13 Mayo 2019

El retorno de Sandro y de Cristina

Por Jorge Villazón
El pasado jueves amaneció con el peor pronóstico. Los argentinos podríamos estar frente al retorno maldito de un tiempo de violencia política como en los ´70. Un diputado nacional, del oficialismo, era herido de muerte en un ataque salvaje a punto de pistola y a metros nomás del Congreso Nacional.

De inmediato la prensa adicta al macrismo difundió la idea inequívoca de que el diputado nacional Héctor Olivares había pagado caro su pertenencia a la comisión que analiza un proyecto en contra de la “barras bravas” del fútbol argentino. A nadie se le escapaba que en pocas horas la causa del atentado sería adjudicada al allanamiento en las oficinas del gremio de camioneros que buscaba la relación “mafiosa” entre los “barras bravas” del Club Independiente de Avellaneda y “los Moyanos”.

Pero, también, podía salpicar a Cristina que se preparaba para presentar su libro en la Feria del Libro que se realiza en las dependencias mal habidas de la Sociedad Rural Argentina.

Un par de días después, en su columna de Clarín,  Miguel Wiñazki, presumiblemente padre de Nicolás, el robusto joven del canal TN, decía que “a Cristina se la veía dichosa por convocar de nuevo las alabanzas. Y a todos los obsecuentes. Esta es una sociedad transparente. Todo se ve, pero no por eso la oscuridad retrocede.”

Y tenía razón con aquello de la “sociedad transparente” y de que “la oscuridad” no retrocede. Mientras la ministra de Seguridad Patricia Bullrich culpaba a las mafias del atentado que se había cobrado la vida del asesor y funcionario público riojano, Wiñazki anunciaba que “el jueves fue un día terriblemente argentino. Comenzó con un (casi) doble crimen en el Congreso. Aunque no se trató de un atentado político, tal como se creía al principio, la inseguridad que percibimos esa mañana ataca el corazón de la política.

Es fácil matar, aún frente mismo al Parlamento Argentino. Un par de borrachos pudieron tramar el golpe, disparar y dar en el blanco. El matador quería castigar a Miguel Yadón, presuntamente por una relación que el muerto habría tenido con su hija Estefanía.”, agregando con justeza pero con una inocultable cuota de cargar las culpas a los que lejos están de ser considerados sus compatriotas, que “al principio resultaba verosímil la hipótesis del atentado, porque esas cosas son verosímiles acá. Lo peor nos puede ocurrir, porque lo peor a veces nos ocurre. Esta es una sociedad transparente. Todo se ve, pero no por eso la oscuridad retrocede.”

Para no dejar de coincidir, aunque sea un poco y para no traicionar su pertenencia ideológica con el macrismo en el Poder,  Wiñazki señaló que “la mafia, las hordas, las pandillas, los ladrones, los asesinos y los idiotas todavía están. Y no se van.”

Pero poco después de que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, hubiera calificado a los implicados en el ataque en las inmediaciones del Congreso Nacional como la acción de un "clan mafioso de gitanos", el secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, afirmó que "tomar el todo por la parte es un error severo que daña la sensibilidad de cualquier colectivo".

Es claro que la discriminación estigmatizante que servía para disimular la apresurada definición de los primeros minutos después del asesinato, había calado hondo entre quienes saben lo que ha significado en el correr de los tiempos la pertenencia a una cultura tal como la de los llamados “gitanos”.

Lo que ocurría es que un “par de borrachos” y una “cuestión personal” por culpa de algún “romance prohibido”, servía como argumento para una película de Sandro, a quien apodaban “gitano” para realzar su sensualidad, pero no servía para oscurecer lo que indefectiblemente ocurriría en la Feria del Libro horas después.

“Los nadies”, bajo la lluvia y en las adyacencias de la Sociedad Rural eran el anuncio anticipado de un retorno mucho más impactante que el recuerdo de Sandro. El uso de la discriminación, en este caso para los gitanos y para “los nadies”, parece tener un mismo origen.

Quizá por eso es que la presencia de Cristina saludando afuera del salón Jorge Luis Borges, fue aclamada bajo la consigna de “¡Sinceramente te copamos la Rural!”, dando inicio a la marcha hacia un Pacto Social con Ciudadanos Responsables, lo que para el liberalismo produce un impacto mucho más más dañino que un proyectil del calibre 0.40.-