26 Septiembre 2019

Efecto boomerang: la ley kirchnerista que podría volverse en contra de Leavy

La ley electoral que sirvió para ponderar las alianzas electorales por encima de la organicidad partidaria fomenta un clima dirigencial en el que cualquiera puede hacer lo que le venga en ganas, incluso Miguel Isa después de la interna.

 

Por Franco Hessling

Hablar sin profundizar de la crisis de los partidos políticos es ahondar en un tema que se viene explorando, aunque evitando hacer aportes concretos que permitan palpar qué consecuencias concretas tiene esa reconfiguración de las formas en que se estructura y debate el poder. Partamos, antes de emprender ese ejercicio, de la seguridad que los partidos políticos cada vez tienen menos injerencia real -sí formal y legal- en las disputas electorales.

Ahora bien, considerando esa caracterización de base cabe preguntarse cómo se traducirá eso, por ejemplo, en las elecciones provinciales, donde hay pocas internas para la gobernación, pero sobran pequeños armados para otros cargos, todos aglutinados en tan sólo un par de frentes o alianzas electorales, esas maquinarias que el kirchnerismo formalizó con su normativa electoral puesta en vigencia desde 2011.

Empecemos de mayor a menor y planteemos entonces el análisis de los frentes en sus fórmulas a la gobernación. En este caso sirve la proyección para el después de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del próximo 6 de octubre. En el Frente de Todos, el único de los tres frentes con considerable volumen electoral, habrá internas entre Sergio Leavy y Miguel Isa.

A menos que ocurra un milagro o una desgracia, depende cómo se lo quiera mirar, esa instancia se avizora como un trámite para el ex intendente de Tartagal y actual diputado nacional y también candidato a senador de la Nación. El vicegobernador corre muy de atrás, opacado por diversos factores y con una compañera de fórmula que pese a ser mujer, joven y con militancia territorial, carece de carisma y no despierta simpatías más allá de su propio círculo íntimo.

Sin embargo, desde hace varias semanas circula un rumor en los entornos políticos locales: Isa no respetaría la “organicidad” al Frente de Todos, tal como solía ocurrir cuando todavía tenían valor los partidos y principios en la política de dirigentes. El ex intendente capitalino, muy cercano a Gustavo Sáenz, de perder la interna rápidamente, por lo bajo, se pondría a trabajar a favor de su amigo, igual que lo que ocurrió en 2015 con la disputa por la jefatura comunal, cuando abandonó a Javier David y apoyó subterfugiamente a Sáenz.

Esa situación es la que empezó a preocupar a muchos de los armadores del Frente de Todos en Salta, que en honor a la verdad no son muchos ni muy duchos. Con la salida de Antonio Marocco, que se pasó al bando de Sáenz, cuesta mirar más allá de José Vilariño para hallar operadores políticos de fuste. La alarma se prende porque el armado a nivel frente de Leavy sonaba rutilante e imbatible versus Sáenz, pero las genuflexiones de la política actual hacen que ese armado pueda quedar virtualmente desbaratado después de las PASO, cuando cada quien de los que quede en el camino haga lo que le convenga.

El precio de la despolitización y vaciamiento de los partidos históricos, que tenían entre sus preceptos básicos la organicidad, podría ser muy caro para el Frente de Todos salteño. Lo paradójico es que aquello que formateó de modo legal esa desestructuración de la “vieja política” fue, precisamente, una ley electoral sancionada por el kirchnerismo.