10 Junio 2019

Las políticas económicas y su impacto en la vida diaria

Muchas veces oímos a las personas decir cosas como: “Todo lo que tengo me lo gané trabajando”, “No importa quién gane las elecciones, yo mañana tengo que seguir trabajando”, “A mí nadie me regaló nada”, “Acá no labura el que no quiere”, “Estoy harto de mantener vagos con mis impuestos” y muchas otras frases similares, expresadas por gente de bien, que entiende que la relación trabajo-nivel de vida depende exclusivamente de uno mismo.

Por Gabriela López *

Cerca de esas frases está el concepto de meritocracia entendida como la relación entre el esfuerzo estrictamente personal y los resultados obtenidos. El merecimiento de algunos, que inevitablemente lleva a entender que “otros” no son merecedores.

El Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, en su libro “El Precio de la Desigualdad“, señala que el 90% de los que nacen pobres mueren pobres por más esfuerzo o mérito que hagan, mientras que el 90% de los que nacen ricos mueren ricos, independientemente de que hagan o no mérito para ello.

La frase señala la mentira de la concepción de meritocracia puesto que al no partir todos del mismo piso, el mérito no es enteramente personal, ya que no es ningún mérito haber nacido en determinada familia, en determinado país o provincia y en determinada época.

Tampoco es lo mismo nacer varón que nacer mujer. Y nada de eso es mérito propio. En nuestro afán de progreso, ponemos la mira en el objetivo a alcanzar (la riqueza, por ejemplo) y si no es posible alcanzarla, nos conformamos con no dejarnos alcanzar por aquellos que están peor que nosotros.

Porque si yo, que me lo merezco, no puedo crecer, ¿por qué aquellos que no se lo merecen van a alcanzar mi estatus? Esa forma de competencia insana no hace más que enfrentar a pobres contra pobres; porque convengamos que pesos más, pesos menos, ninguno puede calificarse de “rico” y lo de clase media no es más que una forma elegante de llamar a los pobres que se dan algún gusto.

Lo que debemos entender, es que el impacto de las políticas económicas que toma un gobierno determinado, no alcanza únicamente a los que viven de la política o a los pobres o a los planeros o a un sector exclusivo de la población, sino que nos afectan a todos por igual.

Para explicarlo de manera abreviada, podemos decir que en los últimos años hemos escuchado hablar de dos modelos: el del derrame o el de crecimiento del mercado interno. Consideremos el modelo derrame y sus efectos en la economía familiar.

Creer que si los ricos se enriquecen más, eso va a significar que más gente va a estar mejor me recuerda a la frase que repetía mi madre: ¿Cómo vas a dejar comida en el plato con tantos chicos en África que se mueren de hambre?  Siempre me pregunté cómo influía el que yo engordara en que otros niños dejaran de morir de hambre.

Un gobierno que prioriza la teoría del derrame, se concentrará en acentuar las diferencias de clase priorizando los intereses de pocos sobre el bienestar de muchos. El resultado de ello es que desaparezcan los que están en el medio (la clase media) y eso se provoca con políticas que impactan en las pequeñas y medianas empresas. Podremos ver un aumento de los impuestos sobre las clases más bajas favoreciendo a las clases más acomodadas.  Cuando hablamos de impuestos, no nos referimos únicamente a lo que se paga en AFIP, sino que se deben considerar también a los servicios básicos y a la inflación.

En la mayoría de los países del mundo (especialmente en los más desarrollados) se subsidian los servicios ya que se consideran derechos humanos (de ahí su denominación de servicios básicos). Y se beneficia con tarifas especiales a los más vulnerables (pobres, ancianos, discapacitados) y a las pequeñas y medianas empresas.

Esto es así porque ellos comprenden que son esas pequeñas empresas las que ofrecen la mayor cantidad de puestos de trabajo y con ello, brindan a la población un ingreso que les permite vivir dignamente, ahorrándole al Estado la obligación de asistirlos. Respecto de la inflación, podemos afirmar que es el mayor factor de desigualdad, ya que afecta directamente al poder adquisitivo de los salarios, es decir, lo que podemos comprar con nuestro sueldo (ver apartado).

Por eso no es estrictamente cierto que alcance con trabajar para comprar las cosas que queremos ya que cuando hay mucha inflación y no hay crédito, es mucho más difícil alcanzar nuestros objetivos. Y eso depende de las políticas económicas.

Por último, debemos entender que los gobiernos deben velar por el bienestar de toda la población y que sin fortalecer una gran franja de sector privado (que son las PYMEs) no es posible pretender que la población tenga trabajo con remuneración digna.

Lo que nos queda es reconocer que lo verdaderamente importante de un gobierno no son los nombres sino los modelos económicos que se propongan implementar.

 

* CPN y Diplomada en Acción Pública Territorial y Gobierno Local