01 Agosto 2019

El factor intendentes y la AGP como mecanismo de presión política

Por Franco Hessling
Con un modelo de poder en crisis, el oficialismo provincial cuenta con pocas armas para contener a los intendentes que necesitan renovar su banca y ven en el proyecto nacional de Urtubey un chaleco de plomo.

A pocos días para las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), el panorama provincial, como se ha mencionado en la columna de ayer, va camino a un desbande de dirigentes que dejará huérfano de movimiento al gobernador Juan Manuel Urtubey, quien hasta hace no mucho tiempo era el líder absoluto del peronismo salteño, tanto como el principal referente del Partido Justicialista (PJ).

Pero, antes de que el 12 de agosto asistamos a una retahíla de reposicionamientos en el espectro provincial, sobretodo en los días previos al registro formal de candidaturas para la elección salteña (el plazo se agota el 17 de ese mismo mes), cabe hacer una breve mención a la relevancia que podrían tener en las PASO en Salta y en lo que vendrá después la amalgama de intendentes que se nuclean en el Foro de Intendentes, presidido por el titular de Campo Santo, Mario Cuenca.

En primer lugar, hay que destacar que Urtubey, al encarar su campaña en 2007 y luego estructurar su forma de organizar el poder estando en la Casa de Gobierno de Grand Bourg, los priorizó como engranajes territoriales, anteponiéndolos al histórico rol que habían ocupado los legisladores del interior. Ese desplazamiento fue un calco de lo que en Buenos Aires se conoció como los barones del conurbano, mentados por Eduardo Duhalde.

Entonces, el gobierno de Urtubey se basó en un acuerdo tan tácito como explícito, según el caso y el momento, con los intendentes: inmunidad y libertad para que actúen a placer en sus territorios y lealtad absoluta en materia electoral con el garante, es decir, con el mandatario provincial. Ese pacto estuvo garantizado sobretodo por el manejo pleno de los órganos de control que pergeñado desde la reforma constitucional del año 1998.

Muchos de esos aliados estratégicos durante sus doce años como gobernador este año deben renovar su cargo y son conscientes que en el interior provincial nada tiene menos rédito político que el antikirchnerismo, una de las banderas discursivas que Urtubey viene flameando con más fuerza desde 2015.Así las cosas, muchos de los intendentes podrían empezar a trabajar por lo bajo para que su electorado, más afín al peronismo kirchnerista que a Urtubey, no se desencante con sus gestiones comunales.

Esa labor subterfugia bien podría salir a la luz luego de las PASO, cuando los resultados certifiquen aquello que todas las consultoras y percepciones anticipan: que se profundiza a pasos raudales hacia la polarización. En ese marco, la fuga de dirigentes que habíamos descrito ya desde esta columna podría pasar de la salida por goteo al abandono descarnado de un líder con poder político acotado a solo tres meses de la extinción del mandato gubernamental.

Por esa razón, los órganos de control empiezan a cobrar una relevancia inusitada, principalmente la Auditoría General de la Provincia, y se abocan a funcionar como engranajes de presión del oficialismo provincial.

Así las cosas, nos esperan semanas de muchas novedades sobre “corrupción municipal”.