24 Enero 2017

¿Qué es en realidad el Ingreso Universal?

Por Carlos Almeida
(Segunda parte) Lo que llamamos Ingreso Universal, es un ingreso de substitución que debe asegurar a cada persona un ingreso suficiente para cubrir sus necesidades básicas, que debe ser pagado a todas aquellas personas, ya sean trabajadoras, jubiladas o pensionadas o que estén sin actividad.

El principio es simple. Para quienes ya tienen algún ingreso, se les paga el diferencial entre su ingreso y el mínimo establecido. Así, si se establece que el mínimo es de $ 10.000 (ponemos esa cifra por un ejemplo solamente), pero que la persona percibe por jubilación $ 8.000, el Estado pagaría la diferencia de $ 2.000. Esto aseguraría que fueran satisfechas al menos las necesidades básicas.

Por supuesto, mecanismos de control aceitados y eficaces deben ser puestos en marcha para evitar “avivadas”. Uno de esos controles podría ser una presencia física obligatoria quincenal en las oficinas del organismo encargado de la gestión de este programa, que bien podría, por su estructura, ser la ANSES.

El ingreso universal es una respuesta a la escasez del empleo ligada a la revolución digital, pero también a la posibilidad de poder elegir su trabajo para poder participar activamente a la vida de la comunidad.

Por supuesto la derecha se opone ferozmente a este tipo de iniciativa, principalmente por razones presupuestarias, pero también por razones de fondo. No se trata de pagar un “subsidio” para que las personas se queden en la casa sin hacer nada, sino de equilibrar los ingresos para que cada uno pueda tener una vida digna.

Sin  embargo, y aquí aflora otra contradicción, el objetivo debe ser trabajo para todos. Lo cual supone seguir creando nuevos empleos. En nuestro país, cada año ingresan al mercado laboral unas 200.000 personas, principalmente jóvenes. Entonces la gran pregunta es: ¿La Argentina está en condiciones de ofrecer esa cantidad de puestos de trabajo todos los años? Entre 2003 y 2015 se crearon alrededor de 5.000.000 de empleos, muchos en el sector estatal. Esto íntimamente relacionado con el crecimiento de los servicios que el Estado prestaba: Nuevas escuelas, hospitales, incorporación masiva en las fuerzas de seguridad, crecimientos de organismos como la Anses.

En el sector privado también creció el empleo, más allá del discurso neoliberal que dice que no. La recuperación de la actividad económica produjo una necesidad creciente de trabajadores en la industria, el comercio, los servicios. Uno de los pocos sectores que no generó empleo fue el agropecuario, debido a la tecnificación y sobre todo a la sojización de los campos, que necesita menos mano de obra.

Cuando se habla de Ingreso Universal, la tentación es fuerte de decir : “Entonces, ¿Las personas recibirían una cantidad de dinero por no hacer nada?” Con este ingreso, ¿No habría necesidad de trabajar? En realidad es un poco más complejo que eso.

El debate es también filosófico, ya que los opositores a esta idea, todos de matriz neoliberal, preconizan, entre otras cosas, de extender la edad de la jubilación. Así alguien que comienza su vida laboral a los 20 años, debería, según ellos, jubilarse a los 70 años. 50 años de aportes. Un poco mucho. Sobre todo cuando sabemos, como está escrito más arriba, que cada vez se produce más riqueza con menos personas. Volvemos al nudo de la cuestión: La redistribución de la renta generada y la generación de nuevos recursos.

En realidad, otra de las alternativas, complementaria del ingreso universal, es de repensar el trabajo. A grandes rasgos, seguimos un modelo productivista creado por la Revolución Industrial, que en lo esencial, no ha variado. Eso es lo que debe ser modificado, en un mundo que ha evolucionado vertiginosamente en los últimos 25 años.

 

¿Y el financiamiento?

A primera vista, el costo de esta medida sería exorbitante. Sin pretender tener todas las respuestas, tal vez no es tan así. El ingreso universal supone una revolución de una sociedad. Por llamarla de alguna manera, de una Revolución Solidaria, que implica la creación de una nueva fiscalidad, más justa, pero también más clara. Hoy por hoy, las normas fiscales tienen más excepciones que reglas. Ese estado de cosas nos lleva a una situación kafkiana, donde siempre los más débiles terminan pagando y los más fuertes evaden sus obligaciones, amparados por recursos legales que manejan hábilmente sus abogados.

Un caso testigo es la cautelar del diario La Nación, que ya lleva casi 14 años y es de alrededor de  $ 400.000.000 (Cuatrocientos millones de pesos), La Nación, entre otros medios de comunicación, obtuvo en el año 2001, a través del decreto 730, firmado por el entonces presidente Fernando de La Rúa y por su Ministro de Economía, Domingo Cavallo, el beneficio de no pagar el impuesto a la ganancia mínima presunta y que computara sus contribuciones patronales sobre la nómina salarial como crédito fiscal en el momento de la liquidación del IVA.

Una situación por demás injusta, sobre todo para quienes cumplen con sus obligaciones fiscales. Esas inequidades deben resolverse para poder llegar a una fiscalidad más equitativa.

El Ingreso Universal, incluso, permitiría realizar economías por la simplificación de procedimientos administrativos de gestión del Estado y de organismos como la ANSES.

 

¿Se aplica en algún país?

Varias ciudades, provincias o estados y países en el mundo lo aplican. La primera experiencia fue la ciudad de de Dauphin, en Canadá, que comenzó a implementar en los años 70 una prestación para quienes no alcanzaban un determinado nivel de ingresos. La contrapartida es la educación. La obligación de los padres de enviar a los hijos a la escuela y de seguir una capacitación profesional.

Alaska también creó un programa de ingreso mínimo en 1982, finan ciado por las regalías del petróleo y del gas. El Alaska Permanent Fund se atribuye desde la edad de 5 años, por un monto de unos U$S 150 por mes.

Desde el primero de enero de 2017, Finlandia se convirtió en el primer país europeo en instrumentar un Ingreso Universal a nivel nacional. El monto es de unos € 560 por mes.

En los Países Bajos (Holanda) varias ciudades decidieron substituir subsidios por un ingreso mensual de € 900, que reemplaza también al subsidio por desempleo.

Para concluir: Se trata de reflexionar en cómo distribuir mejor la renta en un mundo en el cual el empleo es un bien cada vez más escaso pero en donde al mismo tiempo hay cada vez más personas.

Por otra parte, se trata de superar una de las mayores contradicciones del capitalismo en que vivimos: Cada vez se producen más bienes y servicios con menos personas.

La cuestión entonces es ¿Qué hacemos con la gente? Se trata más de una decisión política que económica. Recursos hay, todo depende como se decida utilizarlos.

Tal vez medidas como esta sean las llaves para avanzar hacia un modelo de sociedad más igualitaria.