14 Febrero 2020

Honrar a Güemes es acabar con la miseria

Hace pocos días se conmemoró el natalicio del prócer, a quien seguramente le hubiesen repugnado las excusas que hoy pone la clase dirigente para justificar la falta de soluciones inmediatas a los problemas urgentes. 

Franco David Hessling

El pasado 8 de febrero se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento del General Martín Miguel de Güemes, a quien los motes cliché suelen denominar el “héroe gaucho”, por su patriotismo bélico tanto en las invasiones inglesas, cuando todavía era un adolescente, como en las batallas para conquistar la independencia política con respecto a la corona española, ciertamente en decadencia a manos de la avanzada napoleónica.

Güemes fue un prominente militar, pero también un sobresaliente político. No hace falta recordar que fue gobernador de Salta, lo que sí conviene subrayar es que una de las decisiones que lo caracterizó tuvo que ver con la redistribución más equitativa, principalmente en cuanto al esquema fiscal, en el que eximió a los guerreros gauchos de algunos gravámenes hasta entonces fundamentales para sostener la placentera vida de los patricios provinciales.

Hay versiones cruzadas sobre cómo esas medidas impactaron en el humor social salteño de aquellos años, que por supuesto estaba especialmente acicateado por esa clase pudiente, mal acostumbrada a determinar los rumbos de la provincia poniendo por encima sus intereses sectoriales o los del bien común. Las más aventuradas de esas versiones se atreven a vincular su asesinato con el malestar que había causado Güemes entre los oligarcas.

En cambio, las versiones suavizadas, que carecen de análisis contextualizados y miradas políticas sobre los devenires de la época, señalan la muerte de Güemes como un desafortunado desaguisado personal, a raíz del aparente semblante de macho donjuanezco que habría tenido el héroe. No hay dudas que entre uno y otro extremo de las versiones, hay mucho más para pensar al respecto de la primera que sobre esta última, más novelesca que histórica.

Para cualquier salteño de buena moral sería insoslayable preguntarse, a colación de esta efemérides, qué pensaría Güemes sobre la provincia de Salta hoy. Una provincia donde los originarios mueren de hambre y en la más tétrica postergación, donde las mujeres mueren al por mayor en manos de “sanos hijos del patriarcado” y en la que la Policía hace y deshace con tanta libertad que sobran casos de gatillo fácil o de muertes por abuso de autoridad.

Claro que estos planteos son contrafácticos y nadie sabe a ciencia cierta qué opinaría o qué posiciones asumiría hoy Güemes, lo que sí puede afirmarse sin titubeos es que ningún salteño/a honrado, como fue el General, puede estar orgulloso de la realidad estructural que se vive. Salta no se agota en esos factores negativos, es cierto, pero en términos económicos y de supervivencia, no hay nada de que ufanarse.

Convendrá gastar menos energía en organizar homenajes suntuosos, actos protocolares y palabras alusivas que en honrar la memoria de Güemes sacando de la miseria, sin excusas y de una vez por todas, a esos postergados que no aducen razones culturales para sobrevivir. El tipo de razones que sí esgrimen quienes les quitan la vida.