02 Marzo 2020

De informados a dominados

Por Jorge Villazón
¿Cuál es la característica de la información en la provincia de Salta? Una de las cuestiones más sobresaliente  de la época es, sin duda, la influencia de los medios de comunicación sobre la realidad y  no el sentido inverso que significaba, en otros tiempos, el valor de los medios de comunicación para difundir la realidad. Así hemos pasado de la era de la información a la  era de la dominación por la difusión de falsas informaciones.

La pregunta de hoy: ¿Es información aquello que no se corresponde con la realidad y se disfraza, cuando aparece la verdad, en el derecho a la opinión sin advertencia? Los medios son un poderoso instrumento de socialización, tanto más poderoso que la familia, la escuela, la política o el trabajo porque forman los sentimientos y las creencias, entrenan los sentidos y ayudan a formar la imaginación social (¡!).

En la actualidad estamos inmersos en los medios desde los niños hasta los adultos, y lamentablemente no siempre es un hábito bueno, ya que muchas personas no los usan si no que se ven influencias de manera negativa por ellos. Lo que hoy pasa en Salta es, intuyo, lo mismo que pasa en otras provincias, con matices en favor de la intención o menguada ésta por las características y alcance del desarrollo de algunas de ellas. En Salta no somos parte del llamado interior sino que en verdad formamos parte del “país periférico”.  Somos lo más cercano a Sudamérica toda.

Nuestra dependencia general con el Poder Central aparece, también, en cuanto a la dependencia con los medios de comunicación de ese Poder. Cuando hablo de Salta, me refiero a su totalidad geográfica y demográfica y no solamente al distrito Capital o al sector comprendido como Valle de Lerma y a los medios radiales, televisivos o gráficos que llegan en “vivo y en directo” hasta estas latitudes  e influencian  de manera directa o, paradojalmente también, desde los medios locales que los difunden y amplifican. Esto viene sucediendo hace ya más de 40 años, cuando todavía eran notorias las presencias de un periodismo en los medios de sobradas características locales.

Quizá encontramos el punto de inflexión cuando en Canal 11 ( el único medio televisivo de aquellos tiempos) se puso al aire un programa conducido por el “local” Cesar Rodríguez de la Vega “Rovega” y el  cordobés afincado en Capital Federal Sergio Villarruel, programa al que titularon “El otro país”. ¡Extraordinaria definición! Éramos y somos el otro país, en aquel momento vinieron a colonizarnos, hoy lo hacen por internet, satelitalmente, por guasap o por la llegada en pocas horas de los principales medios gráficos, diarios o semanales. Pero la acción de replicar es lo peor porque se puede considerar más grave que lo original, casi un virus de las fake news, que la amplían y le dan inmunidad al disfrazarlas de local cuando son generadas en la metrópoli.

Como ciudadanos recibimos y como periodistas cómplices difundimos lo que no podemos probar pero, indubitablemente, se corresponden a una intencionalidad que nos desinforma y nos domina según se trate de un gobierno, una corporación o un interés difuso pero claramente presente desde el exterior o desde adentro mismo del país. Se dice que la “doble campana” puede ser el remedio para evitar el nefasto efecto de lo falso o intencionado, esto es una mentira más de los manipuladores.

Los periodistas que recurren a este sistema lo único que hacen es eludir responsabilidades y cometen el peor de los pecados de la profesión. Eluden la obligación de comprometerse con la verdad, dejando a la libre interpretación una opción que contiene una mentira. Al crear mi cuenta de Email, hace ya varias décadas, coloqué como “firma” de mis correos una cuasi paráfrasis de la sentencia aristotélica de Juan Domingo Perón acerca de que “la única verdad es la realidad”.

Yo digo que la única verdad relativa es la verdad mediática. Siempre lo advertí. Siempre supe que lo que se podría difundir por los medios no siempre era la verdad, menos aún la realidad.  El deber ser del periodismo está muy lejos de la verdad relativa y la batalla ganada por la mentira llega al paroxismo de llevar al público a no creer nada que no esté publicado en un medio gráfico, que no esté televisado o que no esté irradiado por las múltiples emisoras.

Debemos adherir al deber ser antes  de que seamos definitivamente, los periodistas, parte del sistema perverso de dominación que niega la verdad al Pueblo.  ¡Basta de pregonar moral con la bragueta abierta!