30 Noviembre 2020

¡D10s es Argentino!

Por Natalia Aguiar
Rueda la pelota y detrás de ella aparecen unos rulos morenos y un pequeño cuerpo que expedía fuego de sus pies. Era “Pelusa” Maradona, el fenómeno de Fiorito que se levantaba y corría en el potrero día y noche. Quien iba a imaginarse por entonces que sería el mismo Dios el que jugaba al fútbol en el barro, el ídolo popular, el ídolo de la gente. Arte, fútbol y gloria mundial.

No es necesario fanatismo alguno para percibir la emoción que generaba en la gente, en los futboleros del mundo. Niños, jóvenes, mujeres, varones, de diversas nacionalidades, admiran y admiraban a ese astro del fútbol que parecía pincelar a mano cada gol. “La mano de Dios”, el gol que le hizo a los ingleses en el mundial de México 86 lo diosificó. El ídolo, ya es leyenda.

Maradona traspasó todos los límites de la física y de la razón, sus piernas meteóricas enfrentaban a grandes adversarios, desconocía el temor, enfrentaba a todos los rivales con la bandera argentina en el pecho. “Era él contra el mundo, y ganaba él “, dijo Jorge Valdano entre lágrimas.

Su carisma, su energía, su magnetismo fue codiciado por líderes políticos del mundo entero. Su vida futbolística “no pudo gambetear la política”, como dijo Carlos Pagni entre tantos otros analistas que entristecidos contaron su parecer.

 

De linaje radical a peronista a ultranza

Cuentan los que los conocen la familia, que su padre, Don Diego, era radical de pura cepa pero eso no parece haberle influenciado demasiado ya que la pobreza lo acercó al populismo, a la empatía con la defensa de los vulnerables y necesitados. Fue su entrenador por entonces César Luis Menotti quien lo desvinculó de la lista de jugadores para enfrentar la Copa del Mundo en 1978. Lo que fue tristeza, quizás a la distancia de los años se ve como lo mejor, al haber evitado la utilización política de su figura y más, en ese capítulo de la historia Argentina: la dictadura militar. Con la recuperación de la democracia, su vínculo con Ricardo Alfonsín no fue muy profundo, más bien respetuoso y distante pero Maradona ya era ícono del fútbol.

Carlos Bilardo lo había designado capitán de la selección, y no se equivocó. Maradona era líder nato. Tenía sobre sus espaldas la defensa de Argentina y no pudo haberlo hecho mejor. Ya por entonces había pasado por el Barça de Barcelona y estaba instalado en Nápoles, Italia, donde su legado hasta hoy se venera. Allí, para algunos la mala yunta y las noches de fiestas que habían empezado en Barcelona, comenzaban a deteriorar la voluntad del ídolo que reconoció su afección a las drogas y lo difícil de luchar contra la adicción.

 

Flashes y política

A finales de la década del ´90 empezó un férreo vínculo con Cuba donde se mudó para realizar tratamientos de rehabilitación contra las drogas. Allí conoció la historia socialista latinoamericana, la vida del “Che” Guevara de Argentina a Cuba y fiel a su estilo se tatuó al “Che” en el cuerpo. Allí conoció a Fidel Castro con quien entabló una gran amistad habano en mano. Lo mismo ocurrió con Hugo Chávez, ex presidente totalitario de Venezuela, amigo de Fidel Castro.

En las imágenes y fotografías que retratan diversos encuentros puede verse la alegría de los líderes políticos ante la presencia de Maradona, lo veneraban. Lo admiraban, pero también le sacaron rédito con fotos y atención en las noticias que por el futbolista daban la vuelta al mundo. Quizás Maradona no se daba cuenta de que podría haber sido utilizado por su popularidad inigualable. Se codeó con los líderes de todos los hemisferios, con jeques árabes, presidentes, reyes, y todos destacaban su arte.

