29 Mayo 2020

El problema real y estructural tras los terrenos tomados: el déficit habitacional

Ciertos los intereses políticos denunciados por el gobernador y cierta también la carencia que acusan los manifestantes, lo que convendría discutir es la forma de salir, de una vez por todas, de uno de los problemas más acuciantes para la población salteña.

Franco Hessling

En los últimos días se sucedieron una serie de asentamientos en la ciudad capitalina que desembocaron en fuego cruzado entre el Gobierno de la Provincia, en la voz del propio mandatario Gustavo Sáenz, y algunos representantes de la oposición. Finalmente, los intentos de asentamiento fueron levantados y ha quedado abierto el compromiso de avanzar en resolver la situación habitacional de los manifestantes.

Sinteticemos el meollo político del asunto: Gustavo Sáenz accedió a los chats de celular donde se devela que había organización previa y durante la toma de terrenos. ¿Alguien puede creer que no se necesita organización para movilizar a grupos de personas? En ese sentido, la denuncia del gobernador suena infantil, acusar de “político” un movimiento de protesta por déficit habitacional más que una denuncia es una obviedad.

Por otra parte, seamos claros en esto, no es menos cierto que algunas figuras dirigenciales de la oposición prestaron su apoyo a la organización. ¿En qué momento se volvió una ilegalidad la conspiración? ¿La organización política? En verdad, tomar un terreno que no es propio puede ser visto como una conculcación, pero si se observa la acción como una medida de protesta ante el déficit habitacional, innegable, ¿dónde está el problema de que la oposición participe en la organización del reclamo? ¿No es acaso lógico?

Resumido el trasfondo político, que insistamos que nos parece lógico más que llamativo, sólo resta reenfocar la discusión en torno a estos sucesos recientes. El problema, lo repitamos, no estriba en que el oficialismo y la oposición tengan disidencias ni participen de sendos espacios, tanto de denuncia como de resistencia. El problema es que el déficit habitacional existe efectivamente y de modo estructural.

No es menor resaltar el rol del matutino El Tribuno, propiedad de la familia Romero, que dio luz al senador nacional Juan Carlos y a la intendenta capitalina, Bettina. Mucho fogoneó la denuncia sobre la ilegalidad de la toma, sin mencionarla como protesta, y poco ahondó en el espurio pasado del ex gobernador en cuanto al manejo de terrenos en Salta. Como se sabe, las causas en su contra, algunas de las cuales directamente vinculadas con el tema de viviendas y loteos, están frenadas desde que Romero y Urtubey saldaron sus diferencias, en febrero de 2016 tras un encuentro en Finca Las Costas.

El déficit habitacional de Salta, que es el problema que realmente deberíamos estar discutiendo, anida en desmanejos de funcionarios, corrupción que ha sido judicializada, un modelo que favorece a los pudientes y un crecimiento demográfico que para nada va de la mano con las prioridades infraestructurales que han venido teniendo los gobiernos salteños.

Lo han señalado los informes del Gobierno de la Nación anterior, que dispuso fondos para mejorar ciertas barriadas marginales, que en algún otro momento fueron asentamientos, u organizaciones del tercer sector, como Techo. Sería óptimo que en vez de buscar “culpables” o denunciar lo obvio, razones políticas, empecemos a discutir como provincia un plan serio que acabe con este, uno de tantos problemas estructurales.