01 Octubre 2020

El diputado chupachichi, la despolitización y la decadencia

Franco Hessling

Aunque muchos dirán que hacer hincapié en lo ocurrido con Ameri la semana pasada no hace más que sembrar el desencanto al respecto de la política, lo importante es señalar que esa desmotivación la causan las bases acríticas, los militantes por clientelismo y la decadencia de las organizaciones.

Hace algunas semanas atrás el Congreso de la Nación fue noticia por primera vez tras su paso a la modalidad remota luego de que el senador Esteban Bullrich colocara una gigantografía suya frente a la cámara y se marchara de una reunión de comisión. El caso cobró relevancia pero la desvergüenza pudo más y Bullrich sigue ocupando su escaño, sin que la presidenta del cuerpo, Cristina Kirchner lo interpelara de modo institucional.

La semana pasada volvimos a vivir otro episodio bochornoso, aunque esta vez la cosa nos tocó más de cerca como provincia ya que el implicado fue un diputado provincial por Salta, el ahora ex legislador Juan Emilio Ameri. Por si alguien no se enteró, o acaso se río de memes sin entenderlos del todo, lo que ocurrió fue que durante una sesión ordinaria el entonces diputado Ameri le besó los pechos en cámara a una mujer.

El repudio generalizado, que comenzó con la propia autoridad del cuerpo, Sergio Massa, estalló en pocas horas y conllevó que Ameri deba presentar su dimisión anteponiendo disculpas por haber deshonrado al cuerpo deliberativo. Claro, ese gesto de mesura vino luego de que declarara que el hecho se había dado porque recién le acaba de pagar la operación de implantes mamarios a la muchacha en cuestión y que por eso le había besado el busto.

Antes de que el efecto avalancha fuese más grande, alguien con un mínimo de tino dentro del Frente de Todos habrá llamado a Ameri para decirle que acabara de una vez por todas con sus mamarrachos y que renunciase. La demora estuvo dada, muy probablemente, porque faltaba quién tuviera el tino suficiente.

El asunto volvió a poner en tela de juicio los armados de las listas, no tanto porque Ameri haya sido sólo un indecoroso, más bien porque incluso ya pesaban en su contra acusaciones y hasta denuncias por violencia de género. De hecho, varias camaradas suyas admitieron su silencio, que bien podría ser leído como hipocresía, al respecto de los acosos de Ameri.

Por otra parte, mucho se pujó para que asuma la mujer que venía inmediatamente después de Ameri en la lista: Alcira Figueroa. Sobre ella no se conoce más mérito que un título universitario, años de militancia dentro del peronismo y cargos en el INTA. Con eso bastó para que una buena porción del kirchnerismo salteño sintiera que ella era una mejor opción que el diputado chupachichi.

Lo ocurrido con Ameri, pero además todo lo que desencadenó después, deja al desnudo la decadencia de la política argentina. Y algunos dirán que eso, y que resaltarlo, no es más que fomentar la despolitización de la ciudadanía. Diremos entonces, en nuestra defensa, que la despolitización la sostienen los que militan tan disciplinadamente que se comen sapos como Ameri, Bullrich y un laaaaaargo etcétera.