04 Septiembre 2019

Del pragmatismo a la desnaturalización de la política

Los cambios de bando, la priorización de las apetencias personales, la pérdida de influencia de los partidos políticos y el escaso interés en valores ético-político sólidos se han vuelto moneda corriente. Algunos ejemplos locales. 

Por Franco Hessling

No descubrimos nada si ahondamos en la crisis del modelo de partidos políticos tradicionales, en la falta de convicciones ideológicas y en que de la mano del mantra peronista conocido como “pragmatismo”, directamente se ha desconocido cualquier vergüenza entre un día decir y hacer una cosa y al otro decir y hacer otra, que, a veces, es diametralmente divergente con la primera posición expresada.

Sin embargo, no deja de sorprender que lo que hasta hace unos 20 años parecía un escarnio del que no podría retornarse, hoy sea una manera táctica de organizar la política. Armados superfluos, ausencia de proyectos de mediano y largo plazo, oportunismo electoral, maquinarias vacías de sentido pero llenas de propaganda significante, y un reciclaje constante de las mismas figuras políticas, quienes, sin miedo al yerro, a estas alturas pueden ser consideradas una casta corporativista, ajena a los intereses de las mayorías.

En este caso, tomaremos sólo tres ejemplos -y una yapa- del excesivo “pragmatismo” que ha ido evolucionando tanto que ha desnaturalizado la construcción política orientada al bien común, pasando a esta etapa de armados antojadizos, de un día para el otro, pensados más para los dirigentes que para las comunidades a las que gobiernan. Citaremos a Matías Posadas y su Frente Plural, a Carlos Morello y sus Libres del Sur, y a Cristina Fiore y su Partido Renovador de Salta.

Empecemos por el joven Posadas, quien en su corta vida ya ha pasado por el partido radical, luego se integró al gobierno de Juan Manuel Urtubey por entenderlo progresista, ya que fue cuando éste comulgaba con la ex presidenta Cristina Kirchner, y por último y más recientemente ha desembarcado en las arenas de Gustavo Sáenz, un viejo peronista de los que se reinventó dentro del proyecto de la oligarquía nacional: Cambiemos.

Morello, por su parte, a diferencia de Posadas forma parte de una estructura nacional. Por lo tanto, lo eximamos de culpas individuales, aunque lo planteemos como la cara visible de los movimientos de su fuerza, tan arteros que bien podrían ser llamados Liebres del Sur en cuenta de Libres del Sur. Esa fuerza se inició como popular y divergente al peronismo, sin embargo desembarcó en el kichnerismo, que, en Salta, no fue otra cosa que el primer Juan Manuel Urtubey. Luego, siguieron los pasos del gobernador y se tornaron críticos del kirchnerismo virando hacia el centro y, ahora, fugaron de Consenso Federal y se alinearon con el Frente de Todos.

La senadora nacional Fiore fue una pionera local en desnaturalizar la política por el bien común, los partidos tradicionales y el respeto por ciertas doctrinas o ideologías. Siendo de extracción renovadora, Fiore se incorporó al gabinete municipal del peronista Miguel Isa, para luego convertirse en legisladora nacional por el frente gobernante en la provincia, de índole progresista en aquel entonces, para luego terminar con el sojero Alfredo Olmedo en el ala más conservadora del espectro político local.

La perlita: Diego Saravia. Aunque el catedrático ahora se da aires de kirchnerista sunnita, y suele argumentar su prestigio progresista aduciendo que estuvo en Venezuela y trabajó para su gobierno, lo cierto es que fue el hombre de Lilita Carrió en Salta cuando ella tenía su ARI, luego pasó al bando de Juan Carlos Romero, el peronismo conservador, y ahora se enuncia como el kirchnerista más puro de Salta y por eso se permite calificar como advenedizos a Leavy, Isa y el resto de capitanes del progresismo salteño.