11 Octubre 2019

Leavy y Vilariño tendrán que barajar y dar de nuevo

Una retahíla de malas decisiones, actitudes petulantes y estrategias carentes de perspectivas condujeron a una derrota sorpresiva por lo abultada. Serán muchos los retoques que deberán emprender si pretenden revertir la elección y llegar a la gobernación.

Por Franco Hessling

 

El problema para el Frente de Todos de aquí en adelante estribará en cómo reconfigurar el liderazgo del Partido de la Victoria (PV) -Sergio Leavy y José Vilariño- para que no hayan las fugas que hubo en las PASO del domingo pasado, pero también para estrechar nuevas relaciones y renovar la confianza en los indecisos, ya que sólo ampliando su base electoral y la participación comicial pueden atesorar cierta expectativa de revertir la elección.

Ahondemos en primer lugar en la cuestión del liderazgo. El desabastecimiento inesperado que hubo en el interior, incluso en zonas que se contaban muy favorables, como el departamento Orán, obedece precisamente a la falta de consensos en torno a quienes el 12 de agosto creyeron que bastaba con decir que eran los que siempre habían estado del lado del proyecto nacional y popular. Claro, no sólo no bastaba con eso sino que tampoco era real: tanto Leavy como Vilariño fueron disciplinados aliados de Juan Manuel Urtubey durante la mayor parte de sus 12 años de gobierno.

Además, los cerebros del PV hicieron descansar su conducción del proyecto provincial en una única simiente: el apoyo resuelto de Cristina Kirchner, quien reúne en Salta el mayor caudal de intención de votos entre todos los candidatos nacionales, aún más que el propio gobernador salteño. Sin embargo, algunos cálculos fallaron. En primer lugar, Cristina nunca hizo explícito semejante apoyo, sólo de modo solapado. Y Alberto, el premio consuelo cuando se suspendió el arribo de la senadora nacional, se manifestó a favor tanto de Leavy como de Miguel Isa, el contendiente en la interna que los armadores del PV siempre quisieron invisibilizar.

En ese segundo punto, la falta de apoyo resuelto de las figuras nacionales está la clave estratégica que el Frente de Todos deberá revisar. Es decir, en primer lugar tendrán que reforzar la conducción y el liderazgo, sobretodo sorbiendo del elixir de la humildad. Y en segundo lugar, Leavy y Vilariño necesitarán reperfilar, verbo de moda si los hay, su manera de encarar la campaña. Hacen falta más ideas y menos cholulaje.

No alcanza, quedó demostrado, con un buen resultado en la elección nacional. Desgasta, quedó también demostrado, una doble candidatura y la soberbia de imponerse por la fuerza, marginando a ciertos dirigentes -como Javier David- y obligando a otros a recurrir a la Justicia para que acrediten su participación en una interna -como fue el caso de Isa-. No es suficiente con sacarse una foto o filmar un video con un candidato presidencial.

Volvamos, para cerrar, al aspecto de la conducción local. Será de vital importancia porque ahora el escenario, para colmo, es contrario a como se avizoraba en agosto, cuando parecía que Leavy corría con una luz de ventaja y Sáenz venía de atrás. Si con un escenario favorable no se pudo retener ciertas localidades que se anotaban como propias, más cuesta arriba será recuperarlas y conquistar nuevas ahora que se está en desventaja clara.

El factor intendentes es clave, pues la mayoría termina por priorizar sus propias oportunidades y, se sabe, siempre conviene apoyar a quien tiene más chances de ganar que al que llega como retador. Por esa razón, no sólo será arduo contener a los votantes de Miguel Isa y Jorge Guaymás, muy proclives a pasarse de bando, sino también a los jefes comunales que prestaron su apoyo en las primarias.