29 Julio 2019

Después de 24 años

Por Jorge Villazón
Si los analizamos desde el punto de vista de la política  o de sus vidas públicas, Juan Carlos Romero y Juan Manuel Urtubey podrían ser considerados mellizos, aunque no gemelos. Acertaron en las mismas cosas, se equivocaron de manera equivalente, se comportaron con mismísimos modos, se motivaron desde el Poder con el Poder, se potenciaron en igual medida, se hicieron poderosos más allá de sus funciones y tuvieron los mismos “berretines”.

Fueron durante 24 años, 12 cada uno, gobernadores de una provincia que no sólo no cambió de mando sino que en verdad no cambió en nada aunque ambos hicieron lo impensado para hacernos  y hacerles creer, a nosotros y a los demás, de sus supuestas condiciones de transformación que sólo fueron “gatopardismo” de gran efectividad. “Hay que cambiar todo para que nada cambie”, proclamaba el protagonista “Príncipe en Sicilia”, tal como lo cuenta  Giuseppe Tomasi di Lampedusa en su novela “Il Gattopardo”, así lo entendieron Urtubey y Romero. Ambos fueron peronistas y justicialistas, ambos acabaron fuera del Justicialismo y del peronismo.

Llegaron al Poder institucional de la provincia y, como condecoración apócrifa, fueron consagrados presidentes del Partido Justicialista salteño; Romero primero y Urtubey dentro de poco, terminarán desplazados ante las derrotas electorales que ya fueron para uno y que serán dentro de algunos meses para el otro.

Lo importante es que ambos terminarán afuera del peronismo por su propia decisión, ya que ambos se creyeron predestinados para ser lo que fueron y pensar en lo que serían, confundiendo las mieles del momento con lo transcendente.

Ambos pensaron en ser Presidente de la Nación desde la condición de representantes de un federalismo residual e histórico y terminaron como candidatos a Vicepresidente  de la utopía.  El pasado 20 de mayo, en Urundel (Salta), en el Congreso Provincial del Partido Justicialista con 118 miembros presentes, todos acordaron apoyar la candidatura de Juan Manuel Urtubey como presidente de la Nación.

Por ello, el Presidente del Congreso Marcelo López Arias, les pidió a los presentes la autorización para realizar todas las alianzas necesarias y sostener al Gobernador dentro de “Alternativa Federal”, es decir por afuera del Justicialismo a nivel nacional. Así se hizo y Urtubey hizo lo que quiso. Primero se alejó del PJ Nacional y luego tergiversó el mandato del Congreso Justicialista distrital que él preside, saliéndose de “Alternativa Federal” y aceptando acompañar como candidato a vicepresidente al referente de “Consenso 2019” Roberto Lavagna. Su condición justicialista y peronista se fue convirtiendo en una cuestión del pasado.

Por su parte, el mellizo político Romero, caminó en similar sentido. Extendiendo en principio su distancia con el justicialismo, ahora se encaminó decididamente hacia el neoliberalismo y conservadurismo vernáculo, proclamando su adhesión a la candidatura de Mauricio Macri para la reelección de su mandato. Ahora se fue, sin duda, afuera del peronismo y en “Juntos para el Cambio” busca seguir siendo, en un quinto mandato, Senador Nacional. Ambos quieren seguir cambiando para que nada cambie, en la provincia y en sus vidas públicas. Mientras tanto sus posiciones políticas, doctrinarias e ideológicas se vuelven entelequias.

La condición de mellizos, no gemelos, se advierte en que si bien uno, Romero, está junto a Macri y el otro, Urtubey, se expresa como opositor, ambos son decididamente enemigos casi misóginos de Cristina, aunque ambos han estado a su lado, en las mismas boletas electorales y a la sombra de su condición de lideresa. Aquí, quizá, esta la razón de estos finales casi idénticos; nunca pudieron salir de su sombra y eso se volvió insoportable para ambos.

En cuanto a los finales tienen el paralelo de que uno, Romero, se empeña en ponderar el gobierno de quien ha llevado a la Argentina a su faz más negativa en lo económico y social; el otro, Urtubey, según lo expresó el ministro de Economía provincial  Emiliano Estrada ante  los reclamos salariales de los docentes, está dejando “una provincia quebrada”. Hay una diferencia, también significativa, con el relato de El Gatopardo.

En un episodio de la novela se produce la llegada a Donnafugata de un funcionario piamontés, Aimone Chevalley de Monterzuolo, que ofrece a Don Fabrizio (el Principe) la posibilidad de ser senador del nuevo Reino de Italia.

Sin embargo, el Príncipe rechaza esta oferta alegando que está demasiado ligado al antiguo régimen de los Borbones (¿peronismo y Justicialismo?) y que la Casa de Saboya desconoce la situación real de los sicilianos (¿salteños?), tanto aristócratas como campesinos, diciendo que "su orgullo es más fuerte que su miseria". Esto último no ocurrió en nuestra provincia.