01 Octubre 2020

El segundo semestre del peronismo es la postpandemia

Franco Hessling

Igual que el macrismo prometía mejoras en el segundo semestre, mejoras que nunca llegaron, el gobierno de Alberto Fernández usa a más no poder el fundamento de la pandemia, como si al domesticar al coronavirus floreciera un país próspero.

Hasta el año pasado la situación de crisis económica era interpretada por más de la mitad de los argentinos, al menos eso se desprende de las últimas elecciones nacionales, como una consecuencia directa de las políticas de gobierno de la Alianza Cambiemos, que, hay que reconocerlo, iban en línea con un ultra-liberalismo apoyado en las finanzas, el mercado internacional rapaz y los enormes beneficios para la inversión angurrienta de los capitales internacionales.

Entonces, la campaña de gobierno se asentó en una profunda esperanza: algunos decían que volverían a comer asados los domingos, otros que volverían a tener trabajo, otros tantos que su industria repuntaría, algunos, más modestos de aspiraciones, que volverían a ver fútbol sin costos adicionales y otros más que podrían volver a viajar al exterior o ahorrar en dólares.

La pandemia se interpuso en el momento justo para que la Casa Rosada tenga un argumento suficientemente solvente para justificar que nada de eso ha ocurrido, y que los datos económicos son más que desalentadores, son francamente catastróficos. Ese mismo argumento se viene utilizando hace un semestre. Quizá el mismo segundo semestre que esperaba Mauricio Macri.

La semana pasada el INDEC, al que el oficialismo actual acostumbra a manejar a placer, como con toda la información pública, publicó datos contundentes sobre el estado catastrófico de la economía. Y altos funcionarios gubernamentales aprovecharon la ocasión para afirmar que lo que se viene es todavía peor, claro, siempre culpa de la pandemia.

El hecho de que el gobierno maneje la información pública a su antojo y de que la publicación de datos alarmantes en materia de desocupación, pobreza y déficit económico haya habilitado a que encumbrados funcionarios ratifiquen el camino de debacle sirve como demostración de que pretenden que la sociedad se vuelva dócil ante la miseria y, además, que se crea que la miseria no tiene nada que ver con las políticas de gobierno.

Repasemos algunas de las prioridades económicas de este gobierno: pagar la misma deuda externa que consideró ilegítima cuando fue tomada, no ofrecerle ingresos de emergencia a quienes ya viven con alguien que tiene ingresos -por más magros que sean-, subvencionar a millones de argentinos con un ingreso menor al Salario Mínimo Vital y Móvil y sostener el esquema tributario regresivo del país.

En cambio, para que queden claro que aunque Alberto Fernández no es Macri tampoco están tan lejos, no se han generado impuestos a las grandes fortunas -aunque hay mayoría oficialista en el parlamento y se lo declamó-, no se han expropiado grandes capitales que vienen desinvirtiendo -como Vicentín, que fue puro amague-, ni se ha bajado el IVA o el confiscatorio impuesto a las ganancias. Sigamos esperando el segundo semestre.