03 Octubre 2019

El clan Romero en aprietos, Urtubey y Sáenz van por ellos

Por Franco Hessling
El senador nacional que busca renovar su banca cayó en la cuenta que el gobernador y el intendente, quienes ya son abiertos aliados, están trabajando seriamente para dejarlo fuera del Congreso de la Nación. Igual intención con las pretensiones de Bettinita de llegar a la intendencia.

Lo hemos venido mencionando someramente en estas columnas al analizar la interna para la intendencia dentro del Frente Gustavo Sáenz Gobernador, que, como se sabe, referencia en Salta a la Casa Rosada, al modelo de gobierno de Mauricio Macri y al sector de la población que pendula entre el rechazo sano y el odio visceral contra eso que llaman de modo peyorativo “populismo” y que tiene que ver con liderazgos que generan turbas politizadas en las calles, sea en protesta o sea en medio del folklore militante.

Hemos dicho ya que el apoyo de Gustavo Sáenz y Juan Manuel Urtubey en esa interna por la candidatura a intendente está puesto en Matías Posadas, y que eso complicó las chances de Bettina Romero. El incordio del gobernador tras la tregua del Pacto de las Costas, luego de que Urtubey se impusiera holgadamente sobre Júcaro en 2015, vino cuando este último decidió hace pocos meses apoyar la fórmula presidencial de Juntos por el Cambio, Macri-Pichetto. El desplante a Urtubey hizo que éste reavivará su rivalidad con su mentor en la provincia, aquel a quien llamó “sembrador de progreso”, conforme se deduce del título de su libro.

Ciertamente la polarización se impuso en las PASO del 11 de agosto, pero la diferencia entre primero y segundo fue tal que permitió al gobernador y su Consenso Federal tener un objetivo por el que pelear: salir segundos. Aunque eso pueda parecer muy poco para un gobernador que transcurre su decimosegundo año de mandato, Urtubey pelea también en Salta por salir segundo el 27 de octubre.

Y en con ese empuje, entre otras cosas, no sólo pretende sumar a un legislador nacional más obediente a él, lo que a la postre le valdría mejores hombros para negociar a sus anchas en Buenos Aires, sino que también serviría para asestarle la estocada final a Júcaro: dejarlo fuera del Congreso después de 12 años y, por lo tanto, despojado de fueros. No hay que olvidarse que el Pacto de las Costas de principios de 2016 no implicó otra cosa más importante para Romero que el freno de las causas judiciales en su contra.

En cuanto a Sáenz, el cálculo que lo posiciona contra el clan Romero tiene otra trayectoria, se genera porque el intendente y su entorno se percataron de que una jefatura comunal de Bettina no sería una sucursal del saenzismo ni mucho menos. Lejos de eso, Bettina, fiel heredera política de Júcaro, querrá construir su propio poder, escudada por los sedimentos que han dejado su padre y abuelo. En ese convite, un tal Gustavo Ruberto Sáenz no tendría lugar.

Caer en la cuenta de esa situación obligó al jefe comunal a reperfilar su acompañamiento. Si bien hay sectores de su saenzismo que formalmente están inscriptos apoyando a Bettina Romero, lo cierto es que el trabajo fuerte del aparato está volcado resueltamente a Posadas. Para más complicaciones de la heredera de Júcaro, Martín Grande, el otro contrincante en la interna, cuenta con un caudal de votos nada despreciable, de acuerdo a sus últimas participaciones electorales.

Si la conjugación de fuerzas entre Sáenz y Urtubey, más los favores residuales a la causa anti Romero que podrían hacer Alfredo Olmedo, los radicales y el Frente de Todos, avanza como esperan quienes ven en el Plan Alimentario Salteño una oportunidad de proyección electoral, el clan Romero podría quedar, en el campo político, en la posición más desventajosa en mucho tiempo.