21 Agosto 2017

La producción de Golpes de Estado

Por Carlos Almeida
Desde el mismo 10 de diciembre de 2015 se están produciendo en la Argentina pequeños golpes de Estado -sin que esto constituya un exceso de lenguaje- que sumados se convierten en una alteración violenta de la vida institucional.

Desde intentar nombrar por decreto de necesidad y urgencia a dos ministros de la Corte Suprema de Justicia, hasta la suspensión y el envío a juicio político de un juez que no le conviene al poder, amañando la composición del Consejo de la Magistratura.

Todo esto con la complicidad de la propia Corte, de senadores y diputados, que son quienes deberían garantizar el Estado de Derecho. La lista es tan larga, que se convierte en espeluznante.

Todo es una ensalada extraña, que marea al ciudadano, que lo confunde y que lo deja desamparado ante la desinformación orquestada desde los medios hegemónicos. El sumun es el engaño en las últimas elecciones PASO, donde los resultados y su difusión son manipulados, trastornados, burlados, engañando a la ciudadanía que concurrió a votar de buena fe.

No importa por quién se ha votado, porque hasta quienes han depositado en la urna a un candidato del oficialismo, han sido violados en su elección. El desprecio mostrado por el gobierno de Mauricio Macri no tiene precedentes en nuestro país. Tal vez haya que remontarse a algunas dictaduras, como la de Alfredo Stroessner en Paraguay, o africanas, como la Idi Amín Dada, para encontrar antecedentes de tamaño fraude cívico. Si bien nuestras dictaduras y gobiernos pseudo democráticos pasados han cometido aberraciones (Fraude “patriótico”, GAN, anulación de las elecciones en 1962 y otras cuantas  más), nunca había habido en tan poco tiempo una acumulación de quiebres sobre  la institucionalidad.

El macrismo puso todas sus usinas de pensamiento a elaborar una estrategia que le permitiera acomodarse y estar a tono con las aspiraciones básicas de muchas personas, que aspiran a formar parte de la pequeña burguesía (mal llamada clase media) o al menos para no dejar de pertenecer a ella, sin convertirse en trabajadores asalariados y bajar, según un criterio discutible, un peldaño en la escala social. Sus sobrevaloración de los valores materiales, donde la mayor aspiración parece ser que todos seamos rubios-de-ojos-celestes-empresarios-comerciantes-o ejecutivos de empresa multinacional,  es decir ir más allá de las verdaderas posibilidades de la mayoría de las personas que habitan un país con profundas raíces en sus provincias, en las cuales sus tradiciones, sobre todo en el Norte, son muy fuertes.

Así todo, el modelo conservador y neoliberal ha sabido imponer la idea, gracias a personajes como Rivadavia (que era mulato), Mitre, Sarmiento, Alberdi y algunos otros más, que éramos un país -como dijo alguna vez Jorge Luis Borges- de la “Extrema Europa”. Durante decenas de años pudieron imponer esa visión por la fuerza de las armas, mediante asonadas, golpes de estado, fraude, entrega al capital inglés primero y estadounidense luego de la Segunda Guerra y en menor medida a los demás países del Viejo Mundo.

Ese paradigma se vio modificado varias veces. La primera vez en 1945, luego durante el interregno del Dr. Cámpora en 1973 y finalmente en 2003, con la llegada del peronismo nuevamente al poder de la mano de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández. Y aquí me permito una aclaración, o mejor dicho, lo decía Néstor Kirchner: “Somos peronistas. Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio”.

Esa ruptura no fue soportada por la derecha, que comenzó con un hostigamiento sin precedentes, hostigamiento que, convengamos, fue muy eficiente y efectivo. Logró convencer a una mayoría de los argentinos que esos valores, que les permitirían llegar a ser “Clase media alta”, eran los que vale la pena defender.

Aunque cuando llegan las facturas de electricidad, de gas, de agua o cuando abren la heladera, la realidad sea muy distinta. Apelar – y construir sistemáticamente – el sentido común, haciendo que la vida parezca un río que fluye, es uno de los aciertos metodológicos de la derecha.

Derecha que siempre se las rebusca para tener las peores respuestas a las buenas preguntas, Bastan solo dos ejemplos para ilustrar esto. Uno es la “Ley de derribo”, en vez de implementar otras soluciones más eficientes en materia de lucha contra el narcotráfico, y el otro es la restauración del Servicio Militar obligatorio, en vez de procurar alternativas para brindar vías de inserción social, económica y política perdurables a los jóvenes.

Es ese mismo sentido común que hizo avalar el golpe de 1976, que convengamos fue aceptado por una gran parte de la sociedad. Uno de los caballitos de batalla, por ejemplo, era que Videla era un militar “profesional”. Los resultados mostraron exactamente lo contrario. Y lamentablemente, lo que se está construyendo desde diciembre de 2015 en la Argentina es exactamente eso, para que finalmente el ajuste sea aceptado por la masa, casi sin discusión, sin resistencia.

Lo hacen con una retórica “light”, presentando un presidente que hizo del “Te la debo” y del “No estoy en el tema”, su lei motiv, o de una gobernadora de la provincia de Buenos Aires que presenta un imagen de niña buena, pero que en realidad esconde una ferocidad atroz… y puede convertirse en la pesadilla del presidente de la rodilla operada.

Están aplicando un plan destinado a convertir a la Argentina en un país de servicios, dependiente económica, social y políticamente de las corporaciones. Ya no necesitan de las FFAA para hacerlo. Los tanques que sacan a las calles son otros, tal vez más perniciosos que los de acero. Son tanques de odio, vehiculados por la penetración cultural que hacen a través de las radios, de los canales de televisión, de los diarios y de las redes sociales.

Depende de cada uno de nosotros que no sea así. Tal vez la última oportunidad la tengamos el 22 de octubre próximo, en las urnas. Nuestro futuro depende de un pedacito de papel y de nuestra conciencia, para no convalidar el robo de la Democracia, que tanto nos ha costado conseguir.