12 Marzo 2017

Los depredadores

Por Carlos Almeida
En la escala de la naturaleza los depredadores están en la cima de la pirámide. No son buenos ni malos, cumplen su función. Todos. Un tigre, un león, un yaguareté tienen que cumplir con un mandato y lo hacen.

En todos los aspectos de la naturaleza es igual. En todas las cadenas alimentarias. Ahora bien, hay una excepción, que valga el juego de palabras es excepcional. Es casi una anomalía. Y es el ser humano, que  es capaz de lo peor y lo mejor. De la generosidad, la abnegación, la solidaridad y todos los valores que pueden enaltecerlo, pero también de las peores perversiones, de hacer sufrir a sus semejantes, de no importarle el otro, de pensar solo en sí mismo y no en el grupo, en el todo.

En todos los aspectos de la vida encontramos los dos extremos, en todas épocas y en todas las latitudes.

Donde tal vez más se exacerban más esas características en  la política, y en nuestro país tenemos suficientes ejemplos de cómo se puede descomponer una sociedad en poco tiempo, llevándola casi al borde de la disolución. Del mismo modo, fuimos protagonistas de la reconstrucción no solo de un Estado que estuvo a un tris de desaparecer – con la connotación que esa palabra tiene en la Argentina, sino también de la recuperación de la confianza y del orgullo de ser argentino. Recordemos que hubo un tiempo donde más de dos millones de compatriotas debieron irse a buscar la vida a otros pagos, porque su tierra no tenía nada o muy poco para ofrecerles. Oros debieron quedarse, muchos a pesar de ellos mismos. Recordemos la época de las largas colas en los consulados extranjeros, para tratar de conseguir un pasaporte que les diera otra ciudadanía o una visa que les posibilitara ir a probar suerte en otras comarcas.

No olvidemos que en 2003 pocos tenían una mirada positiva sobre un gobierno que se anunciaba débil, había accedido al poder con el 22% de los votos y con un porcentaje de descreimiento aun mayor. Y sin embargo, poco a poco se fueron tomando decisiones políticas que comenzaron a transformar la sociedad, que mejoraron la situación de millones de personas, que permitieron crear las condiciones para poner nuevamente en marcha la maquinaria y que las chimeneas de las fábricas volvieran a funcionar. También esas decisiones políticos hicieron posible que muchos compatriotas pudieran volver a su Patria, después de un exilio – económico por cierto, pero exilio al fin - . Pericles sabía muy bien lo que hacía cuando instituyó como la peor de todas las penas al exilio, incluida la pena de muerte.

 

Hoy estamos viviendo una situación extrema, pues han tomado el poder –de manera legal, es cierto– un grupo de personas que están utilizando al Estado y sus funciones dentro de el mismo para beneficio propio. Se han apropiado de todos los resortes del Estado, incluyendo al poder judicial, para depredar los recursos de todos los argentinos.

 

Lo anterior puede parecer una obviedad. Con abrir un diario, más o menos honesto, o sintonizar alguna  radio o un canal de televisión, o portales de información por internet, es suficiente para darse cuenta de lo que está sucediendo. La pérdida de puestos de trabajo en todo el espectro de actividad, la conflictividad social , los disfuncionamientos de los servicios públicos, el aumento desmedido de los alimentos, desmantelamiento de todo el andamiaje de asistencia : Plan Remediar, Qunita, ProCreAr y otros, más el incremento de las tarifas de energía y servicios muestran que los recursos son cada vez más escasos para muchas personas. La cuestión es ¿Por qué sucede eso?

 

La cantidad de escándalos que están saliendo a la luz es evidente. Correo, Avian- McAir, Soterramiento del Sarmiento, sobreprecios en la obra pública, asignación de licitaciones a un grupo concentrado de “amigos” condonación de deudas millonarias, eliminación de las retenciones al agro, aumento de tarifas que desafían toda lógica económica y muchas, muchas más.

 

Todo eso hace que se vaya creando una situación sumamente peligrosa. Esos recursos, literalmente robados, son los que faltan para evitar el deterioro de la calidad de vida de las personas. Es tan simple y básico como eso. Se están depredando los recursos en beneficio de un pequeño grupo en detrimento de los 42 millones de habitantes de nuestro país.

Los programas de vaciamiento de las empresas del Estado (Aerolíneas, YPF, FFCC), en vista a su posterior privatización, tienen que ver xon esto.

La venta de acciones de las empresas que constituyen los cimientos económicos  del Fondo de Garantía de Solidaridad de la ANSES, cuyo objetivo final es el colapso del sistema previsional argentino (SIPA) para que quede como única salida la privatización del sistema jubilatorio y la vuelta de las AFJP, que se hará seguramente bajo otro nombre y con otra denominación, con publicidades y discursos edulcorantes, es una de las perversidades que nos preparan. Por supuesto habrá enormes comisiones para quienes favorezcan el hundimiento del actual dispositivo y el surgimiento del nuevo.

A estas personas, no les interesa la política como instrumento de transformación, les in teresa como medio para acaparar los resortes necesarios para hacer negocios en provecho propio. Saben que es muy difícil que puedan ganar las elecciones legislativas de octubre. Pero dos años es lo que estiman que necesitan para poder otra vez a nuestro país de rodillas y así volver a echar a andar la rueda de negociaciones de una deuda externa que ha crecido en más de U$S 60.000 millones en poco más de un año, y por la cual habrá que – nuevamente – sentarse con los fondos buitres, los supremos depredadores. Por supuesto, con jugosas comisiones.

 

Una de las tácticas más eficaces que utilizan para evitar cuestionamientos es la antipolítica, que el ciudadano/a no se ocupe ni le interese la política, que crea que es una cosa sucia, la cual hay que evitar. Tenga en cuenta eso lector. A ellos le interesa que a Ud. no le interese la política, ellos están muy interesados en eso. Para usarlo.

 

Para los depredadores es mejor tener una presa indefensa, que una que está dispuesta a defenderse. El programa de los depredadores solo puede llevarse a cabo, o con la pasividad del pueblo o con una brutal represión cuando las cosas comienzan a ponerse espesas.  No hay que darle muchas vueltas ni buscar explicaciones muy complejas. Y la mejor herramienta que tenemos para pelearla es el voto.  En octubre, sepa usarlo y no lo desperdicie.