23 Julio 2018

Perón ante el FMI: los consejos de su “ministro lactante”

Por Mario Casalla (Especial para “Punto Uno”)
En el momento que escribo estas líneas ya llegó a Buenos Aires Christine Lagarde y el nuevo Acuerdo que acabamos de firmar con el FMI se escucha y discute por todas partes. Para peor llueve desde hace varios días sobre la ciudad y eso –junto al índice inflacionario del 3,7%, más el subibaja interminable del precio del dólar- no ayudan precisamente para levantar el ánimo colectivo.

No sé por qué de pronto recordé una de aquellas “salidas” típicas de Antonio Cafiero cuando - a los pocos días de llegar De la Rúa al poder- comentó: “Usted se imagina lo que va a ser un domingo de lluvia, sin futbol y con De la Rúa en la Casa de Gobierno!” Saque usted la palabra ‘De La Rúa’ y reemplácela por ‘Macri’ y todos sabremos muy bien de qué se trata.

El recuerdo no es bueno claro, por eso tardamos tanto en hacernos socios de ese club selecto fundado en 1944 por los célebres acuerdos de Breton Woods. Perón no lo hizo en su presidencia de 1946 y siempre se negó a firmar acuerdo alguno con el FMI. Fue recién en 1955 (con el gobierno de facto de Aramburu-Rojas y por consejo de Raúl Prebich) que la Argentina ingresó al Fondo.

 

EL MISTERIOSO “INFORME XXI”

Hasta el año 1983 no tuvimos ningún documento de técnica económica que justificara esa actitud de Perón. Siempre se lo atribuyó a causas políticas y geopolíticas y por supuesto que éstas fueron decisivas en aquél mundo sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Perón sabía mucho de eso y se había preparado para navegar en esas aguas turbulentas con la creación del “Consejo Nacional de Post Guerra” (1944), desde la vicepresidencia de la Nación que ejerció ya en el gobierno de Farrell.

Sin embargo hubo también hubo sólidas razones económicas para no hacerlo, las cuáles fueron descubiertas por el economista e historiador Mario Rapoport cuando –investigando en papeles y carpetas de la Embajada Argentina en Washington- descubrió un Informe Reservado (numerado como XXI) que llevaba la firma de un flamante egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: Antonio Cafiero, debajo de la cual puede leerse su cargo (“Asesor Financiero”) y la fecha de elaboración y envío a Buenos Aires (25 de julio de 1949).

El receptor fue Perón y es evidente la influencia que tuvo ese Informe (de pocas páginas, divididas en 10 parágrafos), para que Perón fuera tajante en cuanto a no firmar el ingreso del país al FMI: “antes me corto las manos”. El Informe había permanecido inédito y hoy dispone usted, amigo lector, de una copia en el libro “La Independencia Económica”, compilado por Santiago Cafiero e Ignacio Lohlé (Punto de Encuentro, Bs As, 2017).

 

ARGENTINA EN LA POSTGUERRA

Cuando Antonio Cafiero escribió el Informe XXI tenía apenas 28 años y era muy poco conocido en la vida política argentina. Había militado en la UBA, alcanzado el cargo de Presidente del Centro de Estudiantes de su Facultad y era sí un referente de la (escasa) juventud universitaria que apoyó el golpe del 4 de junio. Sin embargo- como del nacionalismo- no le gustó para nada la firma del Tratado de Chapultepec. Firmado por el presidente Farrell ese mismo año, (cuyo Vice presidente ere el entonces joven Cnel.,  Juan Perón). Escuché de su boca como - junto a un grupo de airados jóvenes que lo seguían- fueron a visitar al senador  Diego Luis  Molinari y le expresaron su disconformidad con la firma de ese tratado lo cual veían como una suerte de demérito nacional.

Es que había sido impuesto por las naciones triunfantes al resto el mundo. Tanto que Argentina había sido inicialmente excluida de la Conferencia Interamericana (preliminar a la firma en tanto es así que Argentina fue inicialmente excluida de la Conferencia Interamericana (preliminar a la firma) realizada en México, en febrero de 1945. Castigo por no haber declarado formalmente la guerra al Eje, sino mantenido su neutralidad durante el conflicto (tal cual lo había hecho el presidente Yrigoyen durante la Primera Guerra Mundial). EEUU había retirado su embajador en nuestro país y el presidente Farrell –abiertamente presionado por el secretario de Estado de Estado Cordell Hull- lo hará por decreto veinte días después de terminada la conferencia, entonces “de regalito” nos mandan un nuevo embajador se llamaba Spruille Braden y haría época!!! Si Cafiero pudo superar ese choque fue por una entrevista personal que el grupo de jóvenes  tramitó con Evita de la cual salieron convencidos de que – con el coronel Perón- las  cosas serían diferentes. La primera prueba fue su designación como Asesor Financiero en Washington en 1948.

Estaría allí hasta 1952, cuando es convocado expresamente por Perón para que asuma como Ministro de Comercio Exterior y ponga en marcha un nuevo plan de estabilización económica y crecimiento del país, al que se dedica con toda pasión y conocimiento pormenorizado de ese mundo económico de la postguerra. Tenía apenas 31 años y contaba él mismo como lo bautizó Perón (reservadamente) el día de su asunción: “Mi ministro lactante”! Pero no era un niño precisamente, sino un hombre hecho y derecho, ya con sólida formación teórica y práctica para la cartera que asumía.

 

DE ESTRICTA ACTUALIDAD

En los cuatro primeros parágrafos de su Informe el joven Cafiero le describe al presidente de la Nación –con todo rigor y claridad conceptual- por qué el flamante FMI (y su ladero, el BIRF) son instituciones económicas hechas como ‘traje a medida’ para las potencias vencedoras (y muy especialmente para los EEUU); cómo fueron diseñadas según el reparto de poder convenido en los Acuerdos de Yalta; los derechos y deberes que nos implicaría entrar en ellas, así como las limitaciones y ataduras que eso supondría para nuestro incipiente desarrollo económico. Nada se exagera, ni se minimiza.

Está claro que el joven Asesor ha hecho los deberes como corresponde: leído todos los documentos varias veces, consultado fuentes allegadas y diversas y todo ello en función del encargo recibido desde Buenos Aires La actualidad del Informe es increíble y hoy podría usted leerlo, amigo lector, con el mismo provecho que seguramente tuvo para Perón en 1949. Muy poco han cambiado estructuralmente las cosas.

En los parágrafos 5 a 9 describe con toda precisión la ‘letra chica’ de esos organismos y sus poderes internos. Finalmente en el último parágrafo el joven Asesor hace una síntesis y una recomendación (en realidad una apuesta concreta y muy jugada): más que ingresar al FMI “convendría a la Argentina ser promotora de una nueva organización monetaria y financiera internacional que respetase en su gobierno y composición la soberanía de las pequeñas naciones (…) conminando a las potencias detentadoras de la riqueza y el oro mundial a ponerse a tono con las exigencias del mundo moderno si es que sus enunciados deseos de paz y prosperidad mundial son sinceros(…) dado que la realidad económico-social del mundo exige que se respete primero un nivel mínimo de vida y decencia en sus poblaciones y clases trabajadoras –doctrina del Justicialismo- y recién sobre él se edifique el sistema de relaciones económicas que más convenga para todos en general”.

Estas palabras deben haber venido como anillo al dedo al proyecto inmediato del mismo Perón que –poco antes- había declarado en Tucumán la “Independencia Económica” del país (1947), para que la Política (1816) vuelva a ser una realidad tangible. El “ministro lactante” había entrado en la mayoría política de edad.