06 Mayo 2017

Tiempos difíciles

Por Carlos Almeida
Ya no vendrán tiempos difíciles. Los estamos viviendo. Se irán profundizando, hasta llegar al colapso, más temprano que tarde. Y esto es preocupante y triste porque significará represión y muy posiblemente muertes en las calles, como hace casi 16 años.

Triste porque la miseria está entrando en centenas de miles de hogares, que hasta hace muy poco tiempo estaban alegres y sin preocupaciones por el mañana.

La rapiña y la avidez de estos tipos no tienen límites. Pongamos el caso de los alimentos: En la mayoría de los países es mucho más barato comprar en el súper/hipermercado que en los comercio de barrio. En la Argentina no. La gran distribución se lleva la parte del león, robándose literalmente el salario de los trabajadores.

Un país donde comprar en los grandes centros comerciales se ha convertido en una demostración de status y de poderío económico donde los pobres comen lo que pueden comprar en los comercios de cercanías.

Los aumentos desmedidos de tarifas de servicios públicos benefician a unos pocos y perjudican a millones de personas. Estoy convencido que si algún día vuelve un gobierno popular deberá plantearse seriamente algunas cosas: Una nueva Constitución, donde la Justicia sea verdaderamente eso, la Justicia y no una casta. Una Constitución en la cual quede especificado y establecido firmemente que los recursos naturales son del Estado, el agua, los minerales, los hidrocarburos, la energía, su generación, transporte y distribución.

Al igual que los servicios públicos, incluidos el transporte, tanto terrestre, en todas sus formas, como aéreo, marítimo y fluvial las comunicaciones y telecomunicaciones. Una Constitución donde se establezca que la propiedad debe cumplir una función social, donde los depósitos estén nacionalizados, para un uso social y no especulativo. Una Constitución donde quede plasmada que la Argentina no se desprende de su memoria y que todo atentado contra ella deberá rendir cuentas.

Hubo quienes dejaron el cuero, regaron su sangre y quienes desparecieron para que no tengamos que vivir esta furia que ni siquiera es neoliberal.

Es la angurria de unas pocas familias, sus lacayos  y sus acólitos, es el ansia de dominación de una clase que se cree predestinada al poder.

"Cuando los pueblos agotan su paciencia, suelen hacer tronar el escarmiento" decía Perón. Se oye un sordo retumbar de truenos en el horizonte. Va avanzando lenta e inexorablemente. Es el subsuelo de la Patria que empieza a sublevarse.

Llevará su tiempo, pero es ineluctable.