09 Diciembre 2019

De tránsfugas y malandrines

Por Jorge Villazón
La política y sus dirigentes acusan, sin razón, a los tránsfugas “sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis” (Gracias Sor Juana Inés de la Cruz). Sin duda son “hombres necios”. Se escandalizan ante la existencia de tránsfugas  en la política, pero son los mismos que habilitan el transfuguismo y la posibilidad colectora sin exigencias en las PASO.

Allí les encanta que “vengan todos”, porque la ambición y la codicia los alienta para que muchos sumen para unos pocos. Al final de la carrera, e incluso luego de un par de años, cuando los “muchos” recuperan la identidad primigenia o sucumben ante los intereses personales, los autores y cómplices del rejunte por estrategia o “ingeniería” electoral se rasgan las vestiduras y recurren a la impostura de señalar a los tránsfugas como traidores.

Esto ocurre aquí, allí  y acullá. El diccionario de la Real Academia Española define al tránsfuga, con bondad idiomática, como “persona que pasa de una ideología o colectividad a otra” o  “persona que con un cargo público no abandona este al separarse del partido que lo presentó como candidato” y, finalmente, como “militar que cambia de bando en tiempo de conflicto”. Nótese que en la tercera acepción se comienza a acercar a la traición.

En este orden es válido preguntarse si la traición corresponde sólo al que se transfuga o también le cabe al Partido o el Frente que los promocionó como válidos en la propuestas electorales. Si las PASO garantizan las Primarias como Abiertas, cabe la posibilidad que vote cualquier ciudadano para cualquier propuesta y en eso también cabe que cualquiera, legitima y legalmente, pueda reclamar la participación en cualquier Frente o Partido como candidato o con cualquier colectora. Por la falta de ideologías o de propuestas concretas, en ningún Partido o Frente se puede reclamar o recriminar la falta de fidelidad.

Siendo la fidelidad la “firmeza y constancia en los afectos, ideas y obligaciones, y en el cumplimiento de los compromisos establecidos”, cuando no hay afectos. Ideas, obligaciones o compromisos establecidos, nadie puede tener firmeza a la nada misma y menos aún al oportunismo electoral de la circunstancia. Sin embargo, para el vulgo se caracteriza al tránsfuga de manera más dura que la RAE y se lo señala como evadido, prófugo, huido, fugado, escapado, traidor y en el lunfardo como malandrín.

Enrique Santos Discépolo /Discepolín nos dejó en su tango “Chorra” aquello de “Hoy me entero que tu mama/ ‘noble viuda de un guerrero’/¡es la chorra de más fama/ Que ha pisao la treinta y tres!/ Y he sabido que el ‘guerrero’/ que murió lleno de honor,/ ni murió ni fue guerrero/ como me engrupiste vos./ ¡Está en cana prontuariado/ como agente 'e la camorra,/ profesor de cachiporra,/ malandrín y estafador!”. En el modo coloquial del Pueblo, el malandra o malandrín es chorro, maligno, perverso, bellaco, villano, bajo o ruin. Ahora cabe preguntar, una vez más, si la culpa la tiene el chancho o el que le da de comer al chancho.

Las figuras de Frente y Coalición son políticamente muy diferentes, aunque pueden encontrarse muy vinculadas. El Frente es una unión de partidos políticos que pretenden alcanzar objetivos políticos y sociales compartidos de índole no solo electoral, mediante acciones y estrategias específicas y comunes. Por otro lado, la Coalición es la unión de partidos políticos que tiene por objeto postular los mismos candidatos en un proceso electoral, es decir, su índole es totalmente electoral.

Más allá de las sutilezas técnicas y jurídicas, convengamos que por aquí, en todo nuestro País, se tiene propensión a presentar las coaliciones como frentes y luego van apareciendo las diferencias por imperio de las difusas intenciones que no se explicitan a la hora de las herramientas electorales y cuando la ley, a través de las PASO, lo facilita con desvergüenza. Lo insoportable es el escándalo de los dirigentes que no quieren reconocer sus responsabilidades y prefieren señalar como tránsfugas a los que solo fueron socios electorales en algún momento y también es reprochable cuando los tránsfugas se escandalizan al ser descalificados.

Se curan en salud para que nadie preste atención a sus intenciones propias de malandrines, gritando aquello de “¡Al ladrón, al ladrón!”, cuando quieren desviar la atención de sus responsabilidades. ¡Hombres y mujeres, que comparten la condición de necios!