06 Junio 2020

El ocaso de la cuarentena

Ante sucesos y resultados de los últimos días, cada vez es menos creíble que estemos “salvando vidas”. El desborde del sistema sanitario se avizora ineluctable y argumentos como el del fiscal chubutense con su “desahogo sexual” invitan a pensar que ya no hay un clima social de tanta aceptación. 

Franco Hessling

Aunque la semana que pasó no fue precisamente la mejor en lo que a Salta y el nuevo coronavirus respecta, los factores psico-social y económico se tornan cada vez más inminentes como causas para cambiar las condiciones de la cuarentena. Todavía se puede afirmar, no sin cierta prudencia, que la provincia está exenta de circulación comunitaria del virus, un dato que da a pensar que basta con cierta rigurosidad y protocolos para mantenerse a resguardo.

Por esa razón, son fundamentales los instructivos y el compromiso responsable de la población. No queda más, lamentablemente para los enamorados del modo paternalista de administrar el estado que tiene el peronismo, la cuarentena tal como se inició se ha tornado insostenible y, salvo por las clases y los grandes espectáculos públicos, todo el resto de las industrias, comercios y servicios piden pista a gritos.

Los comercios de diferentes rubros recibieron en los últimos días la noticia de que realizarán horario corrido -tendrán la facultad para hacerlo-, pero además solicitaron que los supermercados vendan sólo productos considerados esenciales, de tal modo que el resto de la demanda se vuelque a quienes emprenden rubros específicos.

El pedido suena irrisorio, puesto que ni los supermercados aceptarían de buena gana semejante restricción ni habrá gobierno con tanta falta de lectura social como para ganarse así, de buenas y primeras, el enfado de las grandes cadenas. Aunque, ciertamente, no se ven muchas opciones para hacer repuntar las pérdidas que están experimentando los pequeños y medianos comercios.

Hemos venido advirtiendo desde estas líneas que difícilmente se pueda sostener el encierro como política sanitaria, puesto que el encierro no es en sí misma una política sanitaria sino una manera de dilatar en el tiempo un problema. Sabían los genios de la cuarentena, y con tino, reconozcámoslo, que el aislamiento serviría para retardar lo que ineluctablemente pasaría: el aumento de casos y muertes. La intención era dilatarlo para que durante ese margen de tiempo se fortaleciera el sistema de salud y se haga más difícil que, cuando los contagios aumentaran, se desborde el sistema sanitario. Aunque hubo altisonantes noticias oficialistas anunciando avances en ese sentido, lo cierto es que ahora que aumentó la famosa curva el propio Gobierno de la Nación admite en sus gestualidades cierto temor al….cha cha cha chan….desborde del sistema sanitario.

En resumidas cuentas, la cuarentena no cumplió su cometido de evitar el desborde, o al menos todavía no podemos garantizarlo. Sin embargo, sí ha mellado a estas alturas el humor social y los bolsillos. Ya nadie acepta de buena gana seguir encerrado, con la economía en marasmo y el supuesto lema de “estamos salvando vidas”. Más que salvar vidas, en los últimos días parece que la cuarentena sirve para justificar crímenes, como la violación en manada en Chubut que fue considerada por un fiscal como “desahogo sexual”.