09 Mayo 2020

El diluvio después de la tormenta: el Gobierno prepara el terreno

Cuando pase la situación de excepionalidad por el nuevo coronavirus vendrá una nueva crisis económica que la Casa Rosada intentará minimizar diciendo que es el precio por haber “salvado vidas”. No las de wichís, no las de mujeres, no las de infectados de dengue.

Franco Hessling

Si bien la cuarentena nacional se prolongará por lo menos hasta el 24 de mayo próximo, con ciertas flexibilizaciones, en Salta habrá más apertura que en las zonas más comprometidas del país con respecto al nuevo coronavirus, principalmente la ciudad de Buenos Aires y el conurbano. De igual manera, tal cual las fases socio-sanitarias previstas por el Gobierno de la Nación, incluso la úlitma etapa de cuarentena no será un arribo a la normalidad que conocíamos antes, sino que será la bienvenida a una “nueva normalidad”.

¿Y qué implicará esa nueva normalidad? A niveles de socialización habrá muchas consecuencias, entre ellas, los nuevos hábitos de higiene, el consumo de alcohol en gel tanto como embotellado y el distanciamiento entre las personas. Tampoco se avizoran pronto retorno de espectáculos públicos masivos, como los deportivos o culturales, sin mencionar la asistencia a los cines o el pernocte en zonas de bares y pubs.

Pero si el análisis se torna meramente económico, el gobierno de Alberto Fernández viene manipulando el humor social para que la crisis que se avecina sea vista como un desprendimiento directo de haber “salvado tantas vidas”. No se refiere a las vidas de los afectados por dengue, ni a los wichís de una provincia remota como la nuestra, está más que claro.

En las metáforas que se han venido usando para explicar la atipicidad de este 2020 muchas veces se asimiló la pandemia como una tormenta inesperada, que arrecia y amenaza con llevarse todo a su paso, a la que no hay más antídoto que oponerle medidas de excepcionalidad, aquellas que facultan a los gobierno a arrogarse superpoderes, los cuales, como si de la teoría del derrame se tratase, empapan hasta los eslabones más escuálidos del poder, como las fuerzas policiales, siempre dispuestas a abusar del poco o mucho poder que tengan.

Si esa metáfora se hace extensiva a lo que se avizora como “nueva normalidad”, entonces hay que decir que cuando pase la tormenta viene el diluvio. Habrá que ir martillando maderas para armar el arca porque las muertes que supuestamente evitó la Casa Rosada con la cuarentena podrían venir por la violencia, el hambre y el caos que se sucederán después.

Ese diluvio que se prevé no se explica sólo por la contingencia del Covid-19, a pesar que Fernández y sus edecanes intentarán justificar de aquí en más todo cuanto cause incordio a partir de la pandemia que se vivió en 2020. Es más, los más lúcidos entre esa runfla dirán que entre el “huracán” Mauricio, que se prolongó cuatro años, y el nuevo coronavirus no hay gobierno que pueda sostenerse sin ajustar, reprimir, etc.

Hará falta que en esos tiempos tengamos en cuenta que la información sobre la pandemia en nuestro país fue centralizada, no sabemos si manipulada o no, por el Gobierno nacional y que, entonces, han venido creando, gracias a la realidad o por la realidad que crearon, el humor social justo para el argentino medio pelo, pero el medio pelo en serio, crea que el diluvio que viene después hay que aguantarlo, igual que hay que aguantar los ajustes, las represiones y demás arbitrariedades. ¿Y el impuesto a las riquezas en qué quedó?