27 Diciembre 2019

De la chabacanería a la lisonja: historia del deterioro de una reminiscencia

El Intransigente fue un diario soberbio de la cultura salteña que reapareció hace algunos años, aunque con otro estilo y perspectiva. Algo caracterizó su resurgimiento: el ataque visceral al romerismo. Sin embargo, la personaje del año 2019, para ese medio, fue Bettina Romero.

Por Franco Hessling

Cuando reapareció hace algunos años la firma periodística El Intransigente, oportunamente reapropiada por Federico Mena Saravia, la sociedad salteña que todavía consulta la prensa gráfica tuvo una inspirada reminiscencia. Recordó plumas del fuste de Manuel Castilla y Andrés Mendieta, y nombres tan comprometidos con la verdad como el de Luciano Jaime. Aquel diario supo brillar en años en los que El Tribuno todavía era manejado por Roberto Romero.

Sin embargo, la irrupción tuvo otro talante, que hizo que esa reminiscencia quedará raudamente sepultada en el olvido. Por empezar, lo que fue un diario ahora era una página de internet, y lo que alumbró el pensamiento crítico salteño ahora contribuía a dejarlo anclado en la más ominosa chabacanería. Ejemplo cabal es que, año a año, reproduce una de las mecánicas más trilladas de lo que Omar Rincón llama el Star System, elegir a un “personaje del año”.

El medio resurgió en plena auge de Juan Manuel Urtubey, amigo íntimo de Mena Saravia. La habilidad comercial del nuevo propietario del viejo nombre no tardó en salir a la luz, pronto se relacionó con su patrimonio a otras páginas web de noticias, como El Aconquija y El Cívico, algunas de las cuales recibían jugosas pautas gubernamentales, y con la consultora Ubenza. El florecimiento de los emprendimientos periodísticos y de consulta de Mena Saravia estuvo vinculado a un momento del gobierno de Urtubey en que éste necesitaba contrapesar la influencia de El Tribuno, puesto que el enfrentamiento con Juan Carlos Romero estaba en ciernes. Fue la misma etapa en que florecieron Informate Salta y Troka, cercanos al ex ministro de Gobierno, Juan Pablo Rodríguez.

En ese entonces, la artillería pesada de Mena Saravia contra el entonces ex gobernador y senador nacional y contra su diario fue notoria. Al revés de lo que había ocurrido con el Nuevo Diario, que parecía haberse ganado un lugar en el ecosistema mediático salteño tratando de no incordiar demasiado a la familia Romero, Mena Saravia tenía como misión desprestigiar a troche y moche a los enemigos de su amigo.

Sin embargo, los tiempos cambian aunque las necesidades persisten. Cuando uno adquiere ciertos hábitos, cierto nivel de vida, cierta dependencia de los aportes del Estado, difícilmente esté dispuesto a resignarse después. Y no me estoy refiriendo sólo a los parches que el amigo de Urtubey le hizo al nombre de su empresa (que ahora también se llama “El Intra”), sino a los nuevos aires en el gobierno y la nueva relación entre los dos ex gobernadores.

Nadie que hubiera leído las ventilaciones y ataques de Mena Saravia a los Romero y a El Tribuno hace menos de diez años podría creer que para su medio la “personaje del año” del 2019 haya sido la flamante intendente, Bettina Romero.

Hay que resaltar que es la primera jefa comunal de la capital y que obtuvo nada menos que ese galardón con una gran masa de votos, de todos modos, hay que advertir el gesto de Mena Saravia ante el nuevo clima de la escena política salteña, donde Urtubey está virtualmente marginado de los caudales que manejaba hasta hace algunas semanas atrás. Para empezar el reacomodamiento, el amigo del ex gobernador empezó guiñándole el ego a la intendenta.