23 Noviembre 2020

Abigail, a corazón abierto

Por Natalia Aguiar
El llanto de Abigail desgarró el alma de todos los argentinos, su mirada triste,  el clamor de calma ante el calor incesante y la indiferencia de la burocracia irracional nos dejó sin palabras. Abigail es nuestra, Abigail representa a todos nuestros niños pero la dejamos sola. Le fallamos.

Los niños son sabios, nos exponen, nos enseñan, nos acompañan a vivir. El caso de Abigail nos puso frente a los ojos el grado de crueldad al que puede llegar la obediencia debida, la falta de criterio y empatía de aquellos que deben resguardar a los ciudadanos. Expuso a una criatura a la  violencia institucional. Ilógico, irracional.

Abigail llora mientras Carmen, su madre intenta calmarla y sacarle las moscas que invadían la camioneta ante el intenso calor propio de Santiago del Estero, en el que el suelo seco y salino  parece partirse ante los rayos del sol.

Diego y Carmen interpelan al policía de Santiago del Estero que impide -por supuesta falta de documentación- el ingreso de la familia a su provincia, para llegar a su hogar en Las Termas de Río Hondo. Luego de un intercambio de palabras entre el llanto desconsolado de la pequeña, los padres no entendían las continuas prohibiciones.  “No tenés corazón hermano”, le dice la madre de la pequeña al policía cegado por su placa y uniforme, quien además parece grabar con su celular lo que sucedía como resguardo de su labor.

Abigail tiene 12 años y desde hace cinco pelea con un tumor en la pierna izquierda y recibe tratamiento oncológico en el Hospital de Niños de la provincia de Tucumán, donde el sistema de salud es más avanzado que en la Santiago feudal y empobrecida donde reside la familia.

No hay justificación alguna que valga. Ante la falta de respuestas racionales, Diego, el padre de la niña decidió alzarla en brazos y caminar cinco kilómetros en busca de un lugar seguro para su hijita. Sólo querían volver a descansar a su hogar.

Es un viaje habitual que realizan los Jiménez en busca de una cura para su pequeña, pero esta vez, la injusticia que vivieron se hizo viral y conmovió a todos. No hay palabras para describir esas imágenes que hicieron llorar a los argentinos y argentinas de buen corazón.

 

Cada niño es nuestro

Cada niño que pise nuestro suelo debe recibir el cuidado que por ley les corresponde. Hay tratados internacionales firmados por Argentina en los que se compromete a velar por el interés superior de los niños, eje prioritario de nuestro sistema jurídico. Pero en el caso de Abigail, sus derechos fueron vapuleados por un uniformado incapaz de velar por ella. Claro que el policía recibe órdenes y depende del Poder Ejecutivo. Por eso grababa la situación, es que finalmente él también es víctima de un sistema feudal que desborda de inoperancia y abusos a los más vulnerables. No será tarea fácil desarraigar el autoritarismo feudal de una tierra que fue arrasada por los Juárez y ahora gobernada por los Zamora. Los abusos se enquistan en la sociedad y pasan a formar parte de la forma de vida. Es que esa es la finalidad del poder feudal,  someter, hacer obedecer, avasallar derechos.

Cuarenta y ocho horas le llevó al gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora,  reaccionar ante las repercusiones que el caso  había tomado en las redes sociales y los medios de comunicación. “Le pidió disculpas a los padres de Abigail: Me responsabilizo, el Estado ha fallado", dijo Zamora en una conferencia de prensa tardía. Es que el caso atravesó a la política como un puñal en medio del corazón de la burocracia. La crueldad inaudita, no entendió de razón. “Las disculpas ahora no sirven de nada, mi hija está muy mal , el daño psicológico ya está hecho”, le contestó al gobernador, Carmen, la madre de la pequeña.

 

Con los chicos NO

Desde mucho antes de la Segunda Guerra Mundial, las grandes potencias del mundo advirtieron la necesidad de impulsar organismos internacionales para frenar los abusos del poder desde los Estados como había ocurrido con el nazismo en Alemania, el franquismo en España , la Italia fascista de Benito Mussolini y las tristezas sufridas por el pueblo armenio por el genocidio sufrido. Desde 1948 Argentina suscribió Declaraciones de Derechos Humanos y Tratados Internacionales, la Convención Interamericana de Derechos Humanos y una serie de tratados que con la reforma constitucional de 1994 fueron incorporados con jerarquía constitucional.  Sin embargo, el 20 de Noviembre de 1989, hace más de 30 años,  Argentina suscribió junto a otros países, la Convención sobre los Derechos del Niño. Se trata de una normativa internacional adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas que reconoce a todas las personas menores de 18 años como sujetos plenos de derechos. “Es el documento más ampliamente ratificado por los países del mundo”, explica en sus informes Naciones Unidas. “Los países están obligados a respetarlos y hacerlos cumplir sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones, procedencia, posición económica, creencias, impedimentos, nacimiento o cualquier otra condición del niño, sus padres o de sus representantes legales. El instrumento establece cuatro pilares: 1) la no discriminación, 2) el interés superior del niño, 3) el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo, 4) la participación infantil.  Ninguno de esos parámetros legales fueron respetados y el responsable final es el Estado Nacional. Abigail representa a todos nuestros niños.

La burocracia gorda y fatigada, excedida en sobreprecios y enriquecimientos ilícitos, no estuvo a la altura de las circunstancias. El imperio de la inoperancia cegó a los funcionarios públicos.

 

La tierra de las fantasías

Lo propio ocurrió en la Formosa de Gildo Insfrán. Ante la prohibición de ingresar a los formoseños carentes de recursos, varados desde hace meses sin agua y comida, debió intervenir la Corte Suprema para ordenar el ingreso de esas personas abandonas a su suerte sin razón, ni criterio. Tras  la decisión del máximo Tribunal, el gobierno formoseño les solicitó un hisopado para detectar el Covid19, muy costoso que deberán asumir cada uno de ellos, porque de lo contrario, el gobierno formoseño considerará la actitud como desobediencia y les impedirán, otra vez el ingreso. Inaudito. Obstáculos y obstáculos  ante discursos de igualdad y justicia. Sólo discursos.

La indiferencia del Estado mata.  Ver  a los formoseños sin agua, sin necesidades básicas cubiertas y sometidos a las directrices del poder es retroceder. La imagen de Abigail desconsolada, en brazos de su padre, quien camina cinco kilómetros en busca de tranquilidad, desmorona la realidad. No puede ser indiferente ni a la razón ni al corazón. La falta de empatía, nos hace retrotraer décadas, hace daño. Todo lo que acontece nos muestra que hay dos Argentinas: Aquella que permite posibilidades a ciertos ciudadanos privilegiados y aquella que destrata y violenta derechos. Abigail y el caso de los formoseños nos pinta de cuerpo y alma.