08 Julio 2019

La boleta corta y la impotencia larga

Por Jorge Villazón
La llamada “ingeniería” o “arquitectura” electoral (según los gustos) es un invento moderno de cómo complicar la decisión popular para desviar y minimizar la importancia de los Partidos Políticos o Frentes Electorales y sus propuestas o plataformas.

El artículo Nº 38 de la Constitución Nacional especifica: “Los partidos políticos son instituciones fundamentales del sistema democrático. Su creación y el ejercicio de sus actividades son libres dentro del respeto a esta Constitución, la que garantiza su organización y funcionamiento democráticos, la representación de las minorías, la competencia para la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, el acceso a la información pública y la difusión de sus ideas.  El Estado contribuye al sostenimiento económico de sus actividades y de la capacitación de sus dirigentes. Los partidos políticos deberán dar publicidad del origen y destino de sus fondos y patrimonio.”

Según la Ley N° 23.298, sancionada en setiembre de 1985 y adecuada según las distintas aclaraciones o correcciones posteriores hasta la fecha, en su Artículo 2 especifica que “los partidos son instrumentos necesarios para la formulación y realización de la política nacional. Les incumbe, en forma exclusiva, la nominación de candidatos para cargos públicos electivos” y en su Artículo 3, cuando se refiere a la existencia de los partidos, requiere condiciones sustanciales y manda, en el inciso a), que los partidos estén formados por un “grupo de electores, unidos por un vínculo político permanente”.

Todo es muy claro, pero las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) acabaron con las internas partidarias para nominar candidatos y los Frentes electorales no exigen ningún “vínculo político permanente”. De aquí que lo que hoy parece un aquelarre sea, en verdad, justamente eso.

Tal es el resultado que en algunos casos los Partidos y los Frentes son, según opiniones muy especializadas, verdaderas entelequias para justificar la nueva práctica de la Democracia actual, la que se sustenta en las decisiones y participación  de los Poderes Ejecutivos antes que en la soberanía del Pueblo por medio de los Partidos Políticos, los que quedan subordinados al “poder de la lapicera” circunstancial por sobre la voluntad popular.

Esto queda claro cuando leemos las declaraciones que se publican en Pagina 12: “El gobernador de Salta y precandidato a vicepresidente por Consenso Federal, Juan Manuel Urtubey, consideró que la decisión de varios mandatarios provinciales de presentar boleta corta sólo con precandidatos a legisladores nacionales ‘es una medida que tenemos que entender y mirar con atención’. ‘En el fondo, ellos –el gobierno nacional que reside en la ciudad de Buenos Aires– piensan para los grandes conglomerados del centro de la Argentina.

La única manera de hacerse oír es ésta y me parece muy bien’, sostuvo durante su gira por Misiones, al tiempo que señaló que ‘muchas veces los gobiernos nacionales de turno no entienden nuestras necesidades y las penurias de las provincias porque no las conocen’”.

Llama la atención como, de manera naturalizada y sin objeción, Urtubey comenta que son los “mandatarios provinciales” los que deciden la presentación o no de candidatos a cargos electivos y que estas acciones van en contra de “ellos –el gobierno nacional- que reside en la ciudad de Buenos Aires” y se alegra que no lo lleven a él en las boletas siempre y cuando no lleven a nadie. O sea que los Partidos Políticos y los Frentes Electorales aparecen favorecidos, o perjudicados, por los Gobiernos y no por las decisiones soberanas de los electores reunidos o simpatizantes de ciertas propuestas o plataformas políticas.

Por otra parte, que los gobernadores de provincias, que llegaron a esos cargos a través de Partidos o Frentes Políticos, renieguen de participar en la definición de las máximas autoridades nacionales, se aparten de cualquier adhesión luego de haber consolidados sus mandatos y lo hagan en nombre de la defensa del federalismo como si esto último fuera una institución y no una idea ideológica y por ende política, habla a las claras de una novedosa manera de entender las obligaciones democráticas, las que terminan siendo sólo aquello de la “ingeniería o arquitectura” con fines pequeños disfrazados de “cortos”.

Por todo esto es que aún sigue vigente la consigna de “Braden o Perón”, cuando nadie quedó afuera o se apartó de participar en el destino de la Patria.

En aquel momento, 1945, nadie optó por la “boleta corta”, porque el compromiso era extenso y obligaba a definir sin especulación.