03 Octubre 2019

La visita frustrada de Cristina II: miserabilidad y sensacionalismo

Por Franco Hessling
La irresponsabilidad mediática y las bajezas de los anti-kirchneristas estuvieron a la orden del día luego de que la senadora nacional finalmente cancelara su desembarco en Salta. Desgloce de esos argumentos maliciosos.

Negar que el Partido de la Victoria y el espectro progresista de la provincia en general experimentaron un revés con el desplante de Cristina Fernández de Kirchner el sábado pasado es, ante todo, ingenuo. Exagerarlo, en cambio, puede ser un síntoma de subestimación a la construcción local de ese espacio político, puede ser también un error de cálculo o, desconfiando de la buena fe, una forma de sensacionalismo burdo.

Sobre este último punto se han leído, escuchado y visto cosas de lo más arrebatadas, como que la senadora nacional no quería arribar a Salta por los bajos números de Sergio Leavy en las encuestas con miras a la elección provincial. Encuestas que, conviene subrayarlo, no han venido teniendo la fidelidad que se esperaba, tanto así que nadie, por ejemplo, anticipaba el categórico triunfo del Frente de Todos en las PASO nacionales del 11 de agosto.

En cuanto a esa especulación que publicaron los medios y entornos afines al intendente Gustavo Sáenz no hay mucho que agregar. En primer lugar porque después de ese 11 de agosto Leavy sacó chapa de candidato indiscutible a alcanzar la gobernación, en segunda instancia por los señuelos públicos que viene dando Alberto Fernández al “Oso” y, en tercer lugar, precisamente la visita del candidato a presidente como reemplazo de la ex primera mandataria. Es decir, la cúpula nacional del Frente de Todos confía plenamente en las chances de Leavy de conquistar la gobernación.

Además, la cancelación a último momento del viaje de Cristina a Salta, debido a su interés en volar a Cuba para estar con su hija, quien se encuentra en la isla por razones de salud, reavivó las bajezas de los detractores de la líder, donde Sáenz y Juan Manuel Urtubey destacan como figuras prominentes. La bajeza más supina es la que desliza que Florencia, la hija, no atraviesa ningún trauma de salud y que está en Cuba sólo por su inclinación a los sitios donde impera “totalitarismos populistas” y como manera de evadirse de la Justicia argentina.

Sobre esto último, primero hay que recordar que para evadir los tentáculos de la Justicia argentina no hace falta escaparse del país con un permiso formal otorgado por la propia Justicia tras constatar que los argumentos de salud son ciertos, sino que basta con disponer de tal o cual apañamiento. Lo demuestra con estridencia el caso de Marcelo D´Alessio o, a nivel local, el de Juan Carlos Romero, quienes sistemáticamente han sorteado los requerimientos formales sin tener que exiliarse.

Anteponer en un momento determinado de la campaña la visita y encuentro con su hija enferma por estrés, no fue un cálculo político ni una excusa para salir del país, fue, sin más que analizar, la prioridad de una madre como cualquier otra. Y la estadía de Florencia Kirchner en Cuba es lógica para aliviar la presión de radicarse en un país donde sus padres fueron presidentes recientemente y generan tanto amor como odio.

No se trata de victimizar a la hija aludida, mucho menos a la senadora nacional, ambas y a su debido tiempo han debido y deberán seguirse poniendo a disposición de la Justicia, cuando ésta decida actuar seriamente en penar la corrupción estatal. Y para eso, para actuar seriamente en ese sentido, debería en primer lugar trascender gobiernos y calar en el hueso de una democracia que tiene tan enraizada la corruptela como el voto mismo.

Se trata, en cambio, de poner el acento en el sensacionalismo y las bajezas que se desprenden de la irresponsabilidad mediática y del odio al liderazgo popular de Cristina, respsectivamente. Los exponentes de ese odio, cuando celebran la enfermedad de Florencia, cuando la cuestionan, cuando se mofan y cuando repiten la melopea de “se robaron todo” no hacen más que engrandecer ese liderazgo. Porque del odio al amor hay un solo paso.