18 Marzo 2019

Filipo y Cristina

Por Jorge Villazón
Cuando Filipo de Macedonia regresaba de la campaña de Scitia (año 339 a.C.) tuvo un enfrentamiento con los Tríbalos (Tracia) que le reclamaron un “peaje”  de parte del botín obtenido en la campaña si quería pasar por sus territorios. A la imposición se sumaron algunos soldados propios en traición y ambición.

Hubo una sangrienta batalla y Filipo fue herido gravemente en una pierna, la flecha le rompió el fémur y mató a su caballo. En la ocasión sus enemigos lo creyeron muerto y abandonaron la lucha. Fue su hijo Alejandro el que lo rescató y salvó su vida. Cuatrocientos años después, en su “Historia de Alejandro Magno”, el escritor e historiador romano, Quinto Curcio Rufo, cuenta el episodio y señala que “puede decirse que debió su vida al peligro de la misma herida y el no morir a la fama de su muerte”.

Es cierto que la herida le generó una cojera que lo acompañó por siempre, recordándole su valor en las batallas como presagió Alejandro. Las analogías, especialmente las históricas, no suelen ser muy felices por la diversidad de contexto que dificultan la paridad de semejanzas, pero no hay duda que son muy útiles en lo simbólico para entender ciertas conductas humanas que resultan universales y atemporales.

Hace pocas horas se supo de la determinación de Cristina en viajar a Cuba y así acompañar por unos días la recuperación de salud de su hija Florencia. No pasaron minutos desde que ella entregó la información de su viaje a la Justicia, para que la especulación acerca de la posibilidad de un exilio o al menos un adelanto de su retiro político, poblara los comentarios y alentara a quienes se solazaban por el supuesto.

Se dudó de la veracidad de la enfermedad de Florencia, se dudó de la idoneidad de los médicos cubanos, se dudó de la prescripción que no aconsejaba el vuelo de regreso para la hija de Cristina. Extrañamente casi no hubo dudas ante la posibilidad de que Cristina estaba renunciando “a los honores” pero también a la lucha de emprender la titánica pelea por el retorno a la Presidencia de la Nación y así retomar la restauración del Estado de bienestar que el Preámbulo de la Constitución Nacional manda a los responsables de la República. Se festejó el supuesto “Segundo Renunciamiento” tal como se hizo con el primero el 31 de agosto de 1951.

Ella nada dijo al respecto, pero no faltaron los exégetas y  los “asesores” de su claudicación que no tuvieron razones para anunciarla pero, tal como lo decía Evita en el ´51, “nadie que no sea un malvado podrá dudar de la honradez, de la lealtad y de la sinceridad de mi conducta”. En este caso debiéramos decir  que dudaron de sus razones para el viaje y de su silencio respecto de lo especulado.

En el diario La Nación del sábado pasado se decía que “a contramano de las especulaciones políticas que generó su viaje a Cuba, Cristina Kirchner se mantendrá en silencio durante los próximos días y, dicen en su entorno, solo definirá si es candidata al filo del cierre de las listas, previsto para el 22 de junio. ‘Las lecturas corren por cuenta de quienes las hagan.

El viaje es estrictamente personal. Cristina fue a acompañar a Florencia’, respondieron en el Instituto Patria sobre las interpretaciones electorales del anuncio que hizo la expresidenta.” Clarito y contundente, pero aún resuenan los agoreros, los festejantes y los supuestos “consejeros” de dudosa piedad que señalan las conveniencias de que Cristina deje de ser la lideresa del movimiento popular que es, para convertirse en la “encantadora abuelita” del  Té Mazawattee.

Esto último resulta muy extraño dado que el tono del mensaje de Cristina anunciando su viaje es más una nueva declaración de ahondar las razones de la lucha política que lo que, quizá, resulta de las inadecuadas imágenes que se usaron para difundirlo. Dijo Cristina: “Les pido a los que nos odian o nos ven como enemigos que por favor se metan conmigo pero no con ella”.

Esto no es un renunciamiento, es una declaración de fortaleza y disposición para la lucha. Podríamos parafrasear a Quinto Curcio Rufo y decir que es la fama de su renunciamiento la que la tiene más presente y activa que nunca. Para saber quién es en verdad Cristina y qué es lo que representa hoy vale reproducir el tuit del embajador cubano en Gambia, Rubén García Abelenda, que marca el pulso de cómo la ven en la isla. "La bella @CFKArgentina en #Cuba. Bienvenida otra vez a la Patria de #FidelPorSiempre quien nos dijo que te cuidáramos. #Cuba #Argentina #NuestraAmerica", señaló.

Esto también sirve para los que deben cuidarla en nuestro país.