19 Octubre 2020

Dios es peronista

Por Natalia Aguiar
En las responsabilidades políticas los argentinos enfrentamos -desde hace décadas- el dedo acusador hacia el gobierno anterior. La culpa es siempre de otro. No fui yo, fuiste vos. ¡Dios nos libre y nos guarde! Ninguna de las fuerzas políticas tiene un plan concreto para resolver las pandemias argentinas.

Alberto Fernández aseguró el sábado pasado, en las festividades de la Lealtad Peronista, que entre sus objetivos está “curar a la Argentina y ponerla de pie entre todos, sin rencores ni odios”. Aunque Fernández no explica cómo llegaremos a eso, no explica cuáles serán los pasos a seguir, no explica el plan. Quizás no lo sepa, o no tenga hoja de ruta.  Eso sí, aseguró que “ Dios debe ser peronista porque menos mal que el peronismo está gobernando la Argentina en estos momentos de pandemia porque en todos esto meses nuestra mayor preocupación es que nadie padezca más de lo que la pandemia ya hace padecer”. Además el presidente dijo estar "seguro de que hay un país que nos merecemos", y advirtió risueño: “Dios es peronista”.

Pero ante una moneda sin valor a nivel nacional e internacional,  índices de pobreza y pérdidas de empleos históricos. Quizás sea productivo hacer mea culpa para mirar adelante. Si Dios es peronista, está ocupado en otro tema.

En Argentina la culpa siempre es del que se fue. Mauricio Macri, se abrazó hasta el hartazgo a la idea de la “herencia recibida”. Y lo es ahora para Alberto Fernández, respecto el macrismo. Van y vienen las culpas y rencores, sin propuestas claras y constructivas de ninguna de las fuerzas políticas. Sumidos en el circuito de las culpas y el círculo vicioso del poder, no logran revertir las problemáticas económicas y sociales de Argentina.

 

A Dios rezando

Alberto Fernández está sumido en contradicciones permanentes y quizás la coalición gobernante se haya quedado sólo en el discurso sin proyectos coherentes ante la realidad que agobia. De hecho, al expresar el sábado pasado que a “éste país lo arreglamos entre todos”,  y luego se refiere a “Máximo Kirchner, Sergio Massa y Cristina Kirchner”, descarta consultar a otros sectores y mucho menos a la oposición.

Al igual que cuando Mauricio Macri sostuvo en una entrevista televisiva que “su gestión económica terminó el 11 de Agosto de 2019”, un sincericidio de incapacidad y distorsión de la responsabilidad política. Peor aún, Macri pretende volver y analizó que “su fuerza será poder en 2023”.

A 75 años del nacimiento del Peronismo quizás el oficialismo y los peronistas disidentes tengan una oportunidad para repensar si los ideales y lineamientos sociales del general Juan Domingo Perón – sin desconocer las persecuciones políticas y excesos- siguen en pie o sólo sustentan el discurso, para cooptar votos en base al clientelismo político. Es que los gobiernos omiten organizar cooperativas, destacar el valor del trabajo, el valor del esfuerzo. Los paleativos del Ingreso Familiar de Emergencia, ya no son efectivos y también agotaron las reservas del Banco central.  Los argentinos merecen dignidad y trabajo, porque con la toma de tierras organizadas por punteros políticos y planes sociales no se construye un país. Por el contrario, se degrada.

 

Desgaste y mea Culpa

Ante una gestión desgastada de Alberto Fernández, habrá que ver si relanza su gestión, quizás desde la presidencia del Partido Justicialista y si la oposición logra rearmarse y estar a la altura de las circunstancias.

La Economía habla por sí de la situación política y social que enfrenta la Argentina. Las grietas en Argentina ya no son ideológicas o políticas,  hoy las grietas son sociales y económicas porque la gente carece de posibilidades. Nuestro país necesita un gobierno de diálogo, de coalición, pero de adeveras.

Además, la política argentina está estancada entre dos fuerzas políticas que sólo se arrojan culpas. Alberto Fernández quizás pueda aún barajar y dar de nuevo. Y la oposición debe sumar, acompañar, incluso con disidencias porque la sensación es que el ciudadano argentino se encuentra a la deriva. ¡Sálvenos quien pueda¡ Ni con fe, ni esperanza. Si Dios es peronista, que el milagro ocurra.