El tiempo, encargado de acomodar piezas puede que nos demuestre que los políticos se hayan “colgado” y abusado de la popularidad del ídolo para captar la atención de la gente y capitalizarla como propia. Maradona movía multitudes y si Diego era amigo de Fidel parecía ser lo cierto, lo correcto para la clase obrera y trabajadora. En Argentina fue quizás con el peronismo fue con quien pudo alinear ideales. Su vínculo con Carlos Menem, símbolo de “pizza y champagne” fue fluido aunque con algunas turbulencias. Lo propio ocurrió con Mauricio Macri cuando fue presidente de Boca Juniors, el club del corazón maradoneano.

Hubo idas y vueltas hasta que Maradona dijo que estaría siempre a disposición de Boca, sin dinero de por medio. Fue quizás con Néstor Kirchner con quien Diego pudo convalidar sus ideales de desterrar la pobreza, porque conocía bien de su crudeza. Quizás la búsqueda de pertenencia, la soledad, las sombras y luces de un ídolo, lo llevó a justificar lo injustificable, como fue la política venezolana violatoria de derechos humanos sin igual en la historia moderna.

Maradona no era una persona instruida, educado en el sistema, escolarizado ni preparado en política. Tal como lo sustenta Beatríz Sarlo. Sin desconocer y destacar sus habilidades deportistas, quizás su falta de contención emocional e instrucción lo hicieron cometer errores y defender políticas, incluso contradictorias con sus propios ideales. "Sin formación política, pero con un sentimiento, digamos progresista o de izquierda, lo más fácil es ser procubano y pro Maduro", expresó la ensayista. Pero Sarlo tampoco pudo desconocer el significado de Maradona en Argentina y describió que "cuando un mito asciende al Olimpo a nadie se le ocurre pensar que eso es un duelo". “Ya era un mito en vida”.

 

Amores y desamores

Quizás también la falta de educación sea una de las razones por las que parece no haber podido separar su vida pública de la personal. Quizás la popularidad mundial lo haya privado de sus afectos más cercanos y genuinos. Quizás esa falta de instrucción y la soledad de los grandes,  lo haya llevado a abusar de sus encantos para seducir mujeres por doquier e incluso desconocer hijos propios en una clara adversidad a la verdad e identidad de esos menores. Hoy quizás también, su mayor legado. Lo que es la vida.

Esta reflexión la llevo a cabo para alzar la voz y pensar en conjunto si los argentinos no dejamos sólo a Maradona. No debe haber sido fácil el hombre, pero era nuestro ídolo. Es nuestro ídolo, el último de los reales, de los tangibles. El último que expresaba la voz popular, que acarreaba multitudes como pudimos observar en su despedida. Maradona, nos devela esa otra Argentina, la desbordada, la que no encuentra su rumbo.

 

Allí donde hace diez años despidieron a Néstor Kirchner, se honró a Maradona.

El vínculo con Cristina Fernández también fue profundo y basado en convicciones políticas. ¿Habrá sido utilizado Diego también por el kirchnerismo? ¿O se dejó utilizar? Alberto Fernández, lo despidió emocionado pero tampoco se privó de la foto con el 10. ¿Qué harán los políticos argentinos ahora sin Maradona?

Lo lloró el mundo entero. El Papa Francisco mandó un rosario para su familia, el Rey Felipe VI de España emitió una sentida carta, al igual que el presidente de Francia Emmanuel Macron, y los más destacados deportistas de elite a nivel mundial. Sin dudas fue una pérdida que nos invita a reflexionar.

Tuvimos en la Argentina un ídolo mundial .¿Lo supimos cuidar? Ahora la Justicia investiga si hubo abandono de su persona. Increíblemente triste. El ocaso de un astro que ahora brilla alto, con su luz propia. Y …“Todo el pueblo cantó Maradó Maradó…es la mano de Dios…Maradó, le dio alegrías al pueblo…” “Olé, Olé, Olé, Diego…Diego…”