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17 Febrero 2020

Somos Wichi

Por Jorge Villazón
“¡Somos una Nación!”, podrían exigir hoy los integrantes de cualquiera de las etnias del Gran Chaco Sudamericano. Hay razones suficientes para el reclamo, tanto desde lo antropológico, lo social como desde lo jurídico.

La Nación Wichi está incluida dentro de nuestro país conocido como Argentina y bajo la soberanía del Estado de este país.  Los Wichi, al igual que otras etnias originarias habitan el Gran Chaco, que es una región geográfica ubicada en el centro-sur de América del Sur, que se extiende por parte de los actuales territorios de Bolivia, Paraguay, y Argentina. Incluye la parte sur de la región de los llanos orientales de Bolivia, la región occidental de Paraguay y la parte central del norte argentino o región chaqueña argentina. Las principales etnias originarias que habitan el Chaco Central son, de oeste a este, en una enumeración  rápida y seguramente insuficiente, las siguientes: Wichí-Weenhayek, Chorotí, Pilagá, Chiriguanos, Avá-Guaraní, Chané y Qom. Todos ellos conformando Naciones claramente identificables.    El sudafricano Andrew Buckland, cuando recibió el premio Oscar 2020 al Mejor Montaje por la película “Ford vs. Ferrari” dedicó unas palabras en español a sus seres queridos y familiares de Argentina.

Justo en la misma fecha en que el mundo comenzaba a incluir entre sus alarmas a la crisis humanitaria de los Wichi y sus niños muertos por desnutrición en Salta. En 2011 Buckland filmó “Somos Wichi”, un documental que denuncia los padecimientos de ese pueblo producto del desmonte. La web oficial del documental destaca que “‘Somos Wichi’ es una mirada a la vida de un pueblo indígena muy poco conocido: los Wichi. Ubicados en la selva del Gran Chaco; en el noroeste argentino; los Wichi están luchando contra los efectos destructivos del desarrollo agroindustrial que está erradicando la mayoría de sus fuentes tradicionales de recursos”. Todo muy oportuno para ilustrar la situación de esa crisis humanitaria de la que estamos hablando.

En su trabajo LOS PUEBLOS INDÍGENAS DEL GRAN CHACO, el reconocido antropólogo José Braunstein decía en 2005 que “intentamos definir los límites étnicos, sociales y territoriales de las antiguas unidades sociopolíticas que habitaban en la región chaqueña cuando los estados nacionales recién constituidos en las repúblicas de Argentina, Bolivia y Paraguay comenzaron a imponer allí su normativa jurídica…países que considerando la clasificación usual, tanto la que utiliza la gente común, como la científica, eran construcciones que no correspondían a las entidades sociales existentes.

Esa situación aparecía como contraproducente tanto desde el punto de vista del conocimiento como del de la acción práctica. En particular, en los últimos años se ha producido un movimiento legislativo en las tres repúblicas que ocupan el Gran Chaco tendiente a reconocer los derechos de los indígenas en tanto portadores de una normativa anterior a sus respectivas constituciones. Por eso hoy más que nunca nos parece necesario   la tarea de delimitar las antiguas unidades que estaban constituidas efectivamente en el territorio como sociedades con una organización política, control social y organización propias y diferentes de las de cualquier otra sociedad, en tanto son ellas los legítimos sujetos de derecho de una legislación reparadora que parece demorar indefinidamente sus efectos”. Se trata de no proseguir con el asistencialismo humillante ahondando el desastre ecológico que acabó con los territorios de los que los pueblos originarios abastecían su sustento por medio de la pesca, la caza y la recolección en sus entornos, por entonces pletóricos.

Esta no es una tarea de un Municipio, un Gobierno Provincial e, incluso, de un Gobierno Nacional. Ha llegado la hora de obligar a la Organización de las Naciones Unidas al reconocimiento de las naciones del Gran Chaco y de la crisis humanitaria de los pueblos originarios que las constituyen, para determinar un estatus de protección y un programa de desarrollo acorde a las culturas de que se trata, haciendo esto a largo plazo y con sustentabilidad en el tiempo que sea necesario. Hay que reparar el desastre ecológico  y humanitario que las naciones, miembros hoy de la ONU, han provocado con sus acciones desde la conquista y colonización del territorio en cuestión, hasta nuestros días.  Hoy las aguas de los ríos y arroyos del Gran Chaco están contaminadas, las aguas subterráneas se han salinizado, los bosques abatidos por el desmonte, la tierra se muestra yerta, la fauna diezmada, la salud de sus habitantes es parte importante de la crisis humanitaria, la falta de sustento, y la nula posibilidad económica para conseguirlo, deriva en desnutrición crónica que genera el horror de los niños muertos.

Lo peor de todo es el estado crónico de pobreza e indigencia que acompaña a los pueblos originarios, ellos que fueron los “antiguos dueños de las flechas”, hoy son un esperpento de aquellos tiempos, tanto en el propio aspecto como en el relato que de su suerte se hace.  ¡We are Wichi! ¡We are the World!