13 Noviembre 2019

Nobleza obliga: nuevo gobernador con viejos ministros

Al día siguiente de su triunfo como candidato a gobernador, Gustavo Sáenz declaró que no descartaba incorporar a su gabinete a ministros y ex funcionarios de Urtubey. Trasfondo de una nobleza obligada.

Por Franco Hessling

Tomar un gobierno no es como enfrentarse a una página en blanco, que en esta época se ve en pantalla, ante la que se debe, imperativamente, hacer correr la tinta -los bits-. Por eso, atentos, formales y recientes aliados, Juan Manuel Urtubey y Gustavo Sáenz -todavía conviene poner por delante al ex rugbier- sostuvieron una reunión el día posterior a las elecciones. Formalizaron así el comienzo de la transición, que será exigua para lo que debe mostrar: el resultado de doce años de administración de Urtubey, muchos de los cuales estuvieron en manos de Carlos Teófilo Parodi. Baltazar Saravia y Pablo Outes se pusieron a la cabeza de esa operación de cambio de mando administrativo.

El hecho de que Outes sea el hombre de Sáenz para encarar la transición es una confirmación. A estas alturas, ni para el más distraído observador de la política salteña se pasa desapercibido que el hijo del militante setentista es parte del núcleo central del entorno del gobernador electo. Que trabaje a la par del Jefe de Gabinete saliente no es menor, es un indicio de que podría heredar precisamente esa función. Ello, claro, si Gustavo Sáenz no presiona para crear su propia ley de ministerios, con una composición diferente a la actual.

Empezar a prefigurar la composición del gabinete de Sáenz es tarea ineludible. Como dijimos desde el principio, asumir en un gobierno no es como estar frente a una hoja en blanco, hay mucho ya escrito, pero, sobre todo, hay mucho tachoneado. El propio intendente y gobernador electo se apresuró a declarar en medios nacionales, en una entrevista post-elecciones, que no descartaba integrar su equipo de ministros con ex funcionarios de Urtubey.

Nobleza obliga, pensamos varios al notar que Sáenz admitía que deberá ceder algunos cargos ministeriales para aliados de Urtubey. Nobleza porque Urtubey ayudó resueltamente a Sáenz, y lo decidió al enviar a su equipo de comunicación y operación política, cuando todavía estaba fresca la victoria contundente del Frente de Todos, nacional y local, el 11 de agosto. La fuerza que parecía tener Leavy, quizá, fue el último empujón para que Urtubey y Juan Pablo Rodríguez, su estratega de antaño, resolvieran acercarse sin amagues a Sáenz.

En aquel entonces, conviene decirlo ahora para no parecer un operador de prensa berreta, trascendió que el núcleo duro del Partido de la Victoria hizo circular el rumor de que, entre otras cosas, llevarían a la Justicia a Rodríguez y Parodi, armadores del entramado de Urtubey, que, sobra decirlo, tuvo negocios espurios en cada paso que dio. La declaración de guerra del PV, quizá por una soberbia desmesurada, inclinó definitivamente a Urtubey y Rodríguez del lado de Sáenz y algunos viejos allegados, como Antonio “Gringo” Marocco.

Trabajaron con Sáenz para salvarse el pellejo, un poco, para garantizar la continuidad de algunos negocios, otro poco, porque hay mayor afinidad ideológico-política, otro poco más, y porque sabían que tenía grandes chances de ganar. El equipo U de refuerzo sirvió para llegar muy bien a las PASO y obtener una mayor ventaja, pero en las Generales, daba la sensación que Sáenz ya no necesitaba de Urtubey y los suyos.

Pero, insistimos, su nobleza obligó a Sáenz a reconocer que algo habrá para la tropa U. Quizá el único resquicio que le quede a esa línea de poder. En algún pasillo sonó el nombre de Javier David, uno de los que había coqueteado con el Frente de Todos, que se bajó de cualquier disputa y que al final de la campaña reapareció haciendo muchos guiños a Gustavo. Habrá que esperar para ver quiénes se reciclarán en el nuevo gabinete.