29 Abril 2020

Rasero de clase: de un abogado a un trabajador golondrina

El cuarto contagiado de Salta demorará la auspiciosa salida de la cuarentena que se avizora para Salta. Para nada menor el trato dispensado por el gobernador, indignado con menos temple del que mostró al informar sobre el primer caso. 

Franco Hessling

Después de varias semanas sin novedades sobre el Covid-19 en Salta, finalmente el fin de semana pasado se conoció el cuarto positivo. Se trata de un trabajador golondrina que volvía desde Río Negro y que intentaba ingresar a la provincia sin anunciarse en las entradas formales dispuestas por la situación de excepcionalidad que implica la cuarentena obligatoria y el combate contra la propagación de la pandemia.

Pese a ello, el colectivo fue detectado y los tripulantes que descendieron en Salta fueron rastreados para ser sometidos a los testeos correspondientes. Una vez que se confirmó que el trabajador tiene coronavirus por un contacto estrecho con otro contagiado, se lo aisló de modo preventivo en el hospital Papa Francisco, nosocomio que fue preparado para encabezar los procedimientos sanitarias correspondientes al Covid-19.

Los tres casos anteriores ya han sido dados de alta y éste se convierte en un nuevo alerta. Lo positivo es que el virus sigue sin tener circulación comunitaria en Salta, pero habrá que esperar algunos días más para saber si el trabajador golondrina que pretendió evitar los controles dispuestos no dispersó el coronavirus entre otras personas que hayan tenido contacto estrecho con él antes de que fuera aislado por el Gobierno de la Provincia.

Cuando todo se encaminaba a flexibilizar de modo sustancial la cuarentena nacional, puesto que en Salta la crisis se veía controlada, este caso tornará lento ese avance. Es decir, retardará la conclusión del confinamiento obligatorio al que estarán obligados los grandes conglomerados por varias semanas más, en razón de que la enfermedad prolifera con mayor celeridad en las grandes urbes.

Sin embargo, desde esta semana Salta se encuentra entre las provincias que han reactivado ciertas actividades, principalmente aquellas que permiten regenerar los movimientos económicos que desde hace varias semanas están prácticamente paralizados. Entre ellos, las obras privadas y el ejercicio de profesiones liberales, tales como la abogacía o las ciencias económicas.

Lo llamativo fue la reacción venal del gobernador contra el trabajador golondrina contagiado, quien ya había sido oportunamente imputado en la Justicia por su actitud de conculcación a las normas sanitarias dispuestas en este Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio. Gustavo Sáenz propinó agravios al muchacho y aprovechó la ocasión para reafirmar que será rígido con quienes inclumplan lo dispuesto por el gobierno.

Curiosa actitud la del gobernador con un trabajador, evidentemente de situación marginal -de allí su condición de golondrina-, si se la compara con su templanza y comprensividad con el primer contagiado salteño, perteneciente a un estrato social más opulento y mejor conceptuado por la oligarquía. Al conocerse el caso, el gobernador no atacó al abogado, como sí lo hizo con el trabajador golondrina. Rasero de clase.