11 Octubre 2020

Alberto, en su propio laberinto

Por Natalia Aguiar
En los días más difíciles de la pandemia, con récord de muertos y contagios en todo el país, sobre todo en las provincias cuyos sistemas de salud evidenciaron falta de desarrollo e insumos, la gestión de Alberto Fernández enfrenta una disyuntiva: o da un giro de timón o será víctima de su propia falta de destreza para poner límites dentro del espacio de poder que conforma.

Si hay algo que no debe ser fácil en esta coalición de gobierno con Cristina Fernández de Kirchner es “poner límites”, pero Alberto debe decidir que rumbo tomar porque la situación política que atraviesa el país resulta ya insostenible. La falta de reservas del Banco Central, la ausencia de un líder en el equipo económico que encamine la cuestión, y un dólar blue que trepa y trepa hasta el ahogo, acorralan al mismísimo presidente.

En el mes de la Lealtad Peronista las internas en el Gobierno no son nuevas y si bien hay cada vez más “compañeros” -como se definen entre los  alineados a Alberto- que trabajan con miras a 2023, no desconocen que la líder espiritual es Cristina Kirchner.  El humillo a traición interna ya existe, y habrá que ver quien es más efectivo al momento de poner las cartas sobre la mesa y con qué principios, si los hubiera.

¿Lealtades? Las diferencias respecto la vulneración de los derechos humanos en Venezuela mostró, ya sin disimulo, la profunda grieta en la coalición de gobierno.

El canciller Felipe Solá avaló el informe sobre las graves vulneraciones en Venezuela suscripto por la ex presidente de Chile, Michelle Bachelet, Alta Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos de Naciones Unidas. Así que esto develó que hasta ahora el kirchnerismo sustentó un modelo político bolivariano basado en abuso de poder y violaciones a los derechos humanos gravosos e irracionales. Una verdad que ya no era posible defender frente al mundo.

No debe ser fácil gobernar junto a Cristina,  más aún cando pareciera que ella da las directivas. Pero a Alberto ya no le serán suficientes las destrezas de mediador, deberá adoptar una postura.

Las internas se exponen y Felipe Solá no es el único que resta puntos. Nicolás Trotta, Ministro de Educación, se suma a la lista de los funcionarios fuertemente cuestionados por el cristinismo. Es que desde ese sector consideran que debió consultar antes de lanzar a los medios la posibilidad de que los alumnos vuelvan a las escuelas a terminar el ciclo 2020.

Pero un tercer candidato a perder la mayoría de los puntos es el  vicepresidente del Banco Central, Sergio Woyecheszen, quien planteó la posibilidad de modificar el deslizamiento del dólar, pero además expresó en una entrevista radial, como si de un sincericidio se tratara que:  "La gente que apuesta al peso, tus abuelos, mis viejos, nosotros, siempre perdió".

Pero hay otro político en la mira. A Sergio Massa, Cristina Fernández lo quiere lejos, desconfía de él, lo mira con recelo, y así lo deslizan desde el peronismo federal. La relación allí no fluye pese a que forma parte de la mesa de los martes de Alberto Fernández, junto a Máximo Kirchner, Santiago Cafiero y “Wado” de Pedro.

En todo este contexto sinuoso la imagen del presidente decae. El mes pasado los datos reflejaron un declive, según la consultora Move. Terminó el mes de Septiembre e inició Octubre con 44 % de imagen positiva y 55% de imagen negativa, cuando en marzo, la cuestión era muy distinta ya que la imagen positiva de Fernández era de 76% y negativa de apenas 18%.

Alberto se enfrenta a una gran encrucijada, salir de su propio laberinto, evitar las contradicciones en su discurso, imponer su rol frente a la sociedad y limitar los excesos.

A diferencia de Cristina, Alberto logra unir y contó con el aval de los gobernadores que firmaron unas solicitada ante la grave situación de las provincias por la pandemia, la situación fiscal, económica y productiva del país. “Unidos vamos a salir adelante”, suscriben los mandatarios provinciales, casi como delatando que las diferencias están más distantes que nunca. Unidos por la tragedia, quizás.

Pero todo este esfuerzo no será suficiente, Alberto deberá analizar si genera cambios en el gabinete, si capitaliza lo bueno, evita contradicciones y logra separarse de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y ser finalmente él. Deberá decidir si sale de su propio laberinto con identidad propia o sigue agradeciendo esta posibilidad. Pese a la liturgia peronista, las lealtades deben contemplar la coherencia y la situación social que atraviesa a todos los argentinos por igual. O Alberto queda encerrado en su propio laberinto venerando un pasado sesgado de fanatismo, sin construcción de futuro, o se lanza a ser leal a sí mismo.