24 Marzo 2019

Macri en los Idus de Marzo

Por Mario Casalla (Especial para «Punto Uno»)
Sin dudas que, entre nosotros, marzo es el mes en que verdaderamente se inicia el año político y laboral. Esto no significa que en enero y febrero no pasen cosas (y vayan que han pasado!), pero el calor del verano tiende a la dispersión. Sea por vacaciones (reales o forzosas), o porque la administración pública está en receso, así como la Justicia, el Congreso y hasta los propios medios de comunicación, casi todo funciona en “modo verano”.

La actividad inevitablemente decae. En cambio, en marzo todo se acelera hasta recobrar el ritmo natural de las cosas. Cierto es que el macrismo supo aprovechar muy bien sus cuatro veranos.

En esto fue tan impecable como implacable: las peores cosas las mandó -en formato DNU- en sucesivos veranos. Y muchas otras las echó a rodar con el sopor del verano, por aquello de “si pasan, pasan”. Y reconozcamos que muchas de ellas “pasaron” y pasaron sin mayores problemas. ¿Cómo olvidar, por ejemplo, aquel primer verano de 2016 en que Macri con una docena de Decretos de Necesidad y Urgencia dio vuelta –como una media- el aparato del Estado? Y esto mientras una parte de la oposición seguía sin enterarse que su gobierno había terminado y la otra se cambiaba de chaqueta con una velocidad digna de asombro.

Acaso sólo comparable a la velocidad (política) con que varias de las mejores espadas del cafierismo, aquella noche de 1989 ya estaban saludando –en el balcón de la Casa de La Rioja en Buenos Aires, junto al inefable Carlos Menem- mientras Antonio Cafiero todavía los buscaba en su propio y despoblado local para reconocer la derrota frente al grupo de militantes que esperaban su palabra.

Dicen que en el ’89 el récord de velocidad lo batió sin dudas José Luis Manzano, en el 2016 la cosa está todavía en discusión entre Sergio Massa y Diego Bossio.

 

Un marzo nada auspicioso

Para los romanos el mes de Marzo estaba dedicado a Martius (“Marte”, el dios de la guerra) sin embargo los días quince (los “idus”, la mitad del mes) eran días de buenos augurios y esto fue así hasta el 15 marzo del año 44 a. C, en que Julio César fue asesinado en la escalinata del Senado adónde iba a pronunciar su discurso.

Cuentan que entre el grupo de los senadores que lo apuñalaron estaba su propio hijo adoptivo (Marco Junio Bruto), a quien César dedicó aquel terrible,” Tú también hijo mío?". Y relataba el historiador Salustio que no le habían faltado avisos a César: “un vidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado, Julio César encontró al vidente y riendo le dijo: «Los idus de marzo ya han llegado»; a lo que el vidente contestó compasivamente: «Sí, pero aún no han acabado».

A los pocos minutos fue asesinado. Siglos más tarde Shakespeare -en su obra “Julio César” (1599)- inmortalizó el hecho con aquella frase que César no escuchó: “¡Cuídate de los idus de marzo!”. ¿A qué viene todo esto? Precisamente a que Macri empezó a transitar su propio Idus de Marzo, el cual tampoco terminó para él. Durante enero y febrero la calle le gritó en voz alta que la economía estaba pésima y que ya hasta los bolsillos más grandes empezaban a flaquear.

Macri prefirió la falsa vidriera del G20 en Buenos Aires, donde creyó que los grandes del mundo venían a darle un espaldarazo. Las luces se apagaron y sobre la mesa nadie se olvidó nada. Ni las palmaditas, ni el glamour de las Primeras Damas le sirvieron de mucho. Palabras y más palabras, fotos y más fotos. En concreto: nothing!

Entonces fue cuando decidió refugiarse en la reposera del exclusivo country de Villa La Angostura, adonde los gritos de la calle tampoco llegaban. Y donde su fiel escudero Marcos Peña Brown, lo protegió a capa y espada del persistente y escabroso “hit del verano”. Así inició Macri este marzo y así lo va terminando: de mal, en peor. Esto no asegura todavía resultados inevitables en las elecciones de octubre próximo, pero lo cierto es que la taba se va dando vuelta paso a paso.

 

El discurso fallido

César no llegó a pronunciar su discurso, pero Macri sí. Fue el 1° de Marzo ante el pleno de la Asamblea Legislativa y allí recibió su primera puñalada. Los “Brutos” del caso fueron los autores de tamaña pieza oratoria, tan falta de realidad que por momentos daba vergüenza ajena (por aquello de la “investidura”, como César). Desajuste que se agrandó aún más cuando el presidente fue acosado por su propia torpeza, al enojarse y ponerse a gritar (sin saber bien cómo se hace, en ese recinto de especialistas en el difícil arte de la retórica política, para el cual no estaba ni medianamente preparado).

La cara del curtido Emilio Monzó a su lado hablaba por sí sola. Era evidente que el hombre sabía que su Jefe se estaba hundiendo poco a poco. En la primera fila de gente propia la sonrisa – nerviosa y dibujada con delineador- en la boca de Rodríguez Larreta, más la seria palidez de María Eugenia Vidal, tornaban aún más patéticos los exagerados aplausos de pie del pequeño canciller Faurie. Tras ese malhadado discurso en el Congreso, los hechos empezaron a precipitarse: comenzaron las dudas y pequeñas rebeliones en el seno del mismísimo PRO, los rezongos abiertos y sin disimulos en el Radicalismo aliado y –finalmente- el adelanto de las elecciones locales en la mayoría de los distritos electorales de país, incluidos aquellos donde gobierna Cambiemos.

Bingo! Si la provincia de Buenos Aires no desdobló su elección fue porque las presiones sobre María Eugenia (Marijú) fueron a fondo e incluyó un cara a cara con el mismísimo Mauricio, no precisamente en buenos términos. Y con los aliados radicales también Macri fracasó de medio a medio: hasta Morales en Jujuy le dijo que no y Cornejo en Mendoza –que es a la vez presidente del Partido Radical- autorizó con su actitud los “desprendimientos” sucesivos en cada distrito, donde el enfrentamiento cordobés entre Negri y Mestre (dos pesos pesados) destaca con caracteres propios. Igual que en los idus romanos, la traición y la propia conveniencia sobrevuelan el otrora despejado firmamento macrista. A esta altura no es para nada seguro que Macri sea el candidato presidencial del PRO (y si lo es no será precisamente por convicción generalizada, sino por una conjunción de “aprietes” y necesidades coyunturales).

Allí está sino, como botón de muestra, lo que acaba de ocurrir en la reciente reunión de su directiva nacional en Costa Salguero: el fiel Marcos tuvo que salir de apuro a buscarlo al Presidente para que clausure el encuentro y ratifique quién manda y quién será el candidato presidencial en octubre próximo. El Senador Schiavone –presidente del PRO- que no pudo sacar allí el apoyo unánime para su propia candidatura a gobernador de Misiones, mucho menos podía asegurar el apoyo incondicional para “Macri Presidente”.

Si a todo eso se le agregan los desfavorables resultados para el oficialismo en las PASO de La Pampa (donde el favorito de Mauricio perdió y por mucho) y la gubernamental de Neuquén (donde Cambiemos quedó tercero) es evidente que los Idus de Marzo recién empiezan y que no son favorables al actual habitante de la Casa Rosada.

Atrás quedaron los días de cumbia en el balcón y sus adeptos aplaudiendo debajo. La palabra “decepción” empieza a aflorar cada vez en más bocas y bolsillos.