01 Marzo 2017

Blackberry

Por Carlos Almeida
Las luces anaranjadas empezaron a encenderse en todos los despachos oficiales. Los integrantes de la alianza Cambiemos comenzaron a percibir el peligro en ciernes, y no saben cómo pararlo.

Muchos tienen los ojos puestos en esas luces, rezando para que no pasen al rojo. Es más hay a quienes en el gobierno, ante la catástrofe que se anuncia inminente, solo se les ocurre rezar. Tienen varios frentes abiertos, demasiadas brechas para colmatar y se les viene la noche. Blackberry no es solamente la marca de teléfonos.

Blackberry significa fresa negra, pero no hace alusión ese nombre a una baya o a un fruto silvestre. Le pusieron así, porque a los esclavos en Estados Unidos se les ataba una bola negra irregular de hierro en el pie, con una cadena y un grillete, para que no escaparan corriendo de los campos de algodón.

Los amos, para usar un eufemismo, la llamaban “Black Berry” (Fresa Negra), porque se asemejaban a dicha fruta. Ese era el nombre que se le daba a la bala de cañón soldada a una cadena, que a su vez estaba ligada a un grillete que se les colocaba a los esclavos y también a los condenados a trabajos forzados para que no escapasen, y que por supuesto, servía de lastre en caso de inmersión.

Es el nuevo sobrenombre que circula en algunos pasillos para designar a un empresario devenido en presidente. Tienen miedo que los arrastre a todos en su caída, si ésta se produce.  Los franceses, por una vez menos poéticos, le dieron el bucólico nombre de “le boulet”.

 

Los más nerviosos tal vez, son los aliados del PRO, en todas sus variantes, cada uno con motivaciones diferentes, empezando por los radicales no alfonsinistas, que creyeron que podían retomar posiciones de poder en el seno de dicha alianza.

 

Algo que de entrada el propio líder de la coalición, más temprano que tarde, se encargó de aclararle que no sería así, que ellos eran exactamente eso, periféricos. Ligaron un par de gobernaciones y algunos ministerios secundarios, que en realidad no dirigen y en cuanto intentan hacerlo pasan dos cosas: se mandan una burrada y concomitantemente, reciben un golpe de regla en los dedos.

Quien es muy lúcido ante la situación, y ve con claridad su desarrollo es Emilio Monzó, presidente de la Cámara de Diputados, quien no duda en hacerlo saber a los cuatro vientos: "El riesgo es que abracemos al marketing como concepto de gestión. Y muchas veces llevar adelante una gestión y querer transformar la realidad es inversamente proporcional a tener una buena imagen", dijo en declaraciones a un “gran diario argentino”.

En esta línea, consideró que "muchas veces, llevar adelante una gestión y querer transformar la realidad es inversamente proporcional a tener una buena imagen". Trató de justificar.

El frente social aparece cada vez más complicado, derivado de la crisis de empleo que está viviendo la Argentina desde diciembre de 2015, a ello se le agregan los descalabros económicos, que comenzaron con las peleas solapadas entre Alfonso Prat-Gay (a) el pizzero, el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y Juan José Aranguren, ministro- accionista de Energía. Ya desde ahí las arrancaron con un carburador que tosía de tanta mugre que tiene.

Todos los días se sumaban nuevos conflictos que no se resolvían, atropellos, “errores”, “diferencias y descoordinaciones” y todas las metidas de pata políticas que se puedan imaginar. Parecería que estuviesen escribiendo el “Perfecto manual de lo que no hay que hacer”.

Pero, son testarudos y siguen en esa tesitura, convencidos que tienen razón, cuando todo les indica que no. Claro que sus aliados, atados por un sinnúmero de compromisos, no pueden deshacerse así nomás de esos socios que se están volviendo incómodos, como Darío Lopérfido, a quien le inventaron un puesto en Berlín para sacárselo de encima, luego de sus exabruptos en cuanto a la cantidad de desaparecidos.

El asunto es que las segundas líneas del gobierno (es decir todo lo que excede del círculo íntimo del presidente) está alarmado por su futuro próximo. Saben que les espera una larga travesía del desierto durante los próximos años y que no tienen manera de resolverlo, sino es provocando un cataclismo cada vez mayor. Están inquietos porque saben que el niño Mauricio se los lleva puestos a todos en su desbarrancada, que se asoma la posibilidad concreta de una catarata de procesos judiciales por los desmanejos y delitos que se están cometiendo desde que asumieron y que seguramente en un futuro próximo encontrarán eco en un poder judicial acomodaticio que siempre se amolda a sus intereses sectoriales.

Nada más que esta semana que comienza tiene una agenda cargada: Paro nacional docente –al cual seguramente adherirán otros sindicatos de estatales– marcha de los trabajadores; día internacional de la mujer, que será también una jornada de protesta; convocatoria por Bonadío a Cristina Fernández a los tribunales de Comodoro Py.

Cristina le pidió a quienes querían ir a manifestarle su apoyo a los tribunales federales que no caigan en una trampa que vayan a la marcha de los laburantes, para así mostrarle a la CGT en donde está el poder de convocatoria, a lo que la dirección de la central obrera respondió alterada que no debía transformarse en un acto político. ¡Como si un paro y una movilización obrera no lo fuera!

Más todas las protestas por los cortes de electricidad, los cierres de fábricas, la obstrucción de la Panamericana, el puente Pueyrredon (va así, sin acento), los piquetes en las rutas por el cierre de las usinas lácteas, por el bajo precio de la yerba… OUF! La lista es larga…

En fin, se van paralizando paulatinamente todas las actividades y se va acabando la paciencia, hasta de quienes sostenían al gobierno.

Confieso que estuve tentado de decir de “este proyecto político”, pero me pareció un exceso. Este es un proyecto de saqueo, que contaba con la pasividad extrema de esa franja de la sociedad que insistimos en llamar “clase media”, que soñaba en diferenciarse definitivamente de los “pobres”, y que se están dando cuenta de que ellos también se fueron empobreciendo con este gobierno que votaron.

En la debacle, todos quienes tienen algún grado de compromiso con Macri y su equipo, temen que el Blackberry los arrastre, irremisiblemente, al fondo.