07 Enero 2017

A Manolito, que cuenta con los dedos, no le cierran los números

Por Carlos Almeida
El entrañable personaje de Quino, Manolito, hijo del almacenero que sueña con una cadena de supermercados, por más que ha gastado varios lápices, de esos que se pone en la oreja, no le dan las cuentas.

Ha gastado cientos de anotadores y nada. No hay caso, hace un año que no le dan.

Y Manolito llegó a la misma conclusión que muchos economistas serios: Como se presenta la cosa, es insostenible el planteo fiscal, financiero y cambiario de la gestión de Cambiemos. Más allá de la renovación de caras y del discurso que intentan desde estos inicios de 2017.

En realidad estos muchachos de Cambiemos no descollan por su originalidad, ni por encontrar soluciones imaginativas y mucho menos por su audacia. Brillan por su mediocridad.

Se aferran a las recetas de la ortodoxia económica, que nunca funcionaron, en ninguna parte y que nunca fueron aplicadas en los países en donde se originaron.

Son recetas buenas para experimentar en países como el nuestro, porque en realidad sirven para esquilmarlos.

Juan Perón apelaba a una frase recurrente: “Entre gitanos no nos vamos a adivinar la suerte”, justamente lo que quieren hacer desde el gobierno de Cambiemos.

 

Nos quieren vender algo incomprable.  Lo peor de todos es que hay personas qu equieren comprarlo!

 

Lo hicieron desde el comienzo, con una perversa alquimia: una mezcla explosiva para cualquier economía: devaluación más la quita o reducción de las retenciones a los grandes productores y exportadores de cereales, y a las empresas mineras.

En ese caldero infame, al poco tiempo agregaron las LEBAC, con un interés que hacía delirar a los especuladores (llegó al 38%). Para completar el caldo las grandes empresas, sobre todos las alimenticias, aumentaron sus precios un promedio del 50%.

La primera consecuencia visible fue un zarandeo en forma a la población, sobre todo la de menores recursos, que gasta casi el 60% de sus ingresos en alimentos.

Si agregamos a eso la suba brutal de los medicamentos y de las tarifas de los servicios como electricidad, gas, teléfono y combustibles, se obtiene un mejunje que en cualquier momento estalla.

Lo peor de todo es que estos pibes de Cambiemos se van a preguntar por qué estalló todo. Manolito sigue sacando cuentas y se percata que el PBI cayó alrededor de un 3%, que se perdió riqueza por un valor equivalente a no menos de 16.500 millones de dólares. Eso le hace parar los pelos de la nuca.

A ese ritmo su almacén se hunde en poco tiempo y el progreso que venía experimentando desde hace 2003 y que le permitieron agrandar el boliche hasta convertirlo en el mejor autoservicio del barrio, abrir una sucursal y empezar a acariciar el sueño de una cadena, se esfuma.

Nicolás Maquiavelo, a quien más de uno tendría que leer antes de usar su nombre sin saber de quién está hablando, decía que cuando un príncipe depende más de la voluntad de los otros que de su propia fuerza, tarde o temprano pierde su reino.

Sostiene Nicolás que la rapacidad de los que depende los forzará a tomar decisiones cada vez más comprometidas y a favor de los más ricos y poderosos, generando descontento en el pueblo y dependencia.

Hasta que los ricos y poderosos que lo llevaron al poder no le brinden más sus sostén y para seguir conservando sus privilegios, o salvar parte de ellos, lo tiren a los leones, para calmar la ira del pueblo.

Lo peor de todo, es que Manolito, los votó, y ahora quisiera que lo tiraran a los leones, pero no se anima a decirlo y para no perder su imagen, negocia con su dignidad.