14 Enero 2021

Elecciones de medio término para un oficialismo abigarrado

Este año será la primera prueba electoral del oficialismo que transita su primer mandato. Podría resultar difícil contener a todas las fuerzas que participaron de la campaña de 2019 y que hoy forman parte del gobierno. 

Franco Hessling

El que acaba de comenzar será un año electoral, de comicios de medio término, que en este caso tanto a nivel nacional como provincial significa la primera prueba en las urnas para los flamantes gobiernos, que transcurren su primer mandato al frente de sendos poderes ejecutivos. Se trata de una prueba importante, incluso cuando se sabe que no es definitoria.

Las elecciones de medio término suelen marcar un rumbo, aunque en muchos casos sirven para que los derrotados revisen ciertas cosas y, si está a su alcance porque son gobierno, realicen tales o cuales acciones que terminan por revertir el sinsabor. Así ocurrió con el kirchnerismo en 2009-2011, por ejemplo, o con el oficialismo provincial en 2017-2019 (hay que recordar que Juan Manuel Urtubey apoyó a Gustavo Sáenz).

Suele pasar, además, que en ese tipo de elecciones los oficialismos, empachados por las mieles del poder, muestran sus fisuras y terminan fracturados en la contienda electoral, algo que los debilita y allana el camino para las oposiciones. Ello a menudo se resuelve ante las contiendas electorales en las que se disputan cargos ejecutivos.

El caso del gobierno de Sáenz en Salta no escaparía de esas lógicas durante este 2021. Para llegar a Grand Bourg se traccionaron alianzas que serán difíciles de sostener inmutables de cara a lo que se viene y ello podría fortalecer a la oposición, siempre y cuando ésta no caiga en las mismas mieles de arrogancia que los oficialismos suelen tener.

Pensemos en lo abigarrado que es que en un mismo espacio político convive gente de Memoria y Movilización, como Mariana Reyes, con referentes de la fuerza de Ignacio “Facho” Jarsún, a su vez con ciertos resabios de aliados a Juan Pablo Rodríguez, algún que otro colado del romerismo, como Sergio Camacho, y el peronismo clásico encabezado por Antonio “Gringo” Marocco.

Ello sin mencionar que hay un “saenzismo puro” dentro del cual, sin embargo, hay dos líneas bien marcadas, signadas por los coordinadores generales de la gobernación. Por un lado, la tropa de Nicolás Demitrópulos, de quien se dice que construye sus acólitos a fuerza de presión y temeridad. Y por otra parte la línea peronista de Pablo “Loro” Outes, que viene intentando reingresar en el PJ desde que Sáenz asumió como gobernador.

¿Qué ventaja tiene el saenzismo pese a este cuadro de diversidad que difícilmente pueda contener en las venideras elecciones de medio término? La increíble falta de astucia de la oposición mejor posicionada, es decir, del progresismo-kirchnerismo local. Al punto tal que sus máximos dirigentes son Emiliano Estrada, Gonzalo Quilodrán -que están en Buenos Aires-, Sergio Leavy -apocado tras el fracaso de 2019- y Nora Giménez -desacreditada por el nepotismo que la ha venido caracterizando en los últimos años-.