21 Septiembre 2020

La venganza será terrible

Por Natalia Aguiar
Lamentablemente Argentina no es un país de primer mundo, a los que se los define por la seguridad jurídica, la seriedad de sus instituciones y el respeto de los ciudadanos y políticos a ellas. Cuestión que claman los argentinos a lo largo y ancho del país con banderazos.

Los argentinos claman por un país respetable. No contamos con seriedad y compromiso de los políticos, y la seguridad jurídica desde hace décadas es una ilusión óptica, y los gobernantes de turno manipulan las instituciones a ton y son. Se vincula a la política con una posibilidad de tener un buen pasar y cambiar el nivel de vida. Por eso la gente de trabajo genuino, de bien, se aleja de la política, se resiste a participar porque resulta intolerable para el que disfruta de trabajar y ganarse el pan con esfuerzo. Pero lo más grave es que se utiliza a la Justicia para impulsar operaciones políticas, ensuciar al contrincante, y entablar un sistema de venganza.

La literatura mundial ha ilustrado a la venganza como uno de los temas más fascinantes que muestran un oscuro lado humano, el desquite, una forma de despecho enmascarado. Para otros un dolor confundido con el alivio que sólo puede conseguirse al infringir un daño importante a alguien más. Algo que no debería considerarse en los ámbitos políticos, donde el servicio al otro debería ser la esencia.

Los políticos de turno esperan el momento indicado para detonar la carga emocional que los ha carcomido por mucho tiempo, ese despecho que transforma el dolor en venganza. Y lanzan fuego por encima de la ley. El gobierno de Macri ejerció un escalofriante abuso de poder cuando el 3 de Noviembre de 2017 montó una escena cinematográfica para encarcelar al ex vicepresidente Amado Boudou, y no sólo eso sino que además, videos e imágenes de un  hombre vulnerable, en estado de indefensión, temblando, con su esposa embarazada de mellizos, circularon por cadena a través de WhatsApp, medios de comunicación, Instagram, Facebook y Twitter. Un verdadero atropello a la intimidad de Boudou y su dignidad. Porque si el hombre era culpable, la Justicia debió haber actuado. Más aún durante su apogeo de poder, y no en el ocaso durante el gobierno de Macri. Decían por entonces que habría sido la ex Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien habilitó a la Gendarmería a divulgar esos videos cinematográficos con el presunto aval del juez federal, Ariel Lijo, que había ordenado la detención. Cercanos de ambos lo negaron, pero resultó muy llamativo.  Y el efecto en la ciudadanía fue todo lo contrario a lo que se esperaba, esa sensación de venganza o justicia por mano propia ejercida desde el poder, generó el rechazo de la gente, fue un efecto boomerang negativo. El repudio fue total.  Jueces, Justicia, jubileo judicial, mea culpa y compromiso social. Los jueces –desde mi opinión- también son culpables de la falta de seguridad jurídica y de instituciones sólidas, porque cambian de color según el color político. Y eso fragiliza a la Justicia, suma mayor descrédito del que goza.

También desde la Justicia durante el macrismo se impulsó la doctrina “Irurzun”, la que permitió condenar y privar de la libertad a funcionarios del kirchnerismo con el sustento de que “podían obstaculizar la investigación estando en libertad por el nivel de influencia del que gozaban”. El problema es que nuestra Constitución establece a la libertad como regla y la prisión como excepción, la que además debe estar fundada en pruebas certeras. Miremos sino el caso de Lázaro Báez, que tras cuatro años sin condena firme, claro con  investigaciones por supuesta corrupción  en curso, fue liberado y quizás, debamos pedirle disculpas al pobre Lázaro. El hombre señalado como el “testaferro” de Néstor Kirchner, ahora en libertad.

Para algunos escritores y políticos,  la literatura es su venganza. Para otros la venganza es una forma de ejercer el poder. Durante el gobierno de Alberto Fernández, que Cristina Fernández lidera como jefa política,  se teje venganza a medida. Y será terrible…

Es que Cristina no le perdonará a Mauricio Macri que involucró a sus hijos Máximo y Florencia, en lo que la señora considera una persecución política, pese a las pruebas obrantes en la justicia que investiga presunto enriquecimiento ilícito, lavado de activos, cohecho y demás.

Le quitaron puntos de la Coparticipación al  Jefe de Gobierno Porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y tras tomar la medida los oficialistas ultra ortodoxos, salieron cantando la marcha peronista como trofeo de haber quebrado las finanzas porteñas. Ahora parece le quitaran más y más.  Y ya algunas provincias empiezan a preocuparse porque el recorte podría seguir al resto. El senado avaló el pedido de Cristina Fernández y con 41 votos, sin la presencia de la oposición que se levantó del recinto, los senadores peronistas desplazaron a los jueces Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y al juez Germán Castelli, quienes intervienen en causas de corrupción en las que se investiga a Cristina Fernández, presidenta de la Cámara Alta.

La Corte por su parte, ante el pedido de los jueces desplazados resolvió que no tenía competencia para intervenir y delegó la responsabilidad a la Cámara de Casación, que resolvió que los magistrados deben volver a sus juzgados y tribunales de origen. Una Corte a lo Poncio Pilatos. Para otros más legalistas no era el deber del Máximo Tribunal intervenir en el tema. Momento vulnerable para la Corte, en el foco de la Reforma Judicial que también en las sombras impulsa Cristina a ciega venganza.  De hecho, la justicia ordenó el allanamiento en la casa del ex presidente Mauricio Macri por presunta violación de la cuarentena.

Para Mario Vargas Llosa y Claudio Magris, la literatura es su venganza. Para  Darío Jaramillo, escritor español, “la venganza no tiene ningún beneficio al que la lleva a cabo. El vengador siempre está equivocado en los hechos que dan origen al acto vengativo. Quizás porque el poder cega, como el amor. La venganza distorsiona la percepción y hace ver cosas que no son tales. Claro que Jaramillo, Vargas Llosa y Magris lo analizan desde lo literario, pero en la política no hay culpas, hay traición, egoísmos y ansias de poder. En Argentina, la política se escribe con sed de venganza.