11 Marzo 2020

¡El resfrío oriental que recorre el mundo llega a Salta!

La posibilidad de que el coronavirus también desembarque en Salta nos habilita a pensar qué tan preparados estamos para resistir una pandemia. 

Franco Hessling

Lo que hasta hace algunas semanas parecía un completo delirio -que el coronavirus sea un problema serio para los salteños- ahora se encamina a ser una preocupación genuina. Al menos eso se deduce de la decisión que tomaron esta semana las autoridades de la Universidad Nacional. Ese hecho ofrece una inestimable oportunidad para recaer nuevamente en análisis sobre las posibilidades sanitarias de una provincia hecha pedazos por el modelo agroexportador y la avaricia de los inversores, quienes construyeron infranqueables diques para que su providencia no se derrame a otros sectores sociales menos privilegiados.

No son relaciones conceptuales ociosas, la matriz económica primaria, en desmedro de la igualdad pero también de la biodiversidad sociocultural, es la versión local de un mundo capitalista y la causa suficiente para que las nuevas enfermedades hagan mella en nuestra población de menos recursos. Población con malnutrición, expuesta a peores hábitos de vida y con menos acceso a los sistemas de educación formal y de protección sanitaria.

Y, que quede claro, no toda asentada en Rivadavia ni toda originaria, aunque valga la pena mencionar que el menoscabo a las naciones étnicas reconocidas por la provincia (actualmente nueve) representa un etnocidio. Dejar morir una identidad cultural, y cuando digo morir es literal, es una decisión propia de un modelo de estado determinado, al que todos los gobiernos salteños de la democracia han adscripto. Se trata de un modelo de estado capitalista -prioriza el mercado-, liberal -individualista-, antropocéntrico -el humano por encima de las otras especies- y androcéntrico -patriarcal-.

El dengue es una enfermedad de transmisión vectorial -a través de la picadura de un mosquito- que desde hace ya varios años está en la agenda sanitaria de Argentina y especialmente de Salta. Aun así, año a año, y siempre excusándose en la falta de buenos hábitos de higiene antes que reconociendo que es una de las consecuencias de ese modelo de estado que mencionábamos, el dengue es una preocupación acuciante.

La desazón por antonomasia, tal vez, haya sido la Orán de hace unos años, a manos de Marcelo Lara Gros. Allí, el dengue no fue la preocupación habitual, sino que fue la sorpresa de un verano no muy lejano. Increíblemente, una enfermedad que, insistamos, hace mucho está en agenda, tomó por sorpresa a un municipio. Y, por supuesto, el sistema de salud local no dio abasto con la cantidad de afectados. En ese marco, la imagen de Isabel Macedo y Juan Manuel Urtubey recorriendo los pasillos de una institución sanitaria, donde había incluso gente tirada en el suelo, recorrió las pantallas del país.

¿Cómo no le voy a tener miedo a este resfrío oriental que no conocemos? Sí, es un resfrío de mierda y no es que tenga una paranoia inducida por el sensacionalismo de algunos medios, que, seamos honestos, cada vez tienen menos efectos. Tengo temor porque todavía nos toman por sorpresa las potenciales epidemias ya conocidas y, si acaso el resfrío oriental llegara, desconocido para nosotros como es, no cuento con mucho antecedente al que aferrarme para creer que lo vamos a neutralizar fácil.

Y probablemente a mí no me pase nada, tampoco a mi hija -el resfrío oriental no se expande tanto entre niños-, ni a mi gente cercana. Una vez más serán los cuerpos sometidos por el modelo de estado histórico, la mayor parte de ellos de comunidades originarias, los que pagarán las consecuencias. Sólo pensarlo me revuelve las tripas, paso del miedo a la bronca. Insisto, lo mío no es paranoia.