01 Julio 2020

Las paradojas de querer conformar a todos

La decisión del gobierno provincial de restringir ciertas salidas y volver a la circulación por finalización de DNI engloba una serie de inconsistencias que conviene repasar. 

Franco Hessling

Decir que gobernar no es cosa fácil es un facilísimo, permítaseme la redundancia, aunque no es facilista reconocer que gobernando, fácilmente las tensiones pueden salirse de control. Difícil conformar a todos gobernando, diría que no hay mayor dificultad si de administrar voluntades colectivas se trata. Difícilmente sea fácil explicarlo.

Entonces, lo grafiquemos sólo relatando con soberbia objetividad lo que ha ocurrido en los últimos días en Salta con respecto a la pandemia. El domingo por la noche el gobernador, Gustavo Sáenz, presentó una serie de filminas con algunos datos estadísticos sueltos, entre ellos la cantidad de contagiados y muertos de las provincias del NOA y del NEA, y la proporción de infectados por cada millón de habitantes.

No quedó claro si con estrategias inferenciales o descriptivas, pero la interpretación estadística de esa serie de guarismos expuestos en placas desembocó en que los salteños estábamos viviendo con excesivo relajamiento la situación de flexibilidad de la que gozábamos por no tener circulación comunitaria del virus. Paradoja uno: como no tenemos circulación comunitaria gracias a las políticas del gobierno, el gobierno decide que es momento de echarse para atrás con ciertas flexibilizaciones, que se estaban viviendo de la forma en que se pueden vivir: adecuándose de modo paulatino a la nueva normalidad.

La decisión comunicada por el gobernador, se entiende, es de carácter preventiva. Pero también, en los términos en que se expuso, fue una reprimenda a la población por un “excesivo relajamiento”. Paradoja dos: la culpa -sentir católico si los hay- siempre es del otro, el atajo clásico del peronismo: son los gorilas, la oligarquía, la izquierda que “critica todo”, o los “imbéciles que siguen circulando” en palabras recientes del propio presidente de la Nación. Nunca es la corrupción endémica, la criminalidad organizada que el estado sostiene ni la anuencia con tales o cuales empresarios nacionales, o con tales o cuales capitales extranjeros.

El reto y la puesta en penitencia, que se prolongará una semana según lo decretado por el gobierno provincial, al entrar en detalles, es un vivo reflejo de lo complicado, y hasta ilógico, que puede ser intentar conformar a todos. La circulación restringida por finalización de DNI, divididos los días entre pares e impares, alcanza al ingreso al centro de las ciudades con más de 30 mil habitantes, aunque intenta no perjudicar a ciertos rubros, como los bares y los gimnasios, que hacía apenas algunas semanas que habían retomado las actividades.

Por si no queda claro: se puede salir cualquier día a tomar una birra o comerse unas empanadas, se puede ir al gimnasio todos los días -increíblemente hay humanos que hacen eso sin ser profesionales del deporte-, pero para ir al súper o a las peatonales de Salta capital hay que salir según finalización del DNI. Si usted tiene su gimnasio en el centro de la ciudad, esté preparado para trenzarse en un debate de poco vuelo con algún policía de los que se creen salvadores de vidas.

Gran paradoja: no se ha incrementado la capacidad sanitaria desde que al principio se optó por destinar el Papa Francisco como centro de referencia para tratar los casos de Covid-19. Lo digamos una vez más, la cuarentena en sí misma no es una política sanitaria. Si no hay política sanitaria estratégica no es por relajación de la ciudadanía.