19 Noviembre 2020

Sin PASO y con votación electrónica

Está todo encaminado para que las PASO se suspendan el año que viene en Salta -aunque no serán eliminadas definitivamente-, pero no se avanza en discutir el costoso y vidrioso sistema de votación electrónica.

Franco Hessling

La semana pasada, en esta columna reseñábamos las recientes discusiones que suscitaron a partir del año electoral venidero y la contingencia pandémica. En ese marco, destacábamos el asunto de las Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y la posición del gobernador Gustavo Sáenz de suspenderlas, línea a la que finalmente adhirió una gran cantidad de mandatarios provinciales del país.

En ese marco, en Salta ya hay proyectos para que el año que viene no haya PASO, que tiene media sanción en Diputados. Sin embargo, el ministro de Gobierno, Ricardo Villada, ya aclaró que por lo pronto la intención del Ejecutivo está centrada en acabar con las dobles candidaturas y en fomentar que los candidatos tengan una conducta impoluta (se conoce como “ficha limpia”).

Pese a que el año que viene se suspenderían las PASO, lo cierto es que no está en la agenda del gobierno eliminarlas definitivamente, al menos no antes de que se dé una discusión de fondo al respecto. En ese debate, claro, la cuestión presupuestaria no sería menor, ya que cada turno electoral significa una enorme erogación estatal.

El debate que parece no tener lugar ni en esta ocasión ni en lo próximo es la cuestión del sistema de votación electrónica, tan mentado por el gobierno anterior, al punto tal que Juan Manuel Urtubey intentó que ese fuera uno de los caballitos de batalla con los que su figura se impulse a nivel nacional. Ese proyecto fracasó, salvo en Buenos Aires con la reforma de María Eugenia Vidal.

La opción viable y confiable, es decir, que redunda en beneficios económicos y democráticos -porque es sobradamente más transparente- es la boleta única de papel, que en Argentina sólo se aplicó en Santa Fe, en tiempos en los que gobernaba el Socialismo de Hermes Biner. No es casualidad que ninguna otra fuerza haya buscado impulsar un cambio hacia ese régimen.

El sistema de votación electrónica es costoso, tercerizado en manos privadas y de acceso exclusivo para expertos técnicos. Es decir, no cualquiera puede verificar la transparencia de los procesos, y eso ya lo convierte en un sistema oprobioso, amén de que se lo use o no para consumar fraudes electorales.

El régimen analógico con votos para cada fuerza representa un gasto ingente no sólo para el Estado sino también para los partidos políticos, es decir, afecta especialmente a aquellas corrientes con menos envergadura económica y ello, directa o indirectamente, atenta contra el afán de diversidad y representatividad. La boleta única, en cambio, es de fácil seguimiento para cualquier ciudadano, no afecta a los partidos de menos recursos y ahorra dinero público.