15 Noviembre 2019

Se busca oposición: ni Leavy ni Olmedo quedaron fortalecidos como líderes de espacios disidentes

Ninguno de los candidatos a gobernador a los que se impuso Gustavo Sáenz parecen ser próximos referentes de la oposición. Sin embargo, en la reconfiguración de poder de la provincia, también ese espacio requerirá perfiles altos.

Por Franco Hessling

La dura derrota de Sergio Leavy le mermó mucha consideración en la opinión pública, no sólo en general por los pocos votos, sino también por la carencia de conducción y perspectiva de articulación política, que lo devolvió a un sitial de dirigente político de segunda línea. Se sabía que en 2017 Leavy había sido agraciado con un espectro electoral salteño que estaba huérfano y que le había alcanzado para entrar al Congreso nacional, pero con dos años allí, sin otra figura emergente en el peronismo progresista ni el kirchnerismo local, y con la senaduría nacional en el bolsillo, el ex intendente de Tartagal parecía destinado a ser parte importante de la política salteña de los próximos años.

Sin embargo, lo ocurrido en los últimos días, incluida la categórica derrota electoral frente a Gustavo Sáenz, lo colocó otra vez entre los dirigentes que comandan sectores minoritarios, regiones lejanas de los centros de poder o estructuras sin muchos ni valiosos dirigentes. Seguirá viajando a Buenos Aires y podrá todavía ser un hombre de confianza para el nuevo gobierno nacional, sin embargo, en Salta no parece poder proyectarse como el gran opositor de Sáenz y su impronta entrante.

Es que, desde el año que viene, en los hechos se habrá renovado el gobierno provincial y también la oposición. En esa reconfiguración, la caída estrepitosa de Leavy surca un espacio enorme en el que no se avizoran todavía figuras preponderantes. Tal vez Manuel Santiago Godoy, pero su poder en la Legislatura se verá jaqueado y podría convenirle mostrarse conciliador con Sáenz, antes que intransigente. Javier Diez Villa e Ignacio Jarsún, cada uno por su cuenta, ya trabajan para ser ungidos por el nuevo gobernador como posibles aspirantes a la presidencia de Diputados.

En la capital provincial, el Partido de la Victoria de Leavy no consiguió ni siquiera un diputado, y en el Concejo Deliberante los representantes son una dupla sobre veintiún integrantes que tiene el cuerpo. Sin mencionar que muchos de los intendentes que conformaron el Frente de Todos pergeñado por Leavy, entre ellos su propio hermano, Eduardo, que perdió en Tartagal con Mario “Gatito” Mimessi.

El tercer candidato a gobernador más votado no puede tampoco proyectarse como el próximo líder de la oposición, pues su desempeño no fue más esperanzador que el de Leavy. Y su cosecha de escaños fue magra, vaya paradoja para un hombre de grandes negocios agropecuarios. Alfredo Olmedo tuvo su peor elección como candidato desde que hizo su aparición en política, en 2009. Obtuvo 15% de los votos, por debajo de su piso histórico de 20%, y concluyó así el año en una posición bastante más moderada de lo que sus aspiraciones lo proyectaban en enero, cuando había dicho que competiría por la presidencia.

Es verdad que Alberto Castillo, que fue parte del frente de Olmedo, fue el candidato a concejal más votado. Pero “Beto” ya mostró su pragmatismo: en dos años pasó del PRO, al Partido Celeste y de ahí a una alianza con Olmedo y los radicales. Castillo parece leal a un sólo sujeto político, Andrés Suriani, junto a quien se estima un paladín de la defensa por el derecho de los fetos a nacer.