04 Marzo 2019

¡A mí no me grités!

Por Jorge Villazón
No me grités porque yo no lo merezco. Soy parte del Pueblo y quiero explicaciones y propuestas, porque si estás aterrado, confundido, incapacitado o loquito, lo que menos me falta, a mí que soy Pueblo, es tener que soportar un berrinche.

Decime adónde querés llegar cuando, al final del discurso comenzaste a gritarme, diciendo que “por eso les digo – argentinos – el tiempo es hoy, nuestro tiempo es hoy, no dejemos que los predicadores de la resignación y el miedo le ganen a la esperanza, porque nuestra esperanza es fuerte y está basada en lo que sabemos que podemos hacer”, agregando “y yo soy el primero en saber lo qué han sido estos meses, cuánto dolor, cuánta angustia y me he hecho cargo de ella”.

Los tuyos (por ahora) te aplaudieron, sin darse cuenta que la supuesta confesión era, por el tono y la expresión, sólo una intención de legitimar  todo lo malo escondiendo la culpa en un alarde de soberbia que obligaba a la complicidad de las víctimas ante el poderoso en caída. Le faltó decir, aunque al final lo dijo, que todo lo malo lo había hecho a favor de nuestra felicidad y a pesar de su angustia.

Entonces, tal como se puede leer en el Martín Fierro «Y ya caliente Barullo, quiso seguir la chacota”, se sintió fundacional para sentenciar que “estoy seguro que esta es la generación que con valentía decidió encarar lo que nunca se había hecho, decidió hacer una reforma profunda -de verdad- en nuestro país, hacer cambios de verdad en nuestro país, esos cambios que necesitábamos y esperábamos y juntos nos hemos comprometido a ser una sociedad en serio y juntos lo estamos haciendo”. Dos veces debió aclarar que lo decía “de verdad”, porque a todas luces todos sabemos que es mentira. Una más en tiempos de campaña, tal como se notó que era su intención.

Fue en ese momento que llegó la apoteosis, en clara muestra de su esquizofrenia paranoide, propia de aquellos que ya no controlan sus mensajes sino que los expelen con la precariedad de una arenga en la manga de salida a la cancha cuando un cabecilla de grupo incita a “vencer o morir, dejando todo en el campo de juego”, cuando sólo se trata de un partido de futbol.

Ante el asombro de sus cercanos en el escenario, con la crispación delatada por sus ojos desorbitados, sus dientes apretados, sus brazos abiertos y sus puños cerrados, alentó con “por eso les digo: ¡vamos argentinos, vamos con fuerza, vamos en serio, vamos con coraje, vamos con pasión, este es nuestro país y juntos lo vamos a sacar adelante! ¡Vamos, Argentina; vamos, Argentina!” le faltó aquello de “¡Argentinos a vencer!” y la música del Mundial ´78, o “¡Que vengan, los estaremos esperando!” cuando los efluvios del licor escocés impulsaron los gritos que desde el balcón de La Rosada generaron el atrevimiento irresponsable de Galtieri en el ´82.

Yo soy el Pueblo y se la verdad, soy parte de los trabajadores con sueldos deprimidos, soy  parte de las madres que no pueden alimentar a sus hijos y los tienen que mandar a los comedores, soy un jubilado más que ha sido estafado desde tu gobierno y que hoy, también, le limitan hasta los remedios, soy un desocupado que desmiente tus mentiras acerca de la “generación de empleos”, soy una de las miles de PYMES que han desaparecido, soy uno de los comercios que han cerrado sus puertas, soy uno de los obreros “suspendidos” de las grandes industrias (Peugeot), soy un empleado de una empresa en riesgo de crisis como la New Star-Sigar Ute de Salta (juegos de azar y casinos), soy una víctima de la inflación que señalaste como “lo más  fácil de solucionar”, soy un pobre más que anhelaba la “pobreza cero”, soy de los que seguimos esperando “la lluvia de inversores”, soy un deudor de tu deuda y de la fuga de dólares o el blanqueo de tus amigos y parientes.

Soy parte de la pérdida de los derechos y garantías elementales que debieran provenir de tu Justicia y me siento prisionero, juntos a todos los presos políticos, del aquelarre de tus jueces y fiscales corruptos.

Soy el Pueblo que no tiene salud pública y que perdió la educación de excelencia que caracterizó a nuestra Patria, soy un niño que ya no recibe su “compu” en la escuela. Soy una víctima más del narcotráfico que tu fallido lo puso entre los que te colaboran.

Soy un menor que tiene problemas con la Justicia y que vos lo señalas como delincuente y ofrecés acciones punitivas como solución antes que facilitarles el camino hacia una vida merecida, soy víctima y victimario en la inseguridad de carácter y génesis social, mientras vos y los tuyos refuerzan sus custodias. Soy la niña violada que se convierte en madre antes de abandonar sus muñecas porque no se aplica una ley de 1921.

Soy “una menos”. Soy de los que no pueden pagar los servicios públicos porque no les quedaría dinero para alimentar a su familia, soy de los que, como le pasa a Lilita Carrió, debo vender mi auto por el aumento del combustible y los peajes.

Soy un trabajador precario que se desloma bajo el sol, en el campo o la ciudad, mientras su explotador se pasea en la camioneta nueva. Soy el que se espanta ante el dolor y la suerte de los hermanos latinoamericanos mientras vos vociferás tu alineamiento con el imperio.

Soy el que viaja en transporte público, porque no tengo auto y chofer oficial, helicóptero o avión del Estado. Soy El Pueblo. ¡A mí no me grités, carajo!