Imprimir esta página
10 Agosto 2020

La otra pandemia

Por Natalia Aguiar
Desde hace décadas la Argentina se ha destacado por tener desafíos inalcanzables, y ahora la pandemia del Covid puso sobre la mesa la vulnerabilidad de los cimientos en los que se erige nuestro país. Pobreza, desnutrición y necesidades extremas de los más pequeños.

Duele a corazón partido que nuestros niños sufran. Es que la otra pandemia ya azota con crueldad a los argentinitos. A los nuestros, a los indefensos.

El aumento de la pobreza impacta directamente en su crecimiento y desarrollo intelectual. Según un informe de Unicef, seis de cada diez niños argentinos serán pobres antes de fin de año. Dos vivirán en hogares en los que no se llega a cubrir la alimentación más básica porque ya, en estos momentos, una de cada cuatro familias tuvo que dejar de comprar ciertos alimentos durante la cuarentena. Además, el 10% de la población asiste a comedores como estrategia de supervivencia alimentaria. Unicef estimó la pobreza infantil y de esta manera pone sobre la mesa la realidad social de miles de niños, niñas y adolescentes, como así también los cambios que el Covid-19 generó en su forma de vida, su alimentación y desarrollo.

Los números generan escalofrío: entre diciembre de 2019 y diciembre de 2020, la cantidad de chicas y chicos pobres pasaría de 7 a 8,3 millones. No podemos hacernos los distraídos o mirar hacia otro lado. Hablamos de nuestros niños, nuestro futuro.

El informe debe hacer reaccionar a los gobernantes de bien: El 48% de los niñitos menores de seis años cambió su forma de comer, para peor. El 46% sufre alteraciones del sueño: tiene pesadillas, insomnio, o duerme hasta tarde. Un 16 %, además tuvo cambios en la forma de comunicarse con sus padres. Al organismo de Naciones Unidas le preocupa también la salud emocional de los niños que debe ser una prioridad central que atender durante la pandemia, dado que “se corre el riesgo de desarrollar manifestaciones y problemas significativos como estrés, ansiedad o depresión", según el informe.

Entre los chicos en edad primaria, también se vieron cambios. Si bien el 95% dijo que continuó con la escolaridad, hay grandes diferencias entre los que tienen accesos a recursos tecnológicos y los que no. Durante el encierro casi el 70% de los hogares se suspendió la atención médica de los chicos y se descontinuaron los controles pediátricos y el 27,7% los chicos no fueron vacunados como indica el calendario.

"Entre los efectos que desencadena la caída de los ingresos familiares y del empleo, se puede presentar la reducción del gasto en alimentación, situación que puede desencadenar mecanismos de ajuste al interior de los hogares en perjuicio de los niños, niñas, adolescentes, con efectos sobre su bienestar y salud", explicó Sebastián Waisgrais, especialista en Inclusión Social y Monitoreo de Unicef, encargado de presentar el estudio. "El sistema de protección social en Argentina tiene una cobertura alta. El 57% de los hogares con menores de 18 años reciben algún tipo de transferencias", advierte. Pero esto no resulta suficiente.

 

Que la indiferencia perezca

Si bien Alberto Fernández logró  arreglar los asuntos con el Fondo Monetario en plena pandemia del Covid y la cuarentena anticipada logró cifras menos crueles, lo que deberá afrontar requerirá de proyectos sólidos con miras a futuro. No resultan efectivos los planes sociales porque no solucionan el problema de fondo. La gente merece soluciones de raíces, que faciliten el acceso a la alimentación, educación, salud y a desarrollar en cada argentinito la dignidad del trabajo.

El Ingreso familiar de Emergencia (IFE) durante tres meses significó para el Estado $265.000 millones, un equivalente a 0,77 por ciento del Producto Bruto Interno. Fue un paliativo, una salida ante el Covid, pero no es la solución.

¿Será utópico anhelar políticas públicas inclusivas para cada argentino pequeño y en desarrollo? ¿Será utópico que nuestro Estado benefactor se vuelque por enseñar a trabajar, por la dignidad de un oficio, un rol social? ¿No podremos pensar todos juntos un país que incluya? Porque estereotipar a la gente como carente de recursos, pobre o necesitado de planes sociales no conduce a buen puerto. Nuestros niños nos necesitan. La realidad no puede taparse con planes. Se necesitan manos dispuestas a trabajar por un futuro digno.