18 Febrero 2019

Mate con bizcochitos

Por Jorge Villazón
Buscar la plenitud de la Justicia Social a partir de la Soberanía Política y llegar a la Independencia Económica para garantizar la felicidad del Pueblo. Algo tan simple como merendar con mate y bizcochitos Don Satur, mientras leemos el libro  "¿Por qué la austeridad mata? El coste humano de las políticas de recortes" de  David Stuckler, una escena que pinta toda una doctrina y el andamiaje ideológico para sostenerla.

El libro que Axel Kicillof le mostró, sobre el escritorio de Diputado Nacional, a la misión del FMI  analiza las graves consecuencias que tiene, en la salud pública de varios países de Europa, las políticas de ajuste como las que impulsa el gobierno de Macri y demuestra que las políticas de austeridad, como las propugnadas por el FMI y el gobierno de  Mauricio Macri, no son la solución a las crisis económicas, sino que por el contrario terminan convirtiéndose en una agravante que tiene duras consecuencias para la ciudadanía toda, en especial para los sectores del trabajo, para la llamada clase media y para los marginados sin recursos ni esperanzas. Pero eso no fue todo. Kicillof dejó en claro que el FMI debió consultar a la oposición de manera previa a la firma del acuerdo con el Gobierno Nacional y: “no llegar ahora en que todo está definido y ya entramos en la parte de las consecuencias”.

Por otra parte adelantó que en el futuro, con el nuevo gobierno surgido desde la oposición mayoritaria, se iniciaría una etapa de negociaciones para el pago de los servicios de la deuda, dado que así como está planteado en el convenio no resulta posible cumplir sin provocar una crisis casi terminal en la economía argentina. Por su parte Roberto Cardarelli y Trevor Alleyne consideraron que no es un riesgo el nivel de deuda, pese que el organismo ya comenzó a allanar el terreno para eventuales reestructuraciones de deuda en la región. ¿Otro mate? ¿Quizá un bizcochito?

A esta altura de la reunión el jamaiquino  empalideció y el italiano recordó tiempos pasados en donde Kicillof le hizo ciertos planteos que finalmente resultaron en acciones concretadas. Los bizcochitos agridulces dejaron de ser dulces. Seguramente los funcionarios del FMI terminaron la reunión con el ministro de Cristina con un pensamiento muy diferente al que tuvieron al finalizar su encuentro con el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, su ministro de Economía además del jefe de Gabinete y dos representantes de una consultora económica de la ciudad de Buenos Aires.

Según cuenta Clarín, textualmente, “la reunión de casi dos horas en la Casa de Salta entre Juan Manuel Urtubey y los enviados del Fondo Monetario Internacional ya se extinguía pasado el mediodía, cuando el representante del organismo multilateral de crédito en el país, Trevor Alleyne, sorprendió al gobernador y a sus asesores.  ‘Ustedes parecen funcionarios del Fondo’, les dijo con una sonrisa”

¡No los ayudés tanto, morocho! Lo que Trevor seguramente no sabía es que los tres debían volver a Salta. ¡Indudablemente Trevor no vivía en el mismo barrio que Bob Marley! La diferencia entre Kicillof y Urtubey resulta evidente, así se explica el porqué de tanta aversión de parte del gobernador hacia Cristina. No es nada personal, es una cuestión doctrinal  e ideológica. Siguiendo con lo que informa Clarín a partir de la reunión en la Casa de Salta “‘se acabó la nafta para financiar el populismo’, dicen cerca del gobernador.

Afirman -como el FMI y en buena medida como el oficialismo- que las principales metas del país en materia económica son: el equilibrio fiscal, preservar la estabilidad cambiaria con tasas de interés positivas y obtener consenso político para reformas de fondo… también apuntan a la necesidad de reformas estructurales que permitan desarrollar una economía más competitiva.

Se referían a la necesidad de avanzar en una reforma tributaria, laboral y previsional”. ¡Dime con quién andas…! ¡La diferencia no está en el mate (jeje), está entre los bizcochitos y las masas finas! Bueno, también hay diferencias en los libros que leen.