura y como dice Alejandro Barrios, un economista de una humanidad impresionante (una “rara avis”) “un ETC como de dos cuadras”.

El contexto internacional ha cambiado profundamente y lo seguirá haciendo en un futuro próximo.

Se me permitirá dudar de la capacidad del gobierno macrista de poder leer esta realidad.

Siguen en una nube, pensando que con recursos de imagen y marketing pueden condicionar la situación, incurriendo en errores que en definitiva, cuestan vidas.