24 Enero 2020

La doble vara en las patotas: rugbiers y burocracias sindicales

Lo ocurrido el fin de semana en Villa Gesell dejó al desnudo las contradicciones en sectores dispares de la sociedad. Los ricos que pretenden eximir a los violentos por su condición de clase y los “nacionales y populares” que condenaron a los rugbiers pero nada dicen de las patotas sindicales. 

Franco Hessling

La semana estuvo atravesada por lo ocurrido en Villa Gesell con Fernando, el joven de 19 años que fue atacado por una patota de rugbiers que, impiadosamente y de modo cobarde, acabaron con su vida. Lo vapulearon de tal modo que, según la autopsia, un traumatismo severo de cráneo fue el hecho que terminó por dejar sin vida al muchacho que venía de tomar un helado cuando fue envestido por los agresores.

El hecho ocurrió luego de que, aparentemente, se hubiesen cruzado adentro de un boliche. La cosa no pasó a mayores porque intervinieron los patovicas, quienes hicieron su arte sin mayor humanismo: capturaron a algunos de los supuestos protagonistas de la escaramuza y los despacharon hacia la salida, donde si se matan o no, si hacen destrozos o no, ya no es problema ni de ellos ni del propietario del hemiciclo bailable.

Una de las discusiones centrales que se dio al respecto, además del grado de violencia y cómo el divertimento de los jóvenes depende cada vez más de encontronazos o consumos que la adultez repudia pero también practica, fue la condición de rugbiers de los agresores, quienes actuaron como una patota sindical de la peor calaña, igual que la que hace algunos años atrás se cobró la vida de Mariano Ferreyra.

Ante ello, muchos de los que piden mano dura para los jóvenes que usan gorrita y andan en moto, pidieron mesura y no meter a todos en la misma bolsa. De hecho, sugirieron con altivez que manchar a un deporte por el comportamiento de algunos de sus practicantes sería no menos que una afrenta a la inteligencia colectiva.

Sin embargo, lo interesante del planteo mediático al respecto de lo ocurrido en Villa Gesell no estriba únicamente en esa doble vara que exime a los jóvenes de “buena familia” de juicios categóricos, e intenta plantear el asunto como un hecho aislado, sino que además sirvió para visibilizar ciertos valores de la masculinidad hegemónica, muy fomentada en lo que los rugbiers que salieron al cruce de las críticas llaman “valores del rugby”.

Pero la reacción social en torno al ataque en patota, cobarde y pendenciero, no se redujo a lo que reprodujeron los medios, al contrario, en términos generales también cabe preguntarse por ciertas dobles varas. Por ejemplo, el populismo plebeyista se indignó por el accionar de los rugbiers, pero hace sólo algunas semanas atrás no dijo nada, y hasta trató de “funcionales a la derecha”, a quienes denunciaron a la patota sindical ferroviaria.

La misma reacción tuvo esa platea, que siempre se considera digna de justicia social, soberanía económica e independencia política, cuando la patota sindical de Chubut ejerció como “rompehuelgas” a paladar del gobernador contra los docentes que desarrollaban una de las más importantes movilizaciones del 2019. No hubo indignación populista contra esa patota, no, no. Hacen falta menos dobles varas, ni de los ricos ni de los pretendidamente “nacionales y populares”.