27 Septiembre 2019

Nadie le debe lealtad a nadie: la maquinaria electoral de Sáenz también podría desarticularse

Igual que en el Frente de Todos, en la alianza que encabeza el intendente podrían haber fugas pese a que él personalmente no se somete a una interna. Bettina y Grande tienen enemistad manifiesta y tampoco son saenzistas exprofesos. 

Por Franco Hessling

En la columna de ayer se inició un análisis de cómo podría afectar de modo concreto aquello que los politólogos y sociólogos sólo se atreven a definir en términos conceptuales y abstractos, es decir, como la “crisis de los partidos políticos” y la “liquidez de las identidades colectivas en política”. Planteamos, como una consecuencia directa, que Miguel Isa -tras las PASO- sería más leal a su cercanía personal con Gustavo Sáenz que al frente que integra.

Pero, como podrá suponerse, la alianza que acompaña a Sáenz para la gobernación no escapa de esas trapisondas de la política actual. Cierto es que la puja por la gobernación la tiene allanada, en razón de que la fórmula Sáenz-Marocco no se someterá a internas, pero sin ir muy lejos, en la disputa por la intendencia, ya pueden anticiparse tensiones y, por qué no, hasta eventuales fugas de votos hacia otro frente electoral.

Martín Grande y Bettina Romero son los dos principales en esa compulsa por la candidatura a intendente, por peso propio en términos de posicionamiento y por estructura y recursos, respectivamente. Grande ganó en 2017 entre los candidatos a diputados nacionales de Salta, imponiéndose a Leavy y Andrés Zottos, mientras que ese mismo año Bettina fue la aspirante a la diputación provincial por capital con más sufragios a su favor.

No hay que subestimar, sin embargo, las chances de Matías Posadas, quien pese a sus siempre escuálidas apariciones electorales, ha conseguido los mejores frutos por sus lisonjas desde que arribó a la política: reúne los apoyos tanto de Sáenz como del gobernador saliente, Juan Manuel Urtubey. Pero, en un primer momento nos detengamos en la tensión entre Grande y Romero, ya ampliamente demostrada por ambos lados.

No resulta descabellado suponer que si esa interna la gana Martín Grande, Bettina Romero -bajo la conducción del líder del clan- le quite su apoyo en las generales. En ese sentido, podría hacer un desplazamiento hacia Andrés Suriani, por cercanía política y afinidad ideológica. Y viceversa: cuesta creer que Grande instruirá a sus voluntarios, no digamos militantes porque puede resultarles ofensivo, a que militen para Bettina en caso de perder la interna.

Igual suerte podría ocurrir en caso de que Posadas dé la sorpresa, tanto Grande como Romero podrían desinflar su actividad electoral y hasta, por lo bajo, hacer arreglos con otros candidatos a la intendencia. En esa interna nadie se debe lealtad con nadie, pues todos tienen claro que los frentes electorales no son partidos, ni grupos de correligionarios o camaradas, son meras maquinarias de potenciación de oportunidades. Nada más.

Incluso cabría preguntarse qué tanta lealtad puede tener el clan Romero con un Gustavo Sáenz acicateado por Juan Manuel Urtubey, quien decidió reabrir sus diferendos con Júcaro cuando éste optó por apoyar la fórmula presidencial Macri-Pichetto. La misma inquietud puede presentarse para Grande, quien se define como un PRO puro y, si bien está en la interna del frente de Sáenz, siempre defenestró a los peronistas y no se le pasa desapercibido el operativo despegue que el intendente emprendió en relación a Cambiemos.