20 Mayo 2019

Con todo respeto

Por Jorge Villazón
Por estas horas, en un diario de tirada nacional, un comentarista trajo a colación de la hora judicial palabras de Franz Kafka en El Proceso: “La estructura jerárquica de la organización judicial era infinita y ni siquiera era abarcable para el especialista... ¿Cómo se puede evitar, dado lo absurdo de todo el procedimiento, la corrupción general del cuerpo de funcionarios?”.

Con todo respeto muchos podríamos adherir al planteo de aquel que logró que se defina la lógica del proceso judicial, a partir de su apellido, como algo “kafkiano”.

Recuerdo que en 1991 un juez de Instrucción de entonces, de apellido Lezcano, allanó la radio en donde yo trabajaba para buscar pruebas de un posible desacato ante la Corte de Justicia de Salta en mis dichos. Sin encontrar las pruebas igualmente me procesó por el delito que estaba vigente en el Código de aquel tiempo.

Todo había empezado cuando ante la presentación del Partido Justicialista de una fórmula para la Gobernación de Roberto Romero acompañado por Eduardo Falú hubo una objeción por la falta de domicilio real de Falú en esta provincia, a pesar de ser un embajador cultural de Salta en el mundo. La Corte por entonces era la autoridad electoral y le negó a Falú la posibilidad de ser candidato.

Mucho se dijo de esto en los medios de entonces y así fue que, aunque parezca un chiste o una página “kafkiana”, un secretario de Corte, de apellido Longarte, se presentó ante sus superiores y declaró que en los pasillos del edificio de Belgrano y Sarmiento una persona se había acercado a él y le había contado que yo, en mis opiniones periodísticas, había cometido desacato ante el Tribunal Supremo de Salta.

Lo gracioso, o lo dramático según se mire, era que en su declaración aseguraba que la persona “informante” se alejó entre “la multitud” (¿?) y él no pudo identificarla. Fue la eliminación del delito de desacato lo que me favoreció finalmente. Mientras tanto yo, por tener domicilio real en Salta, podría haber sido candidato a Vicegobernador y Eduardo Falú no.

Con todo respeto debo decir que aquello fue, lo que suele decirse en los expedientes judiciales, un verdadero “mamarracho” del Poder Judicial. (Pongo como testigo de estas ocurrencias a mi abogado de entonces y hoy Juez Federal Dr. Miguel Antonio Medina).

Pero parece que no es fácil evitar que lo “kafkiano” deje de circular por los pasillos judiciales, incluidos los de la Suprema Corte de La Nación. Con todo respeto lo digo.

Así fue que, a 6 días del inicio de un juicio ordenado por el Tribunal Oral Federal 2 (TOF2), la Corte Suprema se acordó “que existen ante el Tribunal, además de la causa de referencia, un total de ocho recursos más que fueron deducidos por las partes en el marco de la causa principal 5048/2016, todos ellos en trámite, que el paso jurídicamente adecuado fue solicitar los incidentes de la Cámara Federal de Casación Penal al Tribunal Oral Federal interviniente, que fueron recibidos por el Tribunal en fecha 17 de abril de 2019, que de la lectura de dichos legajos no surgieron elementos suficientes para poder resolver los planteos de las partes y que, en función de ello este Tribunal solicitó con carácter de urgente el expediente principal al Tribunal Oral…”.

Esto hizo que un empleado del Tribunal debiera llevar en una carretilla propia de trabajadores de mudanza un voluminoso cúmulo de expedientes a los que la Corte, luego de un debate público en donde desde el Poder Ejecutivo de La Nación surgieran una andanada de acusaciones de “complicidad y prevaricato y parcialidad y obstaculización y pie plano y juanete”,  fotocopió y certificó las 12 mil fojas (8,3 por minuto si no descansaron en 24 horas) que acumula la causa y devolvió “el paquete” para que se inicie el juicio.

Mientras tanto los ocho recursos siguen sin resolverse y, en cualquier momento del futuro, después  del próximo 15 de diciembre, podrán determinar la nulidad absoluta de todo lo actuado en la causa. Con todo respeto esto es otra “mamarrachada kafkiana”, con los dineros del Pueblo, con las urgencias en materia de alimentación y de derechos básicos insatisfechos, con la angustia de nuestros mayores y la pobreza de nuestros niños escandalizando al mundo y con el minué del Poder sonando a todo volumen en los Palacios Estatales.

El Gobierno tendrá la foto de Cristina sentada en el banquillo de los acusados, el Pueblo se sentará a su lado y en la Corte, con todo respeto, empezaran a brindar con agua y, con todo respeto, empaparse en desgracia